Capítulo 29
Brisa
—¿Se puede saber dónde os habéis sacado el carné de vuelo? —digo quitándome de la blusa los restos de escayola.
—Pues en ningún sitio. ¿Acaso crees que en el Infierno teníamos espacio suficiente como para practicar acrobacias de este tipo? —responde Maalik a la vez que tira de la mano de Muriel para auparla.
Con un gesto cariñoso, la gira para colocarle el colgante. ¿Está diferente? Así de primeras y a bote pronto le faltan alas.
—A mí no me mires, mis alas valían menos en el Cielo que las de una gallina aquí en la tierra. ¿Qué? No me miréis así, yo no tenía la capacidad de usarlas como llamada de atención para que los gallos me consideraran la más diva del corral y una incubadora fructífera.
La voz de Muriel se siente igual, pero suena diferente. Más segura, más completa, simplemente es ella. Su mano aprieta el colgante contra su pecho a la vez que deja ir el aire de los pulmones. Se siente en casa y eso también es gracias a mí, al menos en parte. Me falta ser un demonio.
—Explicadme de una vez por todas el asunto. Provocarme un infarto no os conviene a ninguno de los tres —señalo también a Nimbusito.
Solo está y aun así le llueve, ¿será causa directa por ser una nube?
—Digamos que… el tirano gobernante de mi reino ha visto su orgullo restregado por la arena del Infierno. —Maalik se encoge de hombros.
—No utilices eufemismos, demonio. Lucifer ha mordido el polvo y, en el proceso, nos hemos quedado con ganas del polvo de recompensa. —Qué va, no, Muriel no ha podido decir eso. Pues sí, lo ha dicho y ahora se está comiendo la boca con el demonio.
Es que paso, no voy a invertir energía ni en sorprenderme.
—¡Nimbusito! Prepara el área de conexión —ordeno. Hay que priorizar, y ver a estos dos en su despliegue de amor repentino no es urgente—. Tenemos que ver cómo ha afectado esto en el Más Allá. Verás tú cuando Gladis me invite, con su divina gentileza, a irme a la mierda.
Enciendo el palo santo, a ver si cuenta como bandera blanca ondeando.
Lo dudo mucho, ahora mismo conectar con el Más Allá va a ser un auténtico infierno.
No me gusta tener esta responsabilidad sobre mis hombros.
Algo muy malo tuve que hacer en otra vida para que me haya caído semejante cruz en forma de ángel y demonio.
A saber qué hacen estos dos enamorados en mi ausencia.
Al menos puedo decirle a Gladis los hechos positivos: Muriel y Maalik están más cerca que nunca.
El viaje astral que supone la conexión con el Purgatorio hoy me pesa más. Vaya, creo que no he comido lo suficiente y el estómago vacío amenaza con secundar la huelga organizada por mi cerebro. Tengo tantas cosas en la cabeza… Solo me queda esperar un milagro para acordarme de todo.
Llego. Y en el peor momento. Esto parece una batalla campal de Dragon Ball .
Espero ver aparecer en cualquier momento a Goku y compañía.
Ay, Dios. No, no estoy mencionando su nombre en vano.
Es que el jefe de Muriel está montado sobre una nube con la tripa al aire.
No está en su prime , a lo mejor por eso el botón del vaquero no le cierra.
Desde el suelo del Purgatorio, el que intuyo que es Lucifer, lanza lenguas de fuego azules.
¿Cómo no va a haber terremotos en la Tierra?
Estos dos no necesitan mucho para trastocar la historia de la humanidad.
¿Gladis dónde está? Pues la señora está sentada en su trono, tan ricamente.
Se ha puesto unas gafas de sol, imagino que para proteger a sus ojos de la explosión de colores de los poderes sobrenaturales de esta gente.
Pero la señora no oculta el cacharro de palomitas dulces. Cómo le gusta ver el mundo arder.
Esquivo una lengua de fuego azul. ¿Están recién salidos del parvulario? Pregunto.
—Ejem, ejem. Hola, buenos días, su señoría.
Miro directamente a Dios; Lucifer me manda al Infierno con la mirada. A lo mejor tendría que haber hablado en plural… Que no se hubiese caído del Cielo.
—¡Estás interrumpiendo un golpe de Estado!
Las almas gritan y corren despavoridas. Tengo pensamientos intrusivos. Lo hago, total, la muerte tampoco es algo que me asuste.
