CAPITULO 23
OMAR.
Harum entra en mi despacho y coloca un periódico sobre mi escritorio. Lo primero que veo es la foto del maldito de Albert y que ya han encontrado su cuerpo en un basurero de new York. A pesar de la satisfacción que sentí al matarlo aún me cabrea que Gema siga ignorándome, es un acto bastante infantil de su parte, pero es mi esposa y la maldita mujer me tiene agarrada de las pelotas.
Tomo el periódico y lo voto en la papelera mientras sigo leyendo los balances de entrada de dinero de la nueva sucursal espejo.
—¿Enserio no dirás nada Omar? —niego.
—Que es lo que quieres que diga —respondo sin mucho tacto.
—Te lo había dicho Omar, te había dicho que no era buena idea de que dejaran el cuerpo allí, eso nos puede traer graves problemas con la Mia Famiglia en new York, ellos ahora están en la cima y nosotros no podemos estar dejando muertos por sus calles, ¡estas malditamente loco! —golpeo el escritorio, me levanto de golpe y fijo mis ojos en mi hermano.
—¡SI, ESTOY MALDITAMENTE LOCO!, pero ya verás que nosotros nos adueñaremos de esas calles más pronto que tarde —respondo decidido.
—¿De qué diablos hablas hombre? —paso mis manos por mi rostro signo de frustración y cansancio.
—Quiero empezar a llenar sus calles con mi mercancía, vender mis armas libremente y sobre todo joder a esos jodidos italianos que se creen superiores a todos.
—Quieres hacer esto por ella ¿verdad?, quieres armas una guerra por una mujer.
—Si, quiero que ella pueda caminar con gran libertad por esas calles, quiero vivir allí con ella —Harum frunce más su ceño —sabes bien que a Gema le vendría bien estar en su ciudad natal, y que puede tener más posibles libertades en sus tierras que en las mías
—Estas jodidamente loco —cuestiona antes de salir.
Si estoy jodidamente loco por Gema Moore, murmuro en mi conciencia. Vuelvo a sentarme y sigo revisando los documentos, pero como cada vez que pienso en ella decido llamar a Salome para saber cómo esta. Ya ha pasado bastante tiempo desde la mordida del perro, su herida ha cicatrizado, aunque de vez en cuando le cuesta un poco para caminar. No sale de su habitación y la mayor parte del tiempo se la pasa leyendo libros.
Marco el numero de la casa y como es habitual Salome al cuarto tono —Buenas tardes…
—Salome, cuéntame ¿Cómo está mi esposa?
—La señora se ha comido su desayuno y como es habitual en ella se ha leído un libro completo en el transcurso de cinco horas. Después tomo un baño para luego verla salir al jardín se mantuvo sentada en una de las bancas que hay cerca de los rosales hasta que volvió a su habitación hace media hora, no hace mucho le subí el almuerzo señor.
—Bien, no le quites los ojos de encima Salome —digo antes de colgar. Paso mis manos por mi cabello en desesperación “como me gustaría que Gema entendiera de una buena vez de que no hay oportunidad de escape ahora que es mi esposa”
Tocan la puerta segundos después de haber colgado, y sin dejar de mirar la foto de pantalla que tengo en mi teléfono doy la orden de “Pase”. El sonido de los tacones me hace levantar la mirada, Hope entra a mi oficina como si fuera la dueña de ella, a veces me pregunto cómo pude caer en los encantos de esa fulana, por mi bonita y buenos pechos que tenga no se compara con la belleza sutil y suave de mi pantera dorada.
—Mi querido señor que bueno verlo por estos lugares, desde que se casó casi no viene al casino —me recuesto en mi asiento y me le quedo mirando fijamente. La veo sentarse en una de las sillas frente a mi escritorio cruzando las piernas haciendo que su minúscula falda se suba por sus muslos —debe ser que hay infierno en el paraíso.
—Puedo asegurarte que ese infierno ha quemado mucha de mis sabanas querida —respondo con cinismo —¿a qué has venido?, no recuerdo haberte llamado.
—Solo quería verte porque necesitaba que supieras que… —hace una pausa, ella lo piensa por un momento antes de soltar lo que sea que quiere decir —estoy embarazada.
Mi seño se frunce aún más y por un momento dudo —¿de quién es el hijo?, dudo mucho que sea mío hace tiempo que deje de buscarte Hope —ella juega con su pulsera por un momento antes de responder.
—Es de Harum, mi hijo es de Harum —“no me jodas”, de mi hermano… esperaba cualquier cosa menos del recto de mi hermano.
—¿Él lo sabe? —pregunto de nuevo colocando mis manos en triangulo sobre mi escritorio.
