CAPITULO 24
Soy débil, débil a su presencia, débil a su mirada, a sus toques febriles, soy débil, Omar me hace ser débil y a su vez me impulsa a correr. Después de darle la notica porque ya no podía ocultarlo más se ha mantenido mucho más atento conmigo, me atosiga todo el tiempo con su presencia todos los días y su obsesión de que no me falte nada ni pida nada.
Como lo dijo los días de dormir sola se ha acabado, se ha vuelto a mudar a mi habitación y ahora tengo que controlarme aún más cuando me abraza cada noche. Es difícil mantener mis nervios, la tensión sensual que emerge de mi cada vez que está presente, es como si fuera un imán que atrae al metal. No lo comprendía, mi mente era consciente de que el hombre del cual estoy casa es un criminal, de que trafica y trabaja con las otras agencias criminales, de que mato a un hombre sin tener un poquito de piedad, no le tembló el pulso para hacerlo; no entiendo que a pesar de eso aun lo siga queriendo, que mi cuerpo pide a gritos su toque, sus besos, la dulce sensación de su sexo penetrando al mío.
¿Estoy mal de la cabeza?, puede que necesite un psiquiatra.
Me termino de acomodar el caftán azul claro con detalles dorados, como vamos a la casa de los padres de Omar es probable que mi suegra no quite sus ojos de mí, esa vieja bruja me odia sin razón alguna y yo correspondo ese recelo inexplicable.
Me dejo el cabello suelto, coloco una pequeña diadema de diamantes blancos y rosas, mi anillo de compromiso que no uso en casa con miedo de que se me caiga y lo pierda, una mentira obvia con otras razones más lógicas. Tacones de punta media alta, junto a una pequeña cartera de mano.
Es una simple cena, me digo a mí misma una y otra vez. Me mantendré neutra, no diré nada ni siquiera mirare a nadie es lo mejor que puedo hacer, así me evito disgustos y malos ratos con la familia de Omar.
—Cariño… —me giro para verlo recostado en el umbral del vestidor, suelto un sonoro suspiro —¿estas listas? —asiento sin mirarlo —bien, vamos.
Le paso por un lado sin siquiera dedicarle una sola de mis miradas, esa es mi única arma ahora es la única forma de lastimarlo ya que no puedo irme mucho menos en este momento cuando dentro de mi crece una vida del jodido hombre príncipe de la oscuridad.
Cuando salimos del enorme palacio un auto nos espera, el chofer abre la puerta para mí y yo me sumerjo dentro. Cuando el chofer desciende después de que su amo diera la orden me dispongo a ver la ciudad por la ventana. Siento una ligera caricia en mis nudillos, no emito ningún sonido, trato todo lo posible de que mi respiración sea leve para no demostrar lo mucho que me afecta su toque.
—Se que aun sigues enojada conmigo, lo entiendo jawhara pero tenemos que solucionarlo —sigo sin mirarlo —no podemos seguir estando entre la espada y la pared alhabiba.
—Eres un asesino —murmuro bajo —mataste a un hombre inocente por celos irracionales.
—Si, pero mis razones son obvias, te amo demasiado como para dejar pasar que otro hombre te haya tocado —lo miro, esta vez trato que mis ojos reflejen todo el odio que siento por él.
—Nunca te lo voy a perdonar Omar Abbar, me has escuchado bien… nunca pisare mi moral por un hombre como tu —retiro mi mano de la suya al igual que mis ojos de esos posos que en algún momento sentí que eran mi hogar —soy infeliz, tendrás que cargar con eso sobre tus hombros.
—Entonces no tengo más de otra que obligarte a amarme —dice sin más. No lo veo venir, Omar me jala del brazo obligándome a verle, toma de mi cuello con otra mano y estrecha sus labios pecaminosos con los míos. Me resisto por un rato evitándole hundir su lengua en mi boca, pero a los segundos estoy sobre él con mis brazos alrededor de su cuello y mis dedos hundido en sus hebras cabelludas. Es imposible no caer bajo la tentación de un hombre como él, y aunque mi cerebro tenga una lucha con mi corazón, mi alma solo actúa de manera primitiva correspondiendo el delicioso sentimiento de pasión. Cuando ya pruebas una y otra vez la misma droga, llegas a un punto que se te es necesaria para vivir, para poder sobrellevar el peso de tus demonios escondidos bajo tu piel.
