CAE: Condenados a encontrarse Capítulo 32
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Capítulo 32

Brisa

H oy el viaje no me pilla por sorpresa. Aún tengo incrustado el olor a vómito en la nariz.

Da igual el potingue mentolado anticongestivo que esnife, eso ya me lo llevo a la tumba.

Llevo Biodramina en sangre, así que ya puedo recorrer la Vía Láctea entera que no me voy a poner, otra vez, del color de la leche.

Me he acostumbrado al lomo de Nimbusito.

No sé qué voy a hacer cuando el río vuelva a su cauce, si no desborda antes, claro.

El vahído es llevadero. ¿Por qué no me he drogado antes?

Las prisas, que son muy malas. Oye, me falta un cóctel para hacer de esta experiencia una de cinco estrellas.

Pero no, la realidad bélica se impone en forma de jaqueca.

La paciencia últimamente brilla por su ausencia en mi currículum. Mi mera existencia agota las reservas.

El panorama en el Purgatorio es pintoresco.

Cuando llego, espero encontrarme con otra batalla de fueguitos, similar a la que usan los adolescentes de la época para ligar por Cringer, la aplicación de citas de moda.

Quien pusiera el nombre se merece un premio en el Cielo…

Pero vamos, Lucifer y Dios están jugando una partida de ajedrez.

¿El terremoto? Muy fácil, Lucifer ha perdido un caballo y se ha pasado de revoluciones.

Ha volcado el tablero con tanta fuerza que la tierra ha actuado como diapasón.

Dios tampoco se queda corto. La diferencia es clara: el jefe directamente sacude la tierra y el ángel caído indirectamente trastoca el equilibrio entre mundos.

El poder recae en el calvo, le pese a quién le pese.

—¿Qué habéis apostado y quién ha elegido este método tan arcaico? —Ya tuteo, después de la última reprimenda, llevo hasta la chancla homologada de madre en la mochila. Por lo que pueda pasar, nunca se sabe.

—Es el deporte de los reyes —murmura el jefe sin liberar al alfil de la presa de su mano.

—Claro, porque es el mínimo movimiento que eres capaz de hacer por la humanidad. Luci, me decepcionas. Para llevar tanto tiempo en las sombras, esperaba mucho más de tu actuación estelar.

Me mira. Yo sostengo su mirada, es un juego con alta probabilidad de victoria.

—El tratado ha hablado. El mando de la tierra está en juego. Quien gane la partida va a ser el nuevo rey de reyes. La humanidad perecerá bajo mi mando, no quedan almas bondadosas por salvar.

—Permíteme dudar de tu habilidad para la comprensión lectora. —Miro el reloj de muñeca. Ahora no marca nada, los viajes lo atontan, pero creo que será mediodía—. Ya sabes lo que dicen: «después de comer, ni tu nombre has de leer».

El jefe me mira con poca simpatía. Por lo que me han contado, es la nueva normalidad de estos lares. Pobres creyentes terrenales, se ha caído un mito. No, ha sido un peón el que ha salido disparado. Punto para el Infierno.

Luci me tira un trozo de pergamino arrugado. Cae a mis pies y me agacho a recogerlo. Tú puedes verlo como pérdida de dignidad, como una forma de postrarme ante él. No, error. Es un chisme directo. A ver qué acuerdo tiene en vilo a la humanidad.

«Yo, Dios, actual rey de reyes, apuesto el control de mi más preciada creación como medio de paz entre los mundos. Tal y como predijo el transeúnte hace miles de años, el apocalipsis ha llegado. Los elegidos no han sido capaces de contenerlo y es menester que tomemos las riendas del asunto.

Yo, Lucifer, ángel caído y rey de los pecadores, apuesto mi sumisión completa ante el rey de reyes en este tablero de ajedrez.

Tras mi victoria, eliminaré la Tierra y todas sus almas quedarán bajo mi tutela.

La extinción ha sido culpa de la humanidad y, como tal, tienen una condena por cumplir.

El Cielo dejará de existir y todos los ángeles desaparecerán.

Demasiados focos de luz para que lo soporte mi eterna oscuridad.

El ganador de la partida recibirá el máximo poder. El control sobre todo lo existente y la capacidad de hacer y deshacer a su antojo. Solo se hará efectivo cuando alguien gane la partida.»

Mi vecina de tres años hubiera hecho un tratado mucho más profesional. Cómo se nota que es Muriel la encargada de toda la burocracia celestial. Al menos no ando esquivando hielo y fuego, mejora el asunto.

La partida se me está haciendo eterna. Calculo que en la tierra habrá habido tres o cuatro sacudidas fuertes.

Gladis lleva un rato con la mirada perdida a través de las cristaleras.

Las almas no están recibiendo juicios. Normal, si el Diablo gana, de poco les sirve haber sido buenos.

Por algún motivo, la mirada perdida en el horizonte de la anciana con complejo de tapón de bañera me resulta sumamente atractiva.

Ya ves, hasta la belleza de Lucifer es capaz de dormir a las piedras.

Un grupito de almas recibe un grito del jefe. Se han movido más de la cuenta. No se puede generar ninguna corriente de aire, no se vaya a volar uno de los ínfimos pelos que tiene.

El movimiento hace que ambos jugadores levanten la vista del tablero.

—Desde que Muriel rompió esa brújula contra el suelo, ya ni las almas os obedecen. ¿No os dais cuenta? El amor todo lo puede y aquí han querido mucho más ellos al mundo que vosotros.

—Ellos no han conseguido su objetivo. —Dios pega un golpe en el tablero.

No aprende que las consecuencias de sus actos afectan siempre a los mismos—.

