CAER ENTRE LAS SABANAS DE OMAR ABBAR CAPITULO 30
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CAPITULO 30

Dicen que el tiempo cura todo, incluso te hace olvidar los momentos difíciles y esos momentos quedan enterrados en un pasado igual de difícil maquillados por una felicidad que no creí que llegaría a tener. Los musulmanes tienen una frase muy común donde se refieren al destino, Maktub estaba escrito y si… mi destino estaba más que escrito que Omar seria mi dueño, mi señor, mi hombre, mi marido.

Ya no podía seguir negándome lo que sentía por él, ya no podía seguir huyendo mucho menos con un hijo suyo creciendo dentro de mi vientre.

El amor puede curar muchas heridas, ese sentimiento pleno de emoción vibrante de pasión peligrosamente excitante, Omar Abbar es todo eso y mucho más, desde el tipo completamente cruel como lo fue un principio y como lo ha sido durante este tiempo fuera de mi vista, como el hombre jodidamente pasional, amoroso, cariñoso malditamente explosivo.

Me enamore de sus tres versiones, me enamore de un hombre cuya religión mantiene sometida a las mujeres, me quede prendada de su mirada acalorada, de sus toques suaves pero firmes, me enamore de esa versión dulce de él, sobre protectoramente posesivo.

No podemos evitar lo inevitable y mucho menos ahora cuando el peligro me pisa los talones y mi deber como esposa de un hombre de la oscuridad está pesando sobre mis hombros.

Han pasado los meses y el parto de mi bebé esta más que cerca, ya no aguanto los pies ni el peso de mi enorme barriga. He subido de peso cosa que me tiene más depresiva que nunca, Omar ha tratado todo lo posible de subirme el ánimo incluso me hace cambiar de opinión de vez en cuando con un sexo increíblemente placentero.

Como lo está haciendo ahora con su cabeza enterrada entre medio de mis piernas, pasando su cálida lengua por mis labios vaginales, chupando mi clítoris con demasiada jodida atención, haciendo que mi cuerpo convulsione y sienta espasmos liberadores.

—¡Mmm Dios… Omar! —gimo su dejar de arquearme, de estrujar su rostro contra mi sexo, mis manos están sobre su cabeza, mis dedos hundidos en sus risos oscuros.

—Estas tan húmeda… —dice mientras toma mi botón y lo agarra entre los dientes mordiéndolo levemente. Muerdo mi labio inferior queriendo atrapar mis gemidos, pero es imposible hacerlo cuando mete dos dedos dentro de mí y me penetra con ellos.

Esta tan jodidamente bueno que no pasa muchos minutos cuando ya me he corrido. Omar besa la parte interna de mi entre pierna, besa mi abultado vientre y justo en ese momento en que sus labios se posa a un costado de ella el bebé se mueve dándole una patada dolorosamente, haciendo reír a su padre.

—Pequeño hijo —murmura amorosamente y vuelve a besar ese mismo lugar.

Acaricio su mejilla con esa emoción haciéndome cosquillas en mi estómago, cada gesto de amor de su parte remueve algo en mí que quise muchas veces ignorar, pero ya no más, ya dejé atrás lo que fui una vez y ahora solo me enfoco en lo que soy ahora, la esposa, la mujer de Omar Abbar.

—No te detengas qalbi, no te detengas —gimo famélica de más. El sigue besando mi piel hasta que llega a mi rostro y besa mi boca con ambrosia, apoyando sus brazos a cada lado de mi cabeza, haciendo que su miembro erecto rose esta parte aun sensible de mí.

Lo necesito, necesito al hombre cuyo poder me envuelve, cuya hombría me enloquece. Quiero que me folle hasta la saciedad, que me haga suya como nunca lo ha hecho.

—Oh si…—murmuro cuando toma una de mis piernas alzándola un poco para poder alinear cómodamente su polla en mi vagina, penetrándome delicada y tortuosamente, haciéndome emitir un ruidoso gemido de placer.

Muerdo mi labio inferior sintiendo que voy a derrumbarme en cualquier momento, sintiendo como cada fibra de mi cuerpo se enciende.

