Caerás en mi trampa Capítulo 11
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Capítulo 11

Lo intenté. ¡Te juro que lo intenté! Fui a tu casa hoy para verte por primera vez desde que volviste de París y estaba decidido a hacer lo correcto.

Cuando abriste la puerta, bronceada, elegante y, bueno, sencillamente hermosa, me dije: “Vamos, Simon, hazlo. Díselo, díselo, hazlo”.

Y lo hice. Te lo dije. Te dije que no podía traicionar así a Vicky, que teníamos que ponerle un freno a todo esto antes de que fuera demasiado tarde.

Y tú, Lauren, bendita seas, dijiste que lo entendías.

“El hecho de que digas algo así es lo que te hace un gran tipo”, dijiste.

Se me hizo un nudo en el pecho y sentí como si el corazón quisiera salirse, pero nos quedamos ahí parados un momento y me dije a mí mismo: “Vas a agradecer haber hecho esto, aunque ahora duela”.

Te abracé y tú me devolviste el abrazo, y nos quedamos así un rato, y sentirte fue demasiado para mí.

Luego empezaste a mover las manos y yo hice lo mismo, y sentí que todo mi interior se estaba prendiendo fuego.

Entonces, nuestros labios empezaron a rozarse y tú gemiste, y, Lauren, no puedo explicarte lo que me provocó escucharte así, sentir que te provocaba eso.

¿Sabes cuánto tiempo ha pasado desde que sentí que una mujer reaccionaba de esa manera conmigo?

Estuve semanas enteras sin poder dejar de pensar en eso, convencido de que lo nuestro no era posible, y, en cuestión de minutos, estaba ocurriendo. No podíamos quitarnos las manos de encima y terminamos desnudos en tu sofá, teniendo sexo como animales salvajes, sudorosos y voraces.

Y no hay nada en el mundo que me haya parecido tan increíble como oírte llegar al orgasmo, Lauren.

Ese gemido leve, esa bocanada de aire brusca en mis oídos, el espasmo de tu cintura.

¡Me sentí el hombre más afortunado del mundo!

¿Así se siente el amor? ¿Estar con la persona que amas y sentirte en la cima del mundo?

Ha pasado tanto tiempo que casi lo había olvidado.

Es como si hubiera soltado el volante, cerrado los ojos y pisado el acelerador.