CAER ENTRE LAS SABANAS DE OMAR ABBAR CAPITULO 31
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CAPITULO 31

OMAR.

Entro en el despacho y me siento tras mi escritorio, ya mi hermano está ahí sentado frente a mi puedo ver la molestia que hay en sus ojos.

—Hermano…

—Antes de que empieces con tus sermones quiero que te quede claro algo Harum, todo esto que ha pasado no puede quedar impune y aunque lo que menos quiero ahora es una guerra con los italianos necesitamos dejarles en claro que su muestra de poder no puede sobre pasar las mías. Así que… ya sabes lo que hace un traficante de armas con aquellos que les declaran la guerra, has todo lo posible para que sufran mucho.

—Bien, pero olvidas algo hermano —él se pone de pie y coloca sus manos sobre mi escritorio sin dejar de mirarme fijamente con molestia en ellos —estas poniendo en riesgo nuestra familia con tu insistencia de tener territorio occidental todo para tener a una sonriente mujer que te tiene agarrado de las pelotas.

—¡No te atrevas a volver hablar de mi esposa en esos términos!, ella es mi mujer y tu deber y lealtad a mí también se la debes a ella.

—No tengo nada en contra de tu esposa hermano, pero estas cometiendo una estupidez sin sentido, arriesgas nuestras vidas con una absurda obsesión —dice antes de salir hecho una furia. Últimamente ha estado muy irritado más en fechas próximas de su boda con Hope una relación toxica que ha llegado a niveles de verlos pelear en cada rincón del casino.

Paso mis manos sobre mi rostro con estrés acumulado y pienso un poco en lo que hare a continuación. Busco en mi teléfono el número que me pasaron los hackers hace un tiempo y llamo. En el tercer tono la voz de Pietro Ferretti contesta.

—Ciao…

—Ese fue un ataque innecesario ¿no crees? —tras el teléfono se llena de un crudo silencio por un par de segundos.

—Así que después de todo al fin te dignas a llamar principito —la mano que sostiene el teléfono aprieta el móvil al punto de desear romperlo.

—Quería que llegáramos a un trato pacifico, pero has querido tomarme el pelo explotando mi agencia de modelaje.

—Tu empezaste primero al querer hacer alborotos en mi ciudad, en mi territorio y eso no te lo pienso permitir. Mis tierras no están en venta así que búscate otra de la cual apropiarte —dice antes de colgar.

Cierro mis ojos y respiro profundo, este hombre me tiene agarrado de las putas pelotas, pero pienso vengarme, vengarme del maldito y no saben lo mucho que lo voy a disfrutar.

Salgo de mi despacho dispuesto a salir a tomar un poco de aire en el jardín cuando escucho la voz de mi esposa y la de mi hermana en el salón principal. Camino hacia allá un poco curioso de lo que están haciendo las chicas y cuando me acerco lo suficiente me encuentro a Amaya enseñándole a mi esposa a bailar la danza del vientre.

—¡Me sale horrible y con esta enorme barriga parezco un balón con patas! —la risilla de mi hermana es más que suficiente como para que también me haga reír a mi —¡no te rías Amaya si es la verdad!

—Querida estas embarazada obviamente que no se vera del todo sexy, pero si mueves los brazos junto con los hombros hará que el baile no se vea tan extraño, no exactamente tienes que mover el vientre —ella vuelve a intentar y de solo verla la emoción que emerge en mi es tan intensa que lo único que deseo ahora es ir a por ella y llevarla a nuestra habitación para hacerle el amor.

—Así ya he entendido, ¿crees que cuando dé a luz este chiquillo puedas enseñarme, me gustaría aprender? —la emoción en su voz es más que suficiente como para saber porque quiere aprender. Una sonrisa socarrona aparece en mis labios y sin poder evitarlo ya decido entrar.

—Señoritas… —ambas mujeres dejan de hacer lo que están haciendo para verme —¿Qué hacen? —pregunto haciéndome el que no las había visto. Mi hermana alza una de sus cejas sospechando que mentía.

—Amaya estaba enseñándome a bailar sus músicas, pero mi embarazo no ayuda mucho la verdad —dice mi bella Gema que me mira con ilusión en sus ojos.

—¡Quieres aprender para bailarme querida esposa! —el rubor en sus mejillas es más que suficiente como para saber que es una de las razones por las que quiere aprender.

—Claro que no…

—Ya van a empezar sus coqueteos, creo que este es mi momento de irme —dice mi hermana con una sonrisa picarona en su rostro. Fijo mis ojos en Gema y el rubor se intensifica más, como me gustaría que esos labios de corazón jugasen con mi miembro de una manera tan placentera.

Pero dudo mucho que ella haga tal cosa ahora mucho menos por el bebé.

Acorto la distancia que hay entre nosotros sin dejar de mirarla en ningún momento, cuando estoy a poco menos de 10 cm acuno sus bonitas mejillas y beso su pequeña nariz. Un gemido suave sale de sus labios tentándome a besarlos y eso hago, los beso, los beso con suavidad, los beso con todo el amor que siento por ella.

—Habibi… —murmura entre mis besos furtivos, sonrió cuando escucho el apelativo cariñoso. Gema aun no conoce del todo mi lengua, pero estoy pagando clases particulares para ella, es necesario que aprenda mi idioma y sobre todo conozca mi religión.

