Caerás en mi trampa Capítulo 49
47%

Capítulo 49

Vicky

—Me alegro de que hayas venido. Les encanta que estés aquí—dice Adam, dándome una copa de vino mientras miramos a sus hijas, mis sobrinas, Mariah y Macy, las M alguien que creció con dinero y que, básicamente, parecía tener la vida justo donde quería.

Él y mi hermana, Monica, eran la pareja perfecta: Barbie y Ken, atractivos y carismáticos, desbordantes de energía positiva.

Suficiente para darme ganas de vomitar la mayoría de las veces, cuando no estaba demasiado ocupada envidiando a Monica por su buena suerte.

Adam la conoció en la universidad, en Madison, y fue un flechazo. En el buen sentido. Adam es un gran partido.

—Anoche —empieza a decir—, Macy me preguntó si se parecía a su madre.

—Se parece —respondo—. Mariah incluso más. Cuando era más pequeña, se parecía a ti. Pero ahora que ha crecido… ¿esa cara? Es la cara de Monica.

—Lo sé. Me asusta un poco.

A mí también. A veces, es difícil ver la cara de mi hermana en sus hijas, como una especie de recordatorio de la mujer a la que no pude ayudar lo suficiente.

Le doy un codazo.

—¿Volviste al ruedo?

—Mmm. —Termina de darle un trago a su vino y menea la cabeza—. ¿Te refieres a tener citas?

—Me refiero a tener citas.

—Ah…, llevo dos citas en total. Pero nada serio.

Mariah, la mayor, de trece años, bloquea un tiro de Macy, tres años más pequeña. Macy reclama que no es justo porque Mariah es más grande y alta.

—Lo van a entender —digo—. Puede ser un poco raro o incómodo al principio, pero van a arreglárselas.

—No creo que yo pueda —dice—. ¿Esto de las citas por internet? Es una locura. No es para mí. Si lo hago, va a ser a la vieja escuela.

—¿Un tipo atractivo y exitoso como tú? Creo que vas a estar bien.

—Yo no diría lo mismo.

Sé a lo que se refiere y bebo un sorbo de vino. La familia Tremont creó una cadena de microcervecerías que funcionó muy bien. Adam, hijo único, heredó el negocio hace más o menos una década, y todo marchaba bien hasta los últimos años, cuando llegó la pandemia de COVID-19 y afectó mucho al negocio.

—La parte del restaurante está empezando a recuperarse justo ahora —comenta—. Lo bueno es que pudimos sostenernos con las ventas minoristas. Algo que la gente no dejó de comprar durante la pandemia fue alcohol.

—¿Vas mal de dinero? —pregunto, como si solo estuviera siguiéndole la conversación y no investigándolo.

—Bastante, sí. Cerramos otra cervecería la semana pasada.

—No lo sabía. Lo siento.

Suelta una risa amarga.

—Si Monica estuviera aquí, me diría que me concentrara en el futuro, no en el pasado.

Sí, suena a algo que diría ella. Me alegra que la recuerde así, porque esa fue la Monica que conoció en la universidad, la que lo enamoró, la madre de sus hijas.

No la Monica que se lesionó la espalda y empezó a tomar oxicodona, que no se percató de que había cruzado esa línea entre necesitarla para el dolor a solo necesitarla, y punto; la que al final hizo lo impensable, al menos para ella, y abandonó a su familia por un tipo que estaba más que contento de venderle los opioides.

Yo, más que nadie, era su confidente, hasta el punto de que me dejaba ver cómo caía en las garras de ese veneno, cómo poco a poco empezaba a acaparar toda su vida.

Quizá fue porque yo también había sido una reventada, la oveja negra de la familia, y se sentía más cómoda hablando de eso conmigo que con Adam.

Vivía a casi quinientos kilómetros de ella, así que la mayoría de nuestras charlas eran por teléfono.

No podía darme cuenta de lo distorsionada que se había vuelto su realidad porque no estaba allí para verlo en persona.

O eso es lo que intento decirme. Yo era la hermana menor, la reventada, la que le hablaba y le escribía desde lejos.

Ella era la chica guapa del bachillerato, la reina del baile de graduación, la que fue a la universidad y se casó con un hombre atractivo y adinerado con quien tuvo dos hijas hermosas.

¿Cómo de en serio podía tomar los consejos de alguien que abandonó el bachillerato y jamás tomó una buena decisión en la vida?

Pero yo sabía que estaba volviéndose más inestable. Sabía que esas drogas le estaban afectando el juicio. Sabía que necesitaba a alguien que la hiciera entrar en razón.

¿ De verdad la ayudé tanto como pude? ¿O había una parte de mí que gozaba de ver a la señorita perfecta caer del pedestal?

—¿Necesitas dinero, Adam? —pregunto sin rodeos.

—¿Por qué? ¿Me lo estás ofreciendo? —dice, bromeando, para cambiar de tema—. Vamos a salir adelante. Voy a estar mal de pasta un tiempo. Quizá tenga que cerrar otra cervecería. ¡Chicas, ya hace frío! ¡Id terminando!

Macy protesta, ya que al parecer su hermana mayor está ganándole y no quiere perder.

—Un rato más —dice, algo que Adam probablemente ya ha considerado. Con estas chicas, todo es una negociación, cada orden es solo una nueva propuesta.

Y noto que ha cambiado de tema.

Suelta un profundo suspiro.

—Increíbles las vueltas de la vida —dice—. En un momento crees que tienes todo resuelto, todo planificado y seguro, y luego… —Chasquea los dedos—. Y luego todo lo que creías, todo lo que dabas por sentado… puf .

—Sí.

—Y… justo estábamos empezando a superar lo de Monica —comenta—. Ese año de tortura, cuando intentaba explicarles a las chicas que su madre se había ido por culpa de las drogas, no por ellas, y que luego tuvo una sobredosis, y cualquier esperanza de que algún día volviera…

—Lo sé.

—Estábamos saliendo de eso…, dos de los años más crueles de nuestras vidas… y llega el COVID. Mi negocio se desploma, me queda la mitad de lo que tenía y tal vez pierda más…

Apoyo una mano sobre su brazo.

—Podrían oírte.

Mira a sus hijas, que no le están prestando atención, sino compitiendo por ver quién se queda con el balón en la cancha improvisada.

—Cielos, lo siento. —Ríe—. Te prometo que la mayor parte del tiempo estoy bien. Es solo que, a veces, en especial si tengo un par de estas encima —dice, levantando su copa de vino—, todo me avasalla como un aluvión.

—Tienes todo el derecho del mundo a sentirte así. Vas a estar bien.

Esboza una media sonrisa.

—Mirar al futuro, ¿no?

Exacto. Lo mismo que decía Monica. Mira al futuro, no al pasado.

Bueno, quizá sí se pueda mirar un poco al pasado.