—Oh Dios, SI, SI cariño córrete con mi polla dentro de ti —gime un descontrolado Omar que no deja de penetrarme una y otra vez hasta que me corro sin poder seguir reteniéndolo. Omar me penetra unas cuantas veces más hasta que su semilla me llena completamente.

Ambos estamos jadean y sonriendo satisfechos —eso ha sido muy bueno —murmuro cuando sale de mí y se acuesta a mi lado.

—Todo contigo es bueno malakti —cierro mis ojos por un momento antes de sentarme incómodamente con mi enorme barriga haciendo difícil siquiera ponerme de pie.

—Voy a darme un baño, te invitaría, pero con esto de por medio es muy difícil que quepamos los dos cómodamente en la bañera.

—No seas tan exagerada cariño —dice también siguiéndome al baño. Empiezo a llenar la bañera con agua tibia, cuando ya está busco en una de las gavetas del baño una liga para amarrarme el cabello y no mojarlo. Evito a toda costa verme en el espejo a sabiendas de lo que mirare en él.

—¿Te encuentras bien? —asiento —¿y por qué el ceño fruncido? —niego —te conozco, conozco a mi esposa y sé que últimamente has estado evitando todo lo posible mirarte a cuerpo completo.

—No es nada, solo estoy embarazada las hormonas me tienen un poco mal.

—¿Segura que es solo eso? —asiento con una pequeña sonrisa fingida. Me meto en la bañera gimiendo de satisfacción, solo aquí metida puedo ser feliz, el calor y el alivio que me da es excitante.

Omar se sienta en la orilla de la bañera detrás de mí y con una esponja me ayuda a bañarme. Esta acción se ha hecho una costumbre cosa que me gusta mucho me ha sentir más conectada con él.

—Sabes… he estado pensando en que después de que dé a luz a nuestro hijo quiero trabajar en algo, no me importa en qué, pero necesito mantenerme ocupada, aunque sea sentirme útil.

—Eres mi esposa Gema el trabajo solo te agotara y acortara el tiempo con nuestro hijo y conmigo me parece muy mala idea —el cambio de humor es repentino, quiero protestar, pero sé que terminare perdiendo por lo que decido hablarle melosamente. Giro mi cabeza hacia atrás para poder mirarlo.

—No sería de tiempo completo qalbi, aunque sea día por medio sabes bien que estoy acostumbrada a trabajar a valerme por mí misma y aunque me lo des todo para mí no es suficiente quedarme sentada en el jardín mientras espero que llegues. Entiende que sería deprimente para mi ser la típica esposa de un hombre poderoso y rico.

—Comprendo… pero creo que no es el momento de discutir eso cariño, aún faltan dos meses para que nuestro hijo nazca —el sigue frotando mi cuerpo con la esponja ayudándome a bañarme hasta que termina. Me ayuda a levantarme y salir de la bañera, con un paño limpio me seca y yo dejo que lo haga, aunque me haga sentir inútil cada vez que lo hace.

El se baña en la ducha mientras yo me visto con uno de mis tantos vestidos prenatales. En casa suelo usar los veraniegos que Omar me compro cuando vio que ya mi ropa no me quedaba, cuando salgo él prefiere que me coloque los caftanes junto con algunos hiyab o chador. Por mucho que me moleste usarlos es necesario, soy la esposa de un hombre conocido en su tierra siendo un proveedor multimillonario y exitoso, aunque ese es una fachada en gran parte del mundo lo conocen por ser un Jeque con bastante poder en el medio oriente.

Al terminar de arreglarme decido dejar mi cabello suelto, pero con algunas pinzas de oro y diamantes adornando mi dorado pelo. No me maquillo y uso uno de mis tantos collares poco sencillos que tengo, Omar se ha encargado de regalarme una colección de Tiffany mi marca favorita de joyas.

Mi mano reluce linda con una manicura sencilla y mi bonito anillo de compromiso, ahora si parezco la típica esposa orgullosa de su marido y feliz en su matrimonio ¿no?, eso es lo que se espera de mi desde que me casé con Omar, desde que caí bajo sus sabanas, desde que me deje llevar por el placer que me proporcionaba, desde que su dulzura toco un punto en mí que me hablando para él, desde que simplemente comprendí que no tenía escapatoria.