—No, y no sé cómo decírselo, sabes bien como es lo más posibles es que…
—Te mande abortar, pero tú no quieres hacerlo —ella asiente. Pienso las cosas por unos segundos, y viéndolo desde un punto sería bueno que mi hermano tuviera una esposa pero dudo mucho que mi madre acepte que una mujer que se entrega a un hombre sin estar casada sea de su agrado, lo más posible que la tache y empiece hacerle la vida imposible como a Gema, aunque por lo menos mi esposa si era pura y casta, lo mejor de todo es que es mía, fue mía, y será mía hasta la muerte.
—Si, no quiero hacerlo por eso vine a ti necesitaba que me ayudaras contándole a Harum.
—¿Estás segura que es de mi hermano? —pregunto sin filtro, por muy convincente que me lo dijera no confiaba mucho en su palabra, mucho menos conociendo sus artimañas y deseo de estar dentro de la familia Abbar.
—100% segura. Si no me cree cuando nazca puede mandar hacerle una prueba de ADN a la criatura —suelto un suspiro. Dudo mucho que mi padre acepte que un bebé Abbar nazca fuera del matrimonio por lo que hay dos opciones, o mi hermano se casa o simplemente ella obligatoriamente tendrá que abortar.
—Bien, déjame ver qué puedo hacer por ti —me levanto dispuesto a irme —lo que te recomiendo es que hables con él, cuéntale que esperas a su hijo y de lo demás me encargo yo.
—Vale, perfecto entonces —ella también se levanta para irse y le abro la puerta. Hope se detiene y fija sus ojos en mi —me hubiera gustado que este hijo fuera tuyo Omar, hubiéramos…
—Sabes bien que lo que hubo entre nosotros fue pasajero, algo que no debió ocurrir, pero ocurrió ahora queda en el pasado y espero que siga siendo así.
—Esa mujer…
—Esa mujer es mi esposa, y la madre de mis futuros hijos por lo que te pido que la respetes como me respetas a mí.
—Bien —ella sale y yo le sigo minutos después que la veo desaparecer.
Al llegar al palacio mis guardias me reciben con un asentimiento de cabeza dejándome la respuesta “ella está bien y a salvo”. No me toma mucho tiempo subir las escaleras de la segunda planta, necesitaba verla, oler su aroma, inundarme en su mirada. Estaba famélico, que hace desde la última vez que tuve su cuerpo bajo el mío, que hace que mis labios tocaron los suyos suaves y apetitosos.
La extrañaba, la anhelaba como a nada en este mundo, pero ahí estaba respetando su espacio, dándole tiempo de que asimile la verdad de asunto, ella tiene que acostumbrarse ya no hay vuelta atrás mucho menos ahora con aquel anillo en su dedo símbolo que es de mi propiedad, que es mía para adorar, mía para amar.
Entro en la habitación sin tocar y no la encuentro en ella, frunzo el ceño y empiezo a buscarla, primero en el balcón, después en el vestidor, empiezo a entrar en pánico, pero escucho ruidos en el baño. No lo dudo ni un segundo abro la puerta y la escena que me encuentro me deja perplejo.
Ella está allí, arrodillada frente al váter con su rostro más pálido de lo normal, su cabello rubio rizado está suelto y todo revuelto —Gema… —murmuro su nombre casi en un susurro. Ella levanta su rostro y me mira con los ojos llorosos por el esfuerzo. Ella retira su mirada de cuando las arcadas aparecen y vomita otra vez.
Dios… me acerco a ella rápidamente y recojo su cabello para que no lo ensucie, tarda unos segundos en terminar y cuando lo hace un sollozo sale de su garganta.
—¡Déjame, vete de aquí Omar! —dice con la voz apagada.
—No te dejare sola habibi, déjame ayudarte —la ayudo a ponerse de pie y acercarla al lava manos. Ella se sostiene de él mientras busco un paño y lo mojo para pasarlo por su bonito rostro pálido —ahora te vas a recostar en la cama mientras yo llamo al médico, esto no es normal a lo mejor algún medicamento te ha caído mal o…
—Estoy embarazada —me calla. Dejo de limpiar su rostro y me le quedo mirando sorprendido.
—¿Qué?
—Estoy embarazada —repite con la mirada baja, ni siquiera me mira solo desvía sus ojos de los míos huyendo de mí. ¿Por qué, no era necesario que hiciera eso?, pero un hijo… oh Dios, un bebé.
Sonrió —¿lo has confirmado ya? —niega.
—Tengo retraso de más de cuatro semanas —no pierdo tiempo, simplemente dejo el paño aun lado y acuno su bonito rostro haciéndola que me mire.
