Capítulo 48
Simon
Viernes por la noche. La mayoría de las personas estarían pasando tiempo con sus familias o desahogándose con amigos, tomando algo.
Yo estoy en mi oficina en la facultad, terminando un artículo para el blog sobre un caso que involucra escuchas telefónicas por parte del Noveno Circuito en el marco del Título III de la Ley Ómnibus del Control del Delito y Calles Seguras que está siendo evaluada por el Tribunal Supremo en este período legislativo.
Tengo la casa para mí solo este fin de semana, ya que Vicky se ha ido a Elm Grove para estar con sus sobrinas.
Así que trabajo hasta más tarde de lo habitual, hasta las ocho, antes de empezar mi rutina de correr desde la facultad hasta Wicker Park.
Hasta el callejón detrás de Viva Mediterránea.
Hasta el callejón detrás del apartamento de Christian Newsome.
Me visto para la ocasión, dejo mis vaqueros azules y mi camisa colgados en la puerta de mi oficina.
Me pongo pantalones y zapatillas de deporte, una camiseta con cuello alto y un gorro de lana.
La temperatura ronda los siete grados, sin lluvias: las condiciones perfectas para salir a correr, más allá de lo difícil que puede resultar esquivar a la gente en la oscuridad.
El patio de Viva está casi vacío, a pesar de las lámparas de calor y de que la ciudad permite a los restaurantes mantener las zonas al aire libre abiertas hasta tarde todo el año. Solo un puñado de personas se anima a desafiar el frío, bebiendo copas con sus abrigos pesados puestos.
Por lo general, me aseguro de llegar al callejón de Wicker Park a las ocho en punto para tener nuestra conversación por mensaje de texto.
Pero no nos escribimos los viernes por la noche ni los fines de semana.
Los teléfonos permanecen apagados desde el viernes por la mañana hasta el lunes por la mañana. No he venido a mandar mensajes.
No; solo he venido a echarle un vistazo al apartamento de Christian.
El frente del edificio de Winchester tiene una reja, pero no es muy alta, justo lo suficiente para que los perros no se escapen por el pequeño jardín delantero.
Tras subir una escalera, está la puerta principal, asegurada con una alarma.
En el callejón están los garajes. El de Christian es el tercero desde el final, justo debajo de su apartamento.
Tiene un portón automático, como la mayoría; un mecanismo que, aunque parezca extraño, es seguro.
Aun así, es el mejor punto de entrada. Sin duda, el menos visible, dada la escasa iluminación del callejón. Y, a menos que entres y salgas justo cuando hay gente en el patio trasero de Viva, no es probable que haya demasiados testigos.
Por ahí entra Vicky cuando viene a verlo. No llega por la puerta principal, ni toca el timbre ni sube por la escalera. No; entra por el garaje, sin cruzarse con ningún vecino.
¿Qué haces esta noche, Christian, ahora que Vicky no está aquí? ¿Estás de fiesta con tu amigo Gavin?
¿Te molesta si le echo un vistazo a tu apartamento?
No. Al menos no esta noche. Quizá más tarde.