CAER ENTRE LAS SABANAS DE OMAR ABBAR CAPITULO 25
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CAPITULO 25

TRES MESES DESPUES.

OMAR.

Antes de salir del casino paso por una floristería, compro el ramo más hermoso de hortensias lila junto con uno de los chocolates favorito de Gema. Se que ama este tipo de detalles, aunque aún no me ha perdonado lo del bebé perdido, hemos llegado a un punto en donde me tolera y me regala sus sonrisas con más libertad.

Me ha dejado mimarla, adorarla por las noches, me ha permitido amarla a pesar de que aún no se sienta cómoda viviendo en mi mundo. Se que se adaptará y aceptará tardes que temprano nuestro destino, ese que está escrito para nosotros dos juntos para siempre.

Al llegar al palacio la encuentro en el jardín sentada en una de las bancas que se encuentra cerca de los rosales, últimamente se la pasa mucho tiempo allí, di la orden de mantener todo el jardín muy bien cuidado, incluso mandé a instalar un columpio para ella. Salgo de la casa y me acerco a Gema con gran sigilo, cuando estoy tras su espalda le muestro las flores, ella se gira y una pequeña sonrisa aparece en la esquina de su labio.

—Hola Jawhara —saludo muy cerca de su rostro, quiero besarla, pero no estaría muy bien visto que lo hiciera aquí donde alguien puede vernos.

—Son para mi… —dice frunciendo su ceño mientras ve las flores.

—Si, ¿te gustan? Elegí las más bonitas. También te traje chocolates —ella toma las flores y las huele un poco luego agarra los chocolates, al ver que son sus favoritos lo destapa con prisa y se mete uno a la boca haciendo un ruido tan jodidamente erótico.

—Mmm están ricos, desde hace días tenía antojos de comerlos, gracias —la sonrisa en su rostro me llena de un calor orgulloso, ya que hacerla feliz es mi mayor responsabilidad y esfuerzo —hoy pinte otro cuadro, me gustaría guindarlo en alguna parte del salón principal, aunque no sé cuantos meses más vamos a durar aquí.

—Bueno… sobre eso estaba pensando en que nos mudáramos a este lugar —ella fija su mirada en mi por un instante antes de volver a mirar los rosales —pero si quieres podemos volver a mi mansión.

—No, creo que lo mejor es que nos quedemos aquí hasta que nazca el bebé, después de eso podemos regresar, aunque este lugar es precioso es muy grande y opulento —en parte tiene mucha razón, y concuerdo con ella.

—Como desees malaka—tomo una de sus pequeñas manos y me las llevo a los labios, beso sus nudillos delicados adorando incluso como respira.

—Omar… ¿de verdad tú me amas? —la pregunta llega como sorpresa. Siempre le he dicho que la amo más que la vida misma pero que me pregunte es otra cosa que no esperaba de ella. Si dejar de acariciar sus nudillos, de mirar sus ojos respondo.

—Tu rostro de luna, tu cabello dorado cual rayos de sol, tus labios rosados como los pétalos de un capullo de rosas, tu belleza es como una estrella en el cielo oscuro, tu espíritu libre como una yegua pura sangre, eres como ese mar que en días de tormenta choca contra las rocas, eres ese mar que cuando está en calma es engañoso pero que a su vez yo me metería sin duda alguna. Eres como una sirena mi amor, una elfa en los bosques, una diosa divina que vive entre mortales, eres mi mayor tesoro en este mundo, mi única esposa y la madre de mi futuro hijo, eres mi vida, mi aire, mi ser, no hay nadie ninguna mujer en la tierra que podría remplazarte ni llenar mi corazón como tú lo haces —ella sonríe y sus mejillas se sonrojan —yo te amo, te amo mucho al punto de enloquecer.

Ella suelta un suspiro —es muy poético.

—No hay palabras suficientes como para describir el gran amor que siento por ti habibi, yo moriría por ti, mataría por ti, incluso te daría mi vida.