—¡Un, dos, tres, pollito inglés a la pared!
Hay un alto el fuego. No sé si por la confusión del momento o porque quieren dirigir sus cosas de hielo y sus lenguas de fuego hacia mí.
—¿Qué haces aquí y cómo te atreves a importunarnos? —Ahora es Luci el que habla. Es más majo de lo que parece. También más guapo. Tentador el Infierno, visto lo visto.
—No, la verdadera pregunta aquí es: ¿cómo narices me mandáis para ser la niñera de los supuestos salvadores de la humanidad para luego cargárosla vosotros?
Como entenderéis, no me gustaría haber invertido mi tiempo erróneamente.
A no ser que tenga asegurada mi plaza como jubilada en el Cielo si me matáis ahora mismo.
—Buena esa. Quiero mi plaza para disfrutar plenamente del paraíso eterno.
Muriel me ha mencionado varias veces lo bien que viven sus padres y lo horrible del Cielo para ella.
¿No te has enterado? Pues te fías, deja de ser cotilla.
—Ese demonio y su tortura eterna me pertenece —insiste Lucifer—.
Ya tuve que tolerar su ascenso cuando siempre debió estar blindado.
Después, lidiar con su fuga y la incapacidad para hacer nada.
Ahora, una invasión por una enviada de Dios con la intención de derrotarme. Se han incumplido los tratados.
Vale, me entero poco. La primera parte me la han contado.
La segunda la viví en el Purgatorio. Qué mal dirigía el tráfico de almas Maalik.
La fuga, pues bueno, está en mi casa. Está claro que en el Infierno no está.
Muriel y la aspiradora, eso puede considerarse una invasión.
Lo que han hecho allí no lo tengo claro.
—¡Ese ángel no iba bajo mis órdenes! —Se le ha despeinado el único pelo que tiene al soltar la bola de hielo. ¿Cómo quiere que la humanidad crea en su poder dando esta imagen?
—Lo cierto es que sí, Señor —interrumpo otra vez—.
Sus órdenes eran que encontrase al demonio y lo llevara de vuelta al Infierno.
Luego cambiaron, y nos ha tocado combatir pruebas surrealistas capaces de demostrar que la humanidad tiene más taras que virtudes.
Y, aun así, aquí sigue la Tierra, girando mientras vuestro encuentro provoca seísmos capaces de partirla en dos.
¿Quiénes son realmente los responsables de todo el mal que ocurre?
No negaré que me lo imagino: Brisa presidenta. No hay duda de que mi campaña política tiraría a estos dos del panorama divino. Si esto fuera una democracia y no una tiranía, claro.
—Dios el buenísimo dio a la humanidad libertad, yo los condeno a la esclavitud de todo lo demás. —Noto la ironía, Luci, no te me pongas a echar chispas.
—La libertad de uno termina donde empieza la del otro.
En el momento en el que elegís la guerra para resolver vuestros problemas, la humanidad pierde toda elección, pues son todas vuestras acciones las que van a llevar el verdadero apocalipsis a la tierra.
—Me cruzo de brazos y espero a que razonen.
Suena feo, pero parezco yo la madre que los lleva al rincón de pensar.
—No voy a pasar por alto la invasión del Cielo en el Infierno. —Lucifer juega con una lengua de fuego azul que tiene sobre la mano. Hala, le ha dado forma de perrito.
—No digo que lo aceptes. Digo que miréis ese tratado y lo modernicéis un poco teniendo en cuenta los últimos acontecimientos. De esa forma, el pacto será veraz y firme. Y portaos bien, un solo temblor más en la tierra y el golpe de Estado lo voy a dar yo.
La cara que se les queda es graciosa. Mi vuelta a la tierra no tanto. Resulta que mi aparato digestivo cumple sus amenazas y nada más aterrizar en Nimbusito, lo lleno de jugos gástricos y bilis.
—Perdón, compañero, no he calculado bien tu diámetro. —Me va a dar dolor de cabeza y el asunto se va a poner muy feo.
—Tranquila, prefiero eso que la cantidad de purpurina de unicornio que he tirado yo viendo a estos dos caramelitos dándose picos en el sofá. Por el jefe, ¿no hay vacuna antiamor? Que les pongan dos dosis a cada uno.
Estos dos están demasiado juntos. Esperemos que el nuevo acuerdo no incumpla las directrices de Gladis. Separarlos ahora mismo sería reconocer a Maalik como el mismísimo fin del mundo.