Capítulo 30
Maalik
S igo algo descolocado. Muriel está dormida, con la cabeza apoyada en mi regazo.
Deslizo la mano por su pelo blanco, porque, supongo, esas son las expectativas por cumplir.
Estamos en el sofá del salón; estos últimos días ha sido nuestro refugio.
Creo que Muriel tiene miedo de quedarse a solas conmigo y eso me toca los huevos de una forma impresionante.
Hemos dormido juntos, hemos pasado momentos de vulnerabilidad, de conexión entre mundos.
La tirantez del vínculo que nos une late con una intensidad desproporcionada.
Casi me impide escuchar su respiración entrecortada por el sueño profundo.
Ninguno de los dos estábamos preparados para afrontar la arrolladora realidad: nuestra relación va más allá del Cielo y del Infierno.
La sensación constante de no haber aprovechado mi paso por la tierra, por el hecho de haber tenido que crecer antes de hora, me abruma.
¿De dónde viene esta tranquilidad pasmosa, cuando Brisa ya nos ha puesto al día del panorama actual del Purgatorio?
Nuestro tiempo en el planeta azul se acaba.
Y esta vez he vuelto a hacer lo mismo: nada.
Solo dejarme llevar de nuevo por unos pasos, los cuáles tampoco me pertenecen.
En mi primera vida, era la ira quien guiaba mi camino. Ahora es el jefe y su maldita piedra con complejo de GPS quienes dictaminan tanto mis derechos como mis deberes. Soy una marioneta en manos del mejor postor. Una personalidad anulada sin ningún tipo de control.
Mis ojos recorren el cuello de Muriel y aterrizan en el colgante. El vaivén de su pecho con cada respiración lo mueve con una cadencia hipnótica. Está muy tranquilo. El apocalipsis entre mundos tiene parte de culpa, imagino.
—No entiendo qué estáis haciendo. —Brisa se sienta en el sillón individual de la esquina. En la mano, un té con leche caliente levanta una cortina de humo. Acompaña a la perfección su estilo gótico. La médium va con efectos especiales incorporados.
—Estar. ¿Sabes lo difícil que ha sido para mí simplemente estar ?
Tuve sobre mis hombros la responsabilidad de cuidar a mi hermano.
Fallé. Vagué por la tierra como quien sufre condena para terminar cargándola, como siempre.
Llegué al Infierno como fiel creyente de mi merecido castigo.
Hasta en eso fallé. Aun sabiéndolo, mi cabeza hacía saltar la alarma de injusticia.
¿Por qué? El premio debía de ser para Uriel.
Él sí merece tener la oportunidad de reencontrarnos.
El ángel se remueve. Seguramente nos esté escuchando.
—Muriel se merece mucho más. Tu presencia para ella ha tomado relevancia a raíz de la confianza que habéis construido No veo necesario recordar cómo se aspiró a sí misma para encontrarte.
Con todos los riesgos que eso suponía. La simplicidad puede ser complaciente, pero ahora la segunda oportunidad de vida la tenéis vosotros.
No te conformes con estar, aprende a vivir, con ella.
El tiempo se agota, lo presiento. No cargues con más arrepentimiento del que ya tienes.
Brisa se despide y Nimbusito también, van a salir.
Me parece ver una pequeña calva entre el mullido lomo de la nube.
Seguramente retirar los restos de vómito le ha generado algún tipo de alopecia focal.
No voy a ser yo quién se lo diga, total, no es algo fácil de cambiar en tres segundos.
La puerta suena al cerrarse y, ahora sí, estamos solos.
No hemos podido hablar de todo lo acontecido.
Retiro los mechones despeinados de pelo, esos enredados a conciencia con el paso de mis dedos, y sigo perfilando la línea de su mandíbula.
Con mi mano puedo abarcar casi todo su cuello.
Cuando llego a la zona alta de su pecho, dejo caer la mano plana.
A la vez, susurro su nombre para devolverla a este plano.
La necesito despierta, en el mundo de los sueños no puedo tenerla. Al menos, no como me gustaría.
—Solo un poquito más. —Remolonea sobre mi regazo y mi mano se ve obligada a recolocar el contenido del pantalón. No sé si para evitar posibles lesiones o para alejarme de la fricción, evitando tentaciones que me desvíen de mi verdadero propósito.
—Ángel, Lucifer está muy enfadado. Es necesario crear una estrategia para cuando todo estalle. Estamos en medio de esta lucha entre mundos y no pienso ver cómo nos convertimos en un daño colateral más.
—Demonio, si el fin del mundo nos pilla, tendremos que estar descansados. Ahora mismo te saco ventaja. Aunque nuestros poderes estén de nuestro lado, el cuerpo necesita estar bien cuidado. —Muriel se abraza a mi brazo.
Un escalofrío me recorre el cuerpo. Todo está bien ahora mismo… ¿Por qué no puedo permitirme disfrutar?
La mano, colocada en su pecho y reposando sobre el collar, empieza a arder. Recuerdos de nuestros inicios sin contacto físico me asaltan. Todo lo que ha pasado desde entonces y sigo teniendo la extraña sensación de permanecer estancado en algún abismo entre la realidad y el pasado.
No lo niego. Desde el retorno del Infierno, solo tengo un pensamiento danzando en bucle en mi cabeza: la he vuelto a cagar.
Tenía otra oportunidad para hacer las cosas bien, para reiniciar mi camino hacia el Cielo, hasta Uriel.
Hemos burlado las fuerzas del Infierno y nuestro destino ya está marcado.
Ahora solo me queda proteger a Muriel. Hacer por ella lo que no fui capaz de hacer por él.
Aunque, a veces, las cosas no cambian.
Sigo siendo insuficiente.
Otra vez.