Capítulo 18
Simon
—¿Quería verme, vicedecano? —digo.
—Ah, Simon, bien. Pasa, siéntate. —Hoy, el vicedecano Comstock lleva una pajarita morada que combina con los colores de la facultad. Nunca he usado una pajarita en toda mi vida. Las odio.
Podría venir él a mi oficina. No lo mataría. Pero alteraría la dinámica. Como si no tuviera suficiente poder sobre mí.
—Espero que hayas tenido la oportunidad de pensar lo que discutimos.
Sí, discutimos que quería que me hiciera a un lado en silencio para que el hijo de su benefactor, Reid Southern, consiguiera la titularidad sin ninguna oposición.
—Le prometí que lo consideraría detenidamente —digo—. Y eso estoy haciendo.
Aun así, todavía no he rechazado el cargo. Todavía no he completado la solicitud, no he enviado los documentos, pero podría hacerlo. Faltan algunas semanas para la fecha límite.
Ahora bien, por qué, exactamente, no he retirado mi solicitud, nadie lo sabe. Tal vez sea mi manera pasivo-agresiva de protestar contra la intimidación del vicedecano, hacerlo esperar y dejar que se pregunte si voy a enviar todo en el último minuto para desafiarlo.
O quizá sí termine enviando los documentos. Vicky ya dejó en claro lo que piensa y ella sabe cómo influir en mí.
Al parecer, el vicedecano tiene otras expectativas.
Pensó que retiraría mi solicitud inmediatamente después de nuestra charla antes de las vacaciones de verano.
Quién sabe, quizás se lo prometió al papito de Reid Southern, el señor Billetón, lo que significa que lo estoy dejando mal parado. No puedo hacer eso, ¿verdad?
—Espero que entiendas que estoy considerando tus intereses, de verdad —dice.
Asiento, porque si de verdad intento decir algo educado, probablemente vomite.
—Simon —agrega, reclinándose en su enorme sillón de cuero—. Estoy seguro de que entiendes que, hoy en día, la facultad tiene que ser particularmente cuidadosa con respecto a la conducta del cuerpo docente.
Entonces, ¿qué haces tú aquí, vicedecano?
—Claro —digo.
—Y, como sabes, debemos ser particularmente cuidadosos no solo con la actitud de un candidato, sino también con su… pasado.
Parpadeo. Empiezo a enfadarme, mientras él me mira.
—Porque, verás, últimamente ha habido muchos casos de personas que pierden cargos importantes por cosas que ocurrieron hace… doce, o incluso quince años.
Hace doce años. Hace quince años. No eligió esos números al azar.
Estuviste ocupado, vicedecano.
—Particularmente cuando el concurso está tan peleado, como en tu caso con Reid —explica—. Hasta lo más pequeño puede inclinar la balanza.
Está sonriendo. Lo está disfrutando.
—Claro, si la elección fuera obvia, como podría serlo cuando te postules la próxima vez —añade, con esa mirada pesada y condescendiente—, quizá no sea necesario hurgar tan profundo. Verás, dudo de que alguien indague en lo que hacía un joven con su vida doce años atrás.
Doce años atrás. Doce años atrás.
—Pero en un concurso tan reñido como este… —digo, intentando mantener la voz firme.
Abre la mano.
—La gente naturalmente busca un desempate, algo que incline la balanza hacia un lado u otro. Hurgan más profundo. Revisan todo el historial de los candidatos. Incluso cosas que olvidaron mencionar cuando se postularon por primera vez a la facultad.
Estoy presionando la mandíbula tan fuerte que me duele. Mis dientes rechinan. Unos puntos negros nublan mi visión.
—No estaba obligado en ninguna circunstancia a revelar eso —susurro.
—Lo entiendo, Simon, lo entiendo —dice—. Y también entiendo la presunción de inocencia. Nunca se probó nada, por supuesto. Solo me pregunto… ¿cómo serían las cosas para ti si eso saliera a la luz? Toda la disputa judicial y demás.
Sí, toda la disputa judicial y demás.
—Y por eso, repito, tengo en consideración tus intereses cuando sugiero que quizás este no sea el mejor momento para postularte al cargo.
Mis ojos suben lentamente hacia los suyos. Debo reconocer que no aparta la mirada. Mantiene esa sonrisa insolente y aduladora, pero no aparta la mirada.
—¿Y si retiro mi postulación? —pregunto.
—Bueno, entonces, no habría razón para preocuparnos por cosas del pasado —dice—. Y, por lo que a mí respecta, eso es exactamente lo que son.