Al terminar lo veo salir del baño con una toalla enrollada en su cintura, su pecho tiene pequeñas gotas húmedas que parecen bonitos diamantes sobre su piel morena clara.

Suelto un suspiro, las hormonas me tienen al mil al punto de que un simple rose puede despertar un mar de sensaciones humedad entre mis piernas. Desvió mi vista de su cuerpo provocador y decido salir al balcón.

Es una mañana preciosa, en si el palacio es precioso y sus jardines no se pueden comparar con ningún otro, aunque aún me sorprende que el clima no les afecte del todo. No sé cuánto tiempo pasa solo sé que fue el suficiente como para sentir los brazos de mi marido rodearme la cintura.

—¿Tienes hambre? —asiento —he reservado una mesa en uno de los restaurantes más exóticos de Dubái.

—Desayunar en un restaurante suena aburrido, la verdad solo tengo antojos de wafles con miel y fresas con chocolate.

—Eso es dulce cariño tienes que comer cosas más nutritivas y bajas de azúcar —voy a protestar cuando llaman en la pueta.

Mi esposo se aleja de mi para abrir y hablar con el guardia que está parado allí. No sé qué es lo que le dice, pero la forma en que las fracciones de mi marido cambia, él gira su rostro hacia mi fijando sus ojos en los míos.

—Retírate… —ordena lo suficientemente fuerte como para que lo escuche.

—¿Que ha pasado? —pregunto cuando el guardia se marcha. Omar pasa sus manos por su abundante cabello y niega.

—No ha pasado nada, solo unos cuantos inconvenientes en el trabajo solo eso —acorto la distancia que hay entre nosotros para poder verlo mucho más de cerca.

—Mientes ¡Dímelo! —exijo.

—Los Italianos han hecho volar la empresa de Ji Armani —dice sin mucho rodeo esta vez.

—¿Cómo?

—Descubrieron que soy socio de Armani, y la han hecho pedazos. Por los momentos no ha habido ningún herido, solo los guardias de seguridad.

—¡No sabía que tenías guerras con los italianos! —grito con enojo.

—No tengo ninguna guerra con ellos, lo único que he estado tratando es en llegar a un acuerdo para que me dejen comprarles una parte de su territorio, quiero ser socio de ellos más que su enemigo.

—¡Y para qué diablos quieres más territorios, es que acaso no te vasta con este! —grito aún más furiosa —lo único que haces con esa estupidez es que hieras a otros Omar, es que acaso no lo entiendes, ni siquiera lo necesitas.

—¡Lo quería para ti, quería ser dueño de una parte de New York para ti, para que pudiéramos vivir allí lejos de la vida que llevamos aquí, donde puedes ser libre!

La sorpresa choca como una bomba, mi corazón que aun late fuertemente en mi pecho se acelera aún más por lo que acabo de oír —Omar…

—Te amo demasiado como para dar todo lo que tengo por ti —el acuna mi rostro y besa mi frente —y lo único que quiero en todo momento es que seas feliz habibi, que seas plenamente feliz sin la necesidad de sentirte observada y vigilada por todos.

—Pero yo…

—No digas nada, si tengo que matar por tener ese territorio para nosotros entonces lo hare.

—Deja de decir disparates, no arriesgues tu vida así por mí, soy feliz aquí a tu lado, olvídalo… olvida esa idea loca de reclamar algo que siempre les ha pertenecido a los italianos, ellos transportan allí, venden allí, y sobre todo se les conoce por ser capaces de hacer cualquier cosa con tal de proteger lo que es de ellos.

—Olvídalo… por favor hazlo por mi —él duda un poco, pero asiente.

—Voy a ir hablar con Harum, está esperándome en el despacho —él se marcha dejándome allí en medio de la habitación.

Algo me decía que mentía, que lo hacía descaradamente, y aunque sus razones suenan verdaderas, sabía muy bien que había algo más tras aquellas palabras.