CAER ENTRE LAS SABANAS DE OMAR ABBAR CAPITULO 32
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CAPITULO 32

Cuando llegamos al centro comercial nos disponemos a ir en tienda en tienda en busca de ropa cómoda para mí y prendas elegantes para Amaya. Me negué rotundamente a comprar vestidos, aunque Omar insistió mucho para que eligiera uno rojo con pedrería plateada me negué, no lo necesitaba y tampoco me encajaría como quería.

Cuando entramos en la tienda para decoración de interiores había un montón de diseños colores para decorar, aun no sabíamos si sería niña o niño por lo que decidimos por colores neutros como azul claro, blanco, marrón claro y beige. Elegimos un cunero, un moisés y algunas sillas y estantes.

Entramos a la tienda de bebés, donde Amaya me ayudo a elegir la ropa del pequeño y Omar se desvive eligiendo los juguetes. Desde que supo de mi embarazo algo dentro de él ha cambiado, dicen que para los hombres musulmanes los hijos son la luz y la felicidad de un matrimonio de un hogar, para ellos los hijos son la alegría y la fortaleza.

Poso mi mano sobre mi vientre abultado, falta poco para que el pequeño este en nuestros brazos, este bebé de cierta forma nos ha unido más y nos ha convertido en una pareja que no creí que nos convertiríamos. Aún tengo la duda en mi corazón, el pensamiento de que he perdido algo esa cosa que me mantenía libre de decidir por mí misma de luchar por mí misma de sentirme útil y orgullosa de mis logros.

Ahora no tengo logros, ya no tengo siquiera la libertad de trabajar ya que no sería tan bien visto gracias a que mi marido es un hombre muy conocido y millonario, “si supieran las personas que le admiran que es un criminal, un traficante de arma”.

—Mira esto cariño, no te parece tierno —miro el conjunto que Amaya me muestra y es amarillo con lunares blancos.

—Me gusta, mételo a la cesta —vuelvo a mirar a mi esposo y lo encuentro hablando con una de las vendedoras. Los celos aparecen de pronto como si no pudiera dominar mi alma como debería. Camino hacia él con mi ceño fruncido, la chica le sonríe con un carisma que me enerva la sangre, Omar le pide opinión sobre que oso debe elegir si el gris o el marrón.

—Señor Abbar me parece que el marrón es muy bonito —tomo del brazo a mi marido y reposo mi cabeza en su hombro.

—Me gusta el gris —digo en el momento en que él iba a aceptar su sugerencia.

—Pero…

—El gris es el que quiero —fijo mi mirada en él y Omar comprende lo que estoy ordenando con la mirada. El asiente con una sonrisa de complicidad en su rostro. Miro a la mujer con mala cara y esta toma el oso y se retira para meterlo en una bolsa.

—Se te han salido las garras pantera mía —dice con burla. Ruedo los ojos, cruzo mis brazos sobre mi pecho y mi barriga abultada.

—Que solo te vea poniéndole los ojos a otra mujer, hay con que me entere que coqueteas siquiera con otra mujer y juro que te corto las pelotas ¡ME ENTIENDES! —amenazo. Él acorta la poca distancia que hay entre nosotros y me rodea con sus brazos, acerca su rostro al mío y murmura muy cerca de mis labios.

—Ten muy presente mi amada esposa que este hombre que está aquí pegadito a ti no tiene ojos para más mujeres que tú, que tu mi bella pantera de pelaje dorado —suelto todo el aire retenido y le correspondo el abrazo que me da —mi dulce Gema, no hay mujer en esta tierra que pueda remplazarte, eres mi mujer la única a quien amo con toda mi alma.

Él termina pagando un montón de prendas de bebé junto con varios juguetes. Los decoradores de interiores irán a la mansión la semana que viene para empezar con la decoración de la habitación de nuestro bebé, que deseo que sea una bonita niña de cabellos castaños oscuro con enormes ojos azules como los de su padre, seria hermoso ver una pequeña versión pequeña de Omar.

Cuando llegamos al palacio el chofer de Amaya la lleva a la mansión de sus padres, mi esposo y yo entramos y nos dirigíamos hacia nuestra habitación cuando Salome nos informa de que teníamos visita.

