Capítulo 30
¿Qué rayos fue ese mensaje de esta noche? Estuviste pensando mucho en nosotros y mejor hablarlo en persona. ¿Vas a terminar conmigo, Lauren? ¿Ya se terminó?
No sé qué voy a hacer. Los encuentros semanales y los mensajes de texto dos veces al día son las únicas cosas que me importan en este momento de mi vida.
¿Fue por lo que dije anoche sobre que mi padre engañaba a mi madre? ¿Sobre cómo me había criado odiando la infidelidad más que cualquier otra cosa en el mundo y ahora yo estaba haciendo lo mismo?
Ah, ¿por qué tenía que abrir la boca? Esto no es lo mismo, Lauren. Vicky ya no me ama. ¡No estoy orgulloso de estar engañándola, pero no es comparable con lo que mi padre le hizo a mi madre! Además, tu matrimonio tampoco es real.
No estamos engañando a nadie, no de esa manera. ¡Claro que no!
Esto, esto, ESTO es lo que odio, esta debilidad, esta sensación de vulnerabilidad.
Juré que nunca más dejaría que esto volviera a suceder, pero aquí estamos.
Mantuve la guardia en alto durante casi dos décadas después de que me dejaste hecho pedazos, pero en cuanto te vi en Michigan Avenue, derribé esa muralla y me expuse otra vez.
Quizá lo estoy pensando demasiado. Quizá toda la otra mierda que está pasando en mi vida (como que, de pronto, mi futuro laboral terminó en la basura y mi matrimonio se volvió solo una amistad) me está nublando el juicio. Quizá no estoy pensando con claridad y todo está bien.
¿No te das cuenta de que recibir mensajes así (tenemos que hablar, mejor en persona) es una tortura absoluta?
Ahora tengo que esperar hasta mañana a la mañana para que siquiera enciendas tu maldito teléfono otra vez.
Además, tampoco puedo ir corriendo a tu casa, ¿no?
Gracias, Lauren. Muchas gracias por volver a destrozarme.
Sabía que esto iba a pasar. Lo sabía.