Tenían órdenes de evitar el apocalipsis, y por incumplir las normas de convivencia impuestas en nuestras empresas han obtenido lo contrario.

Ahora, de nuevo, la tierra vuelve a estar en mis manos, y si la humanidad cae en la extinción, será por esos besugos.

—El demonio torturado y el ángel inexperto han conseguido justo lo que el mundo necesitaba.

Que yo, rey del Infierno, llegase al mando para poner orden en este libre albedrío que se te ha descontrolado.

—Lucifer me lanza otra mirada larga, quiere enseñarme quién manda.

Le hace falta una reina y no de las que se forman en las damas.

—Ay, ángel caído. Sigue lanzando tus palabras vacías al aire de este sitio.

Aquí me entero de todo. ¿Qué tal te ha sentado que tus propios esbirros se volvieran en tu contra?

Dicen las malas lenguas que te has convertido en el eslabón débil de la cadena.

Dejaste escapar a tus contrincantes en un último acto de benevolencia fingida.

—Gladis ahora lo mira con desdén, tiene la sartén por el mango y le acaba de dar la vuelta a la tortilla.

—Tenía que controlar el alzamiento, no podía perder el tiempo con visitas inoportunas que nada aportan a mi plantilla actualmente. —Sus ojos me dicen que miente. Anda, se me ha encendido de nuevo la intuición, por fin puedo ser útil.

—Es mucho más fácil decir eso. Reconocer que, en cuanto viste la intensidad del poder creado por los supuestos intrusos al fusionarse ambos mundos en uno, haciendo coexistir el hielo y el fuego, supuso tu verdadera caída es demasiado para tu orgullo, ¿verdad, rey del Inframundo?

—El mazo de Gladis atraviesa el aire en un movimiento deliberado.

No sé qué pretende, pero Lucifer emite unos destellos azules intermitentes. ¿serán gases celestiales?

—¡Retira lo que has dicho o sufrirás mi ira! —De un salto, Lucifer aterriza con poca elegancia sobre la autonube de Dios. Él no vomita, aún le queda más dignidad que am mí, punto para él.

—¡Oye, bájate de mi nube! ¿Cómo te atreves a tocar un trozo de mi cielo con tus zarpas infernales? —Uy, eso me suena. A Zeus, para ser más concreta, en mi película favorita de Disney.

Gladis aprovecha el despiste para lanzarse hacia ellos. En primera instancia, la imagen de la vieja en su vertiente de vengadora vikinga ocupa mi mente. Pero no, su actuación me sorprende mucho más. Coge una de las piezas del jefe y emite su voz chillona.

—Jaque mate, paleto. Haber elegido un juego de tu época como humano.

Sí, voy a cerrar la boca. Si en la tierra entran moscas, aquí seguramente entren almas y no me apetece compartir cuerpo.

La cara de Lucifer es arte abstracto. Por un momento, cuando empieza a echar humo, vaticino una explosión del tipo olla exprés.

Pero no, hoy mis habilidades relacionadas con el arte adivinatorio y la intuición están apagadas o fuera de cobertura.

También te digo, después de todo lo que he vivido…

, bastante que estoy aquí de visita y no con el visado permanente.

—¡Has incumplido el tratado! —Otra mesa volcada. Lo siento, tierra.

—No. Las normas estaban claras. Se ha hecho efectivo.

Alguien ha ganado la partida, una pena que no haya sido ninguno de vosotros dos.

Espero que aprendáis la lección. Nunca se apuesta aquello por lo que no estáis dispuestos a luchar.

—Ahora sí que les da con el mazo. ¡Ha merecido la pena la espera solo por esto!

—¿Y qué hacemos con ellos? —pregunto a Gladis, la nueva reina de reinas.

—Había pensado mandarlos de una patada a la tierra. Pero pensándolo bien, creo que ya han tenido bastantes penurias, se merecen una tregua.

Asiento, la humanidad necesita un descanso. De eso no hay duda.

—¿Y qué va a pasar con el Cielo y el Infierno? —Una quiere saber, por si acaso me voy antes de hora.

—Seguirán con la misma estructura, pero bajo otro mando. Al final, esto era algo necesario. El poder corrompe el alma y estos llevan demasiado tiempo en el trono. Haremos el traspaso de las empresas a lo nuevos gerentes. Habrá un cambio en la directiva, necesitamos nuevos jefes.

Me doy cuenta de que no tienen poderes cuando los visualizo haciendo maniobras de taichí sin elementos naturales de por medio.

Todo su poder, o el que les quedaba después de que Muriel resquebrajara la piedra del colgante, está ahora en un frasco muy pequeño llamado Gladis.

A esto sí que se le llama golpe de Estado.

Inesperado, si me preguntas. Pero viva el matriarcado.

—Voy a necesitar ayuda. —Gladis me mira con una intensidad capaz de prenderme entera. Esta nueva divinidad no controla sus poderes, tendré que andarme con ojo.

—No puedes traer de vuelta a Maalik y a Muriel. Han cumplido su misión con creces. Son parte de esa humanidad que necesita un respiro. Se lo merecen. —He cogido cariño a estos invasores forzados de mi propiedad, tampoco lo voy a negar.

—Bueno, entonces tendrás que venir tú. —Gladis ha marcado sentencia.

Esta vez la intuición sí que ha atinado. Esta debe de ser la forma más surrealista de perder la vida. Pensándolo bien, nada me ata a la tierra. Llevo mucho tiempo siendo más de aquí que de allí. Pido un último deseo. Espero cumplirlo antes de soltar el último aliento de vida.