El padre de Omar está aquí, ambos nos dirigimos hacia el despacho y apenas entrar veo a Harum junto a su padre sentados frente al escritorio. Ambos hombres al escucharnos entrar se giran para vernos y la seriedad del rostro de mi suegro me da muy mala espina.

—Padre… que bueno verte —saluda mi marido con dos besos en la mejilla de su padre que se ha puesto de pie cuando Omar se acercó a saludarle.

—Necesitamos hablar Omar —le dice él hombre. Me hago la desentendida cuando los tres me miraron.

—Sea bienvenido suegro, igual a ti cuñado —Omar suelta un suspiro al saber que no he agarrado la indirecta de ambos. Se acerca a mi toma mi rostro entre sus manos.

—Cariño, porque no vas arriba y acomodas las cosas que te compre, ahora ire a verte para que hablemos un poco sobre que nombre le pondremos a nuestro hijo.

—¿Me estas corriendo? —murmuro con el ceño fruncido.

—Gema…

—Bien, me iré —digo obstinadamente. Miro a mi suegro y a mi cuñado por última vez antes de salir de allí. Trataba todo lo posible de mantenerme al margen de los negocios de mi marido, en gran parte porque no le daba mucha importancia hasta ahora. Soy la esposa de un traficante de armas, de un hombre ante el ojo público es un Jeque multimillonario con una familia extensa que tiene vínculos con la realeza árabe.

Desde que decidí dejarme llevar por el amor que siento por el hombre que me secuestro y que termino obligándome a casar con él y así mismo dejando su semilla germinar en mi vientre muchas cosas cambiaron. Decidí olvidar lo que fui para convertirme en lo que soy ahora y lo mejor de todo aprovechar el veneficio que tengo al ser la esposa de un hombre jodidamente rico. Por lo menos es mejor que estar llorando y luchando por una vida donde mi libertad era igual de jodida por las responsabilidades que tenía. Desde trabajar, desde pagar cuentas, desde tener deudas, ya no tenía que preocuparme por eso siendo la linda esposa rica del Jeque de los emiratos árabes.

Muerdo mi labio inferior. Subo las escaleras de dos en dos por el camino me encuentro a Salome saliendo de mi habitación —señora ya he dejado sus bolsas en el sillón de la habitación.

—Deja de decirme señora Salome somos amigas lo olvidas —ella sonríe de lado.

—Lo somos, pero eso no quita que seas mi señora y jefa.

—Bien como quieras querida, quiero que me hagas un favor, mi suegro está en el despacho de mi marido junto a Harum —la chica se tensa cuando menciono a este último. Es la primera vez que percibo una reacción así en ella —llévales el té con algunas galletas, seguro están hablando de trabajo así que duraran horas metidos allí.

—Como desees mi señora —Salome se marcha con una mirada perdida como si estuviera en otra parte de su cabeza.

Fascinante.

Termino entrando en la habitación y estoy por ir al baño cuando me acuerdo del sobre amarillo que vi en la gaveta que usa mi marido. Miro hacia la puerta antes de acercarme a la mesita de noche y abrir la primera gaveta. Saco el sobre y me siento en la cama.

Abro el sobre y dentro hay unos papeles, al sacarlos me sorprendo de lo que veo.

***

OMAR.

Me siento tras mi escritorio y fijo mis ojos en mi padre —¿entonces a que has venido padre?

—Te he dejado gobernar a tu antojo Omar, eres el hijo mayor tu deber es mantener nuestro imperio, pero últimamente te has encerrado en este lugar y has dejado a cargo el trabajo pesado a tu hermano.

Una sonrisa sínica aparece en mis labios, miro a Harum que esta serio y con la vista en sus manos —te has ido a quejar con padre, que cobarde sois Harum.

—No me he quejado Omar, solo le he dicho lo que has estado haciendo y de que no has tomado decisiones con la cabeza fría. Todos sabemos que amas mucho a tu esposa, pero incluso hasta ella no quiere que te enfrentes a una guerra innecesaria por ella.