—Yo quizás no pueda decir lo mismo —dice casi en un murmuro. Ella se pone de pie y camina hacia la casa, yo decido no seguirla por mucho que desee estar detrás de ella, con el tiempo he aprendido que tengo que darle su espacio cuando lo necesita, que debo dejarle unos momentos para que reflexione, y por mucho que su cuerpo me reciba y sus labios correspondan los míos aun esta esa barrera de distancia entre nosotros.

Ella aun no lo olvida, no olvida el hecho de que la obligué, la forcé a estar conmigo, a dormir conmigo, a casarse con el hombre que le arrebato su libertad. Lo se… soy un hombre egoísta, pero vivimos en un mundo egoísta.

Yo amo a la mujer que se acaba de ir y aunque aún no me perdona algún día lo hará, tengo la esperanza de que así será.

GEMA.

Seis meses, mi bebé cada día está mucho más grande, incluso lo he llegado a sentir moverse dentro de mí. Me acuesto en la cama después de darme un baño y haber colocado las flores en agua. Por mucho que mi corazón se acelere al ver las flores, por mucho que olvide en el momento en que la presencia de Omar aparece frente a mí, aun esta ese sentimiento depresivo, ese sentimiento de estar ahogándome dentro de estas paredes, esta fortaleza dorada, mi jaula dorada.

No he visto a mi suegra desde aquella visita en su casa, la tensión guinda entre nosotras y Omar discute mucho con ella por mi causa. Por una parte, me hincha de orgullo de que mi esposo me defienda y este de mi parte, pero por otra estoy clara de que es su madre y ella no lo dejare de ser.

Durante estos meses he dejado de luchar, simplemente decidí que lo mejor que puedo hacer es seguir resistiendo, vivir el momento sin importar el mañana, ya no tenia de otra, pronto seria madre y por mucho que trate de escapar igualmente Omar ira detrás de mí, más ahora que pronto le daré un hijo.

Pero aun así estoy al tanto de todo, escucho detrás de las puertas, descubro cosas que Omar no me quiere decir, desde sus negocios sucios con drogas, hasta ventas de armas ilegales y lavado de dinero.

Aun no se si esta entro del negocio de tratas de Blanca, pero en algún momento lo descubriré.

Dentro de un mes mi cuñado se casará con una mujer llamada Hope, se dio a conocer la noticia el mismo día en que me entere de la pérdida de un bebé que nunca supe que existió, fue algo que no superare ni perdonare que Omar me lo haya ocultado. La mujer Hope es rusa y parece ser que está embarazada una de las razones por las que mi suegro acepto el matrimonio entre su segundo hijo.

Poso mi mano sobre mi barriga que está medio abultado y lo acaricio —esta vida de ricos es un asco. Tu papá aun me sigue encerrando, aunque prometió darme la libertad si me quedaba a su lado y dejaba de huir de él. Ya no tenemos más alternativa pequeño, solo nos queda sobrevivir en este mundo lleno de peligros.

A la final termino durmiendo como siete horas, al levantarme Salome me calienta el almuerzo mientras leo una revista. Omar se marchó de nuevo al casino, ese lugar al que nunca he ido gracias a que Omar no quiere que pise ese lugar ni siquiera para ver desde lejos.

—Así que aquí estas —giro mi rostro para ver Amaya entrar con unas bolsas en mano —madre acaba de mandarte esto, dice que tienes que empezar a preparar la habitación del bebé, y me ha pedido que te ayude con ello —deja la enorme bolsa sobre la encimera y se sienta a mi lado.

—No pienso recibir nada de esa señora —digo sin siquiera dejarla sentarse bien.

Ella me mira con comprensión en sus ojos —lo entiendo, pero recuerda que ella es la abuela y a pesar de que ambas no se lleven bien últimamente le ha hecho mucha ilusión el bebé.