—Mmm… —gimo en el momento en que sus manos se cuelan dentro del caftán y toca la piel desnuda de mis muslos. Mayormente suelo colocarme algún pantalón debajo, pero esta vez solo cargo mi ropa interior y la pesada y calurosa prenda árabe.
Me arqueo cuando sus dedos encuentran el punto de mi centro he introduce sus dedos en mi húmedo agujero. Mis manos aprietan sus hombros, mi cabeza cae hacia atrás mientras que mis caderas se mueven al compás de las penetradas que me da. Mi se entre abre buscando atientas aire, gimiendo en voz baja mientras disfruto del placer que hace tiempo no he podido darme.
—Vez pequeña, como tu dulce coño se contrae por mis caricias —acelera sus penetraciones —como tu cuerpo se derrite bajo el mío —muerdo mi labio inferior para no gritar —como tu corazón se acelera cada vez que estoy cerca y puedo asegurar que eso no es mío —sus dedos chapotean y hacer ruidos eróticos cada vez que entran y salen de mi entrada —puede que me odies pero tu cuerpo me venera como yo te venero a ti —me corro, las paredes de mi vagina se contraen alrededor de sus dedos votando una exagera cantidad de fluidos. Me derrumbo sobre él importándome muy poco mi razonamiento —ahora que me has dado la llave para seguir explorando esta vez no me detendré jawhara, serás mía de nuevo, sea en cuerpo y en algún momento también me entregaras tu alma.
Malditamente perdida, estoy malditamente perdida.
***
El almuerzo fue tenso y aunque mi suegra quiso lanzar sus púas hacia mí, mi suegro la puso en su lugar con tan solo una mirada. A la final nos quedamos para la cena, me di una ducha antes de presentarme y sentarme al lado de mi marido. Amaya intento que la cena fuera más amena pero una vez más mi suegra da sus palabras presuntuosas para hacerse la arrogante.
—Y bien cariño, que era lo tan importante que querías decirnos —me tenso. Sigo picoteando mi comida sin muchas ganas, el simple olor me da nauseas.
—Mi esposa y yo vamos a ser padres —el silencio reina por unos momentos hasta que abre la boca mi suegra una vez más haciéndome subir mi mirada y fijarla en ella.
—¡Otra vez! —me tenso. La tensión es palpable en el lugar, miro a Omar y a mi suegra, ambos se miran entre sí en complicidad.
—¿Cómo que otra vez? —algo en mi cabeza hace clip, pero decido no pensarlo mucho y solo concentrarme en sus respuestas.
—Cariño… —Omar posa su mano sobre la mía y yo la retiro.
—¿Cómo que otra vez Omar? —exijo con más fuerza.
—Te lo explicare luego —niego, miro a mi suegra que a pesar de su rostro neutro puedo ver la complacencia en su mirada. Miro a mi alrededor y todos tienen sus ojos fijos en los platos incapaces de mirarme. Me siento ridícula alrededor de esta gente, nunca me sentiré en casa y en familia con ellos. Simplemente me pongo de pie sin mirar a nadie más y me retiro dando grandes pasos. Escucho las llamadas de Omar, pero no me detengo igual, subo hacia la recamara y me encierro en ella.
No sé cómo debo sentirme, me siento confundida, dolida he infeliz.
Una lagrima solitaria resbala por mi mejilla, la limpio con el dorso de mi mano y me dirijo a la cama para acostarme en ella, poso mi mano sobre mi vientre y el recuerdo de ese día vuelve a venir a mi mente. El dolor, el sentimiento de haber perdido algo al despertar. La preocupación de Omar, su ira contra la mujer que le dio la vida, su mala respuesta al preguntarle que me paso, quizás me han visto todo este tiempo la cara de estúpida, pero esta vez no lo dejare pasar.
—No permitiré que te pase algo a ti mi niño, yo te protegeré —cierro mis ojos y me quedo profundamente dormida.