—Me has hecho el hombre más feliz del mundo habibati —beso su frente, sus mejillas, su pequeña y hermosa nariz —¡alhamd lilah, gracias por esta gran noticia! —la tomo en brazos y la llevo hacia nuestra cama, la acuesto allí y me siento a su lado, tomo su mano entre las mías y besos sus nudillos —ahora más que nunca tienes que tener gran cuidado cariño, no quiero que te esfuerces con nada, ni mucho menos que te arriesgues, lo que llevas en tu vientre es el futuro de una familia que lleva años de historia.
—Lo sé —dice secamente quitando su mano de la mía.
—Sabes bien que ya no podemos seguir así Gema, seremos padres y no podemos vivir como perros y gato todo el tiempo, formaremos una familia.
—¡Yo no quiero este hijo! —dice de pronto lastimándome con sus palabras.
—Lo tendrás quieras o no lo quieras. Mi hijo nacerá y ya no habrá discusión. Es más, voy a pedir que vuelvan a traer mis cosas aquí, no pienso separarme de ti ni un solo segundo a tan solo que sea meramente necesario. Volveremos a dormir juntos porque al fin y al cabo eres mi esposa.
—Me da igual —se pone de lado dándome la espalda.
—Algún día me perdonaras Gema lo sé, y este bebé es la bola de demolición para esa pared que construiste para mi —me pongo de pie y busco mi teléfono, llamo al doctor para que venga a revisar a mi esposa y confirme si está o no embarazada, aunque es mucho más posible que si lo esté.
Y si, después de una prueba el doctor nos da la gran noticia, Gema no mostro emoción alguna pero no pasó desapercibido para mi aquel acto inconsciente de su parte, la vi posar su mano sobre su vientre acariciando sutilmente.
Romperé de algún modo ese hielo entre nosotros, sé que lo hare.
Paso una gran parte de la tarde metido en mi despacho mientras Gema toma una siesta, ya decía yo que estuviera todo el tiempo cansada no era para nada normal, pero no le di demasiada importancia.
Harum entra en mi despacho y se siente frente a mi —ya lo sabes ¿verdad? —asiento, tomo un sorbo de mi té.
—Le dije que tenía que abortarlo, yo no me pienso casar con esa mujer y mucho menos si tener la certeza de que ese niño es mi hijo.
—Pienso que ya viene siendo hora de que te cases, claro está que no estoy muy feliz de que sea con ella, pero ese niño no puede nacer fuera del matrimonio.
—¿De qué diablos me hablas Omar? —me encojo de hombros.
—Sabes bien que en nuestro mundo el aborto no está permitido, y dudo mucho que a papá le haga gracia tu opción. Si ella estuviera de acuerdo los ayudaría a deshacer del problema, pero como ella no quiere no tienes otra opción, no puedes obligarla y ella está dispuesta a convertirse en una Abbar si su hijo va a ser reconocido.
—¿Y si no es mío?, dime… y si esa criatura no es mi hijo —me recuesto en mi asiento mirándolo fijamente —te divorcias, o te casas de nuevo. Tienes muchas opciones Harum, puedes casarte con cualquier mujer que desees después de tu compromiso con Hope. Por lo menos hasta que nazca el niño y ya no necesite de su madre, luego de dos años o uno te puedes deshacer de ella y casarte de nuevo con una mujer de buena familia que pueda criar a tu hijo. Pero no puede nacer fuera del matrimonio eso pondría en ridículo nuestro apellido.
—Bien, aunque a madre no le gustara —concuerdo con él, dará el grito al cielo lo más seguro que le dé un paro cardiaco y haga todo un drama.
—Lo más seguro que si —sonrió —y ahora te doy una gran noticia, mi esposa está en cinta.
Harum arquea una ceja —enserio —asiento —pues en hora buena hermano felicidades —dice no tan emocionado —aunque tu aun no le has dicho la verdad, ella debería de saberlo Omar, este es el mejor momento de que se lo cuentes.
—Ella no confía en mi si le cuento se resentirá más conmigo y con todos por ocultarlo.
—¿Y cómo esta ella?
—Bien, aunque quiere fingir frente a mí de que no es de su agrado tener a mi hijo en su vientre. Se que le hace ilusión la conozco bien —mi hermano sonríe de lado.
—Eso sí que le encantara a padre, que casualidad hermano, sus dos hijos pronto le darán los nietos que tanto han estado pidiendo.
—Le daremos la noticia esta semana, dile a madre que iré a visitarla para que prepare todo para una cena —no puedo esperar para contárselos, estoy seguro que les agradara la noticia y serán menos escépticos con mi esposa.