—Tengo entendido que Harum también tendrá un hijo, y ya Genutmire les ha dado dos hermosas nietas.

—Genutmire vive en Marruecos, mi madre ve a sus nietas dos veces al año no seas tan dura con ella —por mucho que trate de mostrar mi hostilidad con la madre de Amaya, ella siempre la defiende a sabiendas que hace todo lo que puede para amargarme mis días cuando visitamos la mansión Abbar.

—Aun no olvido lo que me hizo —respondo al mismo tiempo en que me meto un trozo de pan dulce a la boca, mastico lentamente deleitándome con el sabor, a diferencia de estados unidos aquí hacen unos panes realmente sabrosos.

—Lo sé, yo tampoco se lo perdonaría, pero tienes que superarlo en algún momento querida cuñada. A parte de que ahora has atado a mi hermano completamente, un hijo es la bendición de una familia, si es varón mi padre hará una fiesta y nosotras las mujeres repartiremos comida a los más necesitados como dicta la tradición.

—Sería el primer niño en la familia, lo sé, Omar no deja de decirlo cada vez que se pone pegajoso conmigo.

—Mi hermano es un romántico empedernido cuando quiere, a seguro que debe ser tierno verlo en esa faceta —rio.

—Siendo sincera es un verdadero fastidio —Salome en silencio coloca el plato de comida frente a mí.

—¿Desea comer señorita Amaya? —pregunta Salome.

—No gracias, comí en casa —cuando Salome asiente y se va Amaya se acerca más a mi para hablar —¿Cómo te va con mi hermano? —me encojo de hombros.

—Sabes cómo es, cada día su intensidad me vuelve loca —aunque amo su intensidad en algunas ocasiones, pero eso no lo digo.

—Deberías de dejar de ser tan fría con él.

—Y tu deberías casarte con algún jeque rico y aquí estamos Amaya —ella se aleja y frunce su ceño.

—No puedo —suelto un suspiro. Hago el plato de comida a un lado perdiendo mi apetito. Durante este año viviendo aquí con la única que hablo abiertamente es con Amaya y Salome en algunas ocasiones, ellas son mis amigas, pero aun así yo las trato como una perra odiosa.

—Nunca me dijiste el por qué no puedes casarte —ella se pone de pie y abre el refrigerador para sacar una botella de agua y beberla, cuando lo hace se vuelve a sentar y posa su mirada en mí.

—Yo ya me casé una vez, pero eso ya lo sabes… no tuve la vida de princesa que siempre soñé de niña, cuando mi padre me comprometido con Ali Kamal tuve la estúpida ilusión de que seriamos felices para siempre y a la final termino maltratando mi corazón y rompiendo mi espíritu, fueron tiempos difíciles, perdí a dos de mis hijos en parto prematuro, un matrimonio lleno de odio y desilusión al punto en que decidí regresar a casa y arrodillarme ante mi padre para que me aceptara de vuelta —una lagrima resbala por el rostro de Amaya —padre no quería romper su conexión con la familia de mi esposo por lo que me pidió volver con él y aceptar mi destino. Estaba dispuesta sabes, ya me había rendido y decidí acabar con mi vida ese mismo día, hasta que llego Omar junto a Harum y evitaron que cometiera una locura.

—¿Ellos te salvaron? —asiente.

—Mas que salvarme eliminaron lo que me hacía sufrir —dice con voz apagada, pero la oscuridad que veo en sus ojos hiela mi piel.

—Lo mataron —asiente.

—Mi padre se enojó mucho con ellos, pero a la final termino aceptándolo. Desde ese momento nunca más quise volver a vivir esa experiencia y por mucho que mi madre me insista en que me case no lo hare, ya nadie me obligara a hacer algo que no quiera, mucho menos ahora que soy viuda y tengo 30 años.

—Que mal, hay veces que no podemos huir de nuestro destino, y aunque lo queramos si está escrito nos perseguirá hasta el resto de nuestros días.