Me despierto asustada y me siento en la cama, paso mis manos por mi rostro haciendo una mueca por el dolor de cabeza, es de noche, pero aun así la luz de la luna se filtra por el enorme ventanal.
—No quise despertarte —me tenso —te veías muy cansada porque te deje dormir más rato —no digo nada. Omar está sentado en uno de los sofás que están al fondo de la habitación. Las luces se enciendes y lo veo caminar hacia mí —necesitamos hablar Gema.
—Yo no deseo hablar contigo —digo saliendo de la cama para dirigirme al baño.
Él me toma del brazo evitando mi huida —¿A dónde crees que vas?, te lo he dicho Gema hablaremos.
—Suéltame Omar necesito vomitar —cierro mis ojos tratando todo lo posible que lo poco que comí este en menos de medio segundo sobre el piso. Omar me suelta al comprender lo que quiero decirle y yo corro hacia el baño. Maldigo mentalmente cuando vomito todo lo que queda en mi estomago temblando en el acto.
—Eso no es normal cariño, deberíamos llamar a un médico —Omar se acerca a mí con un paño húmedo. Él va a tocarme, pero le quito el paño y me alejo de él. Me enjuago la boca con enjuague vocal y vuelvo a la cama para seguir durmiendo —Gema…
—Solo déjame dormir —es el único escape que tengo de la triste realidad en la que vivo.
—No, no podemos seguir así Gema —él retira las sábanas, me acorrala en la cama y toma de mi rostro con una de sus manos obligándome a mirarlo. Mis ojos se inundan de lágrimas.
—Déjame dormir —murmuro entre lágrimas.
—No. No voy a dejarte dormir Gema porque si lo hago siempre mantendrás esa espina clavada en tu pecho —mi labio inferior tiembla, niego y cierro mis ojos para no verle —no te lo quise contar porque no tenía sentido, no deseaba hacerte daño nunca he querido hacerlo Gema.
—Me retienes en contra de mi voluntad —murmuro rotamente.
—Lo hago porque soy un puto egoísta que se enamoró de una mujer que ama su independencia, te daría el mundo Gema si a si me lo pidieras, pero lo único que yo no te daría seria esa libertad que te alejaría de mí, esa libertad que me arrebataría una posible felicidad a tu lado.
—¡Mataste a un hombre Omar como pretendes que te perdone eso, como pretendes que viva con esa culpa! —refuto con odio golpeando su pecho con fuerza, pero mi lucha dura poco gracias a su fuerza, y sus manos que aprisionan mis muñecas en contra de la cama.
—No es tu culpa es mía, no tienes por qué cargar con ese peso Gema. Lo admito mis celos me dominaron, pero eso no quiere decir que me arrepienta no soy un hombre bueno, pero mi mano nunca será capaz de dejar ni una sola marca en tu rostro te lo juro. Quiero hacer de tu vida la vida de una reina, quiero darte todo lo que no has podido tener en tu vida ¡entiendes lo que te digo! —quisiera entenderlo, pero me cuesta mucho —con el tiempo lo comprenderás, no hay nada más que desee que tu felicidad.
—Tu madre…
—Mi madre solo es una roca en nuestro camino, eres mi esposa mi familia, y mientras lo seas nadie se atreverá a tocarte ni una hebra de cabello sin tu consentimiento.
—Y tu —murmuro aun con la voz rota.
Él me mira con gran intensidad —yo te amare hasta el resto de mis días. Solo te pido que me des la oportunidad de conocerme y de yo conocerte mucho más de lo que ya te conozco —¿acaso tengo otra escapatoria?, niego mentalmente, no la tengo.
—Bien… —Omar sonríe y besa mis mejillas con mimo. Cierro mis ojos disfrutando de sus caricias suaves, adorando mi piel, cautivando mi corazón de una manera tan fácil y sencilla. Cuando sus labios tocan los míos pierdo completamente mi juicio y vuelvo a caer bajo las sábanas de Omar Abbar, mi prisionero, mi captor, el dueño de mi cuerpo, el causante de mi dolor, el único hombre cuyo corazón negro ama el mío que es de un rojo intenso.