Dejo de besarla por un momento y una idea se me ocurre —¿cariño que tal si vamos al centro comerciar?

—¿Para qué? —dice pasando sus manos por mi pecho para luego subirlas hasta mi cuello empujándome hacia ella. La beso de nuevo saboreando el dulzor de sus labios, la jodida excitación que me produce su cuerpo pegado al mío. Cuando volvemos a tomar aire meto un mecho de sus rubios rizos tras de su oreja.

—Quiero salir contigo, comer fuera, nunca hemos hecho algo parecido.

—Quieres decir salir como las parejas normales habibi —me encojo de hombros.

—Si, algo así —ella se me queda mirando unos segundos antes de asentir.

—Bien, salgamos —responde animada. Mientras ella se va arreglar busco a mi hermana y la encuentro sentada en uno de las tumbonas cerca de la piscina. Tiene su mirada perdida en algún punto del cielo azul.

—¿En qué tanto piensas hermanita? —ella se sobresalta. Me siento a su lado y poso mi mano sobre la suya.

—Hermano… yo pensaba que el amor era una ilusión —dice en sin mirarme aun con la vista perdida en el cielo —pero cuando os veo a ustedes solo me hace anhelar un poco de esa felicidad que comparten.

—Amaya eres una mujer extraordinaria, hermosa, de buen corazón, eres la bondad personificada mereces ser feliz y tener tus hijos propios.

—Sabes bien el por qué no quiero casarme Omar —murmura esta vez mirándome a los ojos —sabes bien que mi corazón al igual que mi alma están marcadas por un mal amor, no quiero volver a caer bajo ese dolor angustioso, bajo ese miedo y vergüenza —sus ojos se llenan de lágrimas y se me es inevitable no querer abrazarla.

Ella se acurruca entre mis brazos, beso su coronilla con todo el amor que siento por ella —hermanita querida sabes que yo estoy aquí para cuidarte, para protegerte de todo aquel que quiera dañarte, y la decisión que tomes yo siempre la respaldare.

—Hermano si no estuviera dañada psicológicamente yo no dudaría en buscar esa felicidad que compartís con tu esposa, no hay nada que me hiciera más ilusión que eso, que ser feliz al lado de alguien que me amara.

—Se que algún día tu alma se curara, lo se Amaya estoy seguro de ello.

***

GEMA.

El embarazo a medida que pasa el tiempo ha cambiado por completo mi metabolismo, desde mis cambios de humor, hasta los quilos que he subido, las estrías que me han salido en la piel pálida de mi barriga, caderas, incluso nalgas. Dudo en mirarme en el espejo, siento como que no soy yo no me siento yo misma con el cuerpo que tengo ahora.

Puede que no sea la única que se siente así, a lo mejor la mayoría de las embarazadas se sienten, así como si una parte de sí misma hubiera cambiado.

Cuando termino de vestirme con una de las tantas largas Abayas que tengo tomo unas sandalias bajas he intento colocármelas, si una locura absoluta. Tengo que sentarme en la cama para poder ponérmelas mientras lo hago veo que la gaveta de la mesita de noche que siempre se mantiene cerra y que está al lado de la cama que usa mi marido está medio abierto.

Una de mis cejas se arquea con extrañeza y sin duda la abro para ver que hay dentro, cuando estoy por tomar la carpeta amarilla que hay escucho los pasos de Omar acercándose. Cierro de nuevo la gaveta y vuelvo a intentar ponerme las sandalias.

La puerta se abre y de ella desciende mi marido con una sonrisa en su rostro —¿cariño aun no terminas?

—Esta barriga no me deja ni mirar mis pies —digo fingiendo fastidio. Él se acerca a mí y se arrodilla.

—Déjame ayudarte mi cielo. Sabes bien que cuando me necesites yo estaré aquí para lo que necesites Gema, no tienes que hacerlo todo sola.

—Pero…

—Pero nada —él ágilmente me ata las sandalias y me ayuda a levantarme —ahora vamos, quiero comprarte muchas cosas, incluso podemos empezar a comprar las cosas del bebé, aún faltan dos meses para que nazca y lo más adecuado es que ambientemos una habitación para él.

—Me dijiste que nos mudaríamos a la mansión después de que diera a luz, es innecesario que nos quedemos aquí en este enorme lugar.

—¿No te gusta?, pensé que ya te estaba empezando a gustar el palacio —dice mientras empezamos a caminar hacia la salida de la casa.

—Me gusta, pero es demasiado grande, por lo menos tu mansión no lo es tanto.

—No es solamente mi mansión cariño, también es tu casa, así que es nuestra, pero si quieres mudarte cuando nazca el bebé entonces lo haremos. De igual modo tenemos que decorar su habitación.

—Vale, está bien —Amaya nos está esperando afuera con el chofer, al vernos entra en el auto, después la sigo yo y mi marido entra después. Durante el camino no dejo de pensar en la carpeta amarilla, en lo que hay ahí, no dejo de pensar en las tantas veces en que Omar a cerrado con llave esa gaveta ya que no ha sido la única vez que la abierto y la ha cerrado en mi presencia.

Es Extraño, muy extraño que la haya dejado abierta.