—Omar, ya basta hijo no destruyas una alianza de paz que desde hace años esta. Los italianos siempre han sido nuestros grandes compradores de armas, tenemos a los emiratos árabes para distribuir nuestros productos no es necesario que montes una guerra por un par de tierras.

—Y eso no hicieron nuestros antes pasados, siempre han vivido peleando por territorio, los italianos tienen una enorme parte de estados unidos han vivido en guerra con los rusos desde hace años, lo único que he intentado hacer es que nuestra alianza de paz valla más allá, pero De Rosa se ha estado negando a darme lo que le pido.

—Omar…

—Padre confía en mí, no sabes lo mucho que nos beneficiaria si tenemos New York a nuestro mando.

—Es territorio italiano, ¡olvídalo! —insiste.

—¡Es mi territorio! —grito —y se lo quitare, aunque sea lo último que haga.

Mi padre va a decir algo más, pero tocan la puerta, cuando esta se abre Salome aparece con una bandeja entre sus manos.

—Disculpe señores la señora ha mandado para ustedes —padre mira a la chica con sorpresa. Le hago seña con la mano y ella entra y deja la bandeja sobre el escritorio, le da él té a mi padre y luego a Harum, este último no le quita la mirada de encima cosa de lo cual tendré que hablar con él.

Cuando se marcha tomo mi taza y sorbo un poco del té —¿desde cuándo tu esposa se volvió tan servicial.

—Desde el día en que ella acepto que no había vuelta atrás, se ha adaptado bien a nosotros, y está tratando de ser una buena ama de casa —digo con orgullo —aunque eso es lo de menos para mí.

—Me alegro, sé que amas mucho a tu esposa Omar al punto de rebelarte a tu madre —sacar el tema a coacción es una muy mala idea, de solo pensarlo me molesta.

—La señora Yarem siempre le ha gustado imponer y tú le has dado ese poder padre —digo con fastidio.

—Así como tú lo has hecho con tu querida mujer hijo.

—Mi mujer no haría tal cosa a sus hijos, ella se ha criado con unas creencias muy diferentes y aunque quiero que se adapte a mis creencias no pretendo que olvide las suyas. Mi madre sobre paso los límites, mando a matar a mi esposa, la hizo perder a nuestro hijo y nunca le dio la oportunidad a Gema de ganársela.

—Hijo, creo que deberías hablar con ella ha estado muy mal desde la última vez que discutieron, he hablado con ella y sé que esta arrepentida.

—Olvídalo, eso no pasara —respondo sin pensarlo siquiera. Miro a mi hermano que se ha mantenido callado —pronto será tu boda Harum ¿Cómo te preparas?

—Mas que una boda será mi funeral —dice esta vez mirándome a los ojos —Omar en el primer fallo que haga Hope juro que yo misma la matare sin importarme nada.

—No fallara, Hope es una mujer razonable, sabe que está en una posición en la que no tiene ni voz ni voto.

—Bien, lo importante aquí Harum es que le des un hogar a ese hijo que lleva dentro, lo demás nos tiene sin cuidado —padre se pone de pie para marcharse, pero antes me mira con cierto desconcierto en sus ojos —no arruines lo que por años nuestros antes pasados han estado manteniendo, ni mucho menos pongas en evidencia nuestra reputación ante el público, ¡entiendes lo que te digo Omar! —asiento —vamos Harum tu madre debe estar esperándonos.

Ellos se marchan y aprovecho que estoy libre para ir a buscar a mi esposa. Una sonrisa socarrona aparece en mi rostro al recordar la muestra de celos en el centro comercial, es la primera vez que sentí su amor más intenso que nunca, la forma en como marco su territorio me éxito como no tiene idea y de solo pensarlo lo único que quiero es tomarla entre mis brazos y hacerle el amor como hace rato he estado pensando.

Salgo de mi despacho y camino por los pasillos hasta llegar a las escaleras, subo cada escalón de dos en dos cuando llego a nuestra recamara abro la puerta y la busco con la mirada, pero lo que veo me deja completamente blanco.

—Omar ¡tenemos que hablar!