CAE: Condenados a encontrarse Capítulo 28 #3
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Capítulo 28 #3

—Así que pensáis que podéis desobedecer mis órdenes. —Lucifer se interpone entre nosotros, creando un escudo que nos mantiene alejados del resto. Se dirige a los dos esquiroles libres, pero me doy cuenta tarde.

—Nosotros solo tenemos la obligación de obedecer al rey de reyes y, que yo sepa, no eres tú.

—Ya me dijo Maalik en el Purgatorio que mi lengua afilada estaba descontrolada.

Negaré haberlo dicho, pero tenía razón. No te chives, que como se llene de orgullo, cuando le permitan el acceso al Cielo, va a convertirse en Nimbusito 2. 0.

¿Podría intentar calmar las aguas en vez de separarlas? Claro que no, soy Muriel, no Moisés. Te falta Biblia.

—¡Estos son mis dominios! —grita Lucifer.

Se le ha hinchado la vena. Un trocito de hielo ahí… Pues no, rebota contra el cristal protector que mantiene abierto. Ya podría haber existido en mi época eso para los móviles.

—Y nosotros los dominantes del fuego y del hielo.

Maalik me hace una señal tras sus palabras.

Lo imito en mi vertiente contraria y una bola de hielo surge de mis manos.

Le cuesta. No me extraña, después del golpetazo que me he arreado.

Consigo un tamaño decente, dentro de la media, y la lanzo a la parte superior.

Maalik hace lo mismo y ambas bolas elementales se fusionan.

Las paredes protectoras estallan en pedazos como si fuese en realidad una capa fina de caramelo.

Me merezco un helado después de esto,  y que no sea yo el ingrediente principal, a ser posible.

Estos demonios son muy lentos, menos mal que me he quedado al bueno.

¿Esto cuenta como alianza con Lucifer? Depende.

Creo que con nuestra victoria él también gana algo.

Todos los demonios mayores que nos acorralaban están sujetos contra la pared con las cadenas de fuego azul improvisadas.

El jefe del Infierno nos mira por encima del hombro. Porque puede, también te digo.

—Puede que no os gusten mis normas, pero la obediencia es algo indispensable para seguir habitando en mis dominios. —Lucifer nos da la espalda y se dirige hacia su equipo de ángeles caídos. Hay traiciones mucho peores que la de Maalik ahora mismo.

No. ¿En serio? Os prometo que he visto cosas raras en esta aventura apocalíptica, pero esto no me lo esperaba. Lucifer se acerca a cada uno de los ángeles caídos y… hay un botón. Sí, como los de encendido y apagado.

—Aquí está el problema, estaba activado el modo rebelión.

Aquí nadie se atrevería a llevarme la contraria en condiciones normales.

Tendré que decirles a los mecánicos infernales que desactiven esta opción.

Solo me sirve esta panda de incompetentes con el modo sumisión —dice Lucifer con voz de andar por casa, como el que le da un puntapié a una pelusa del suelo porque le estorba verla, pero no tanto como para recogerla y tirarla.

¿Qué? Me dicen que esto es un capítulo de los Simpson y me lo creo. Aunque vivirlo en carne y hueso no me ha parecido tan entretenido. Demasiada tensión en un momento. Uy, que nos mira. Estamos perdiendo tiempo. La absolución tiene un límite; la paciencia de Lucifer también.

—¡Fuera de mi vista! Sin esos poderes descontrolados que tenéis esto no hubiera pasado. Aseguraos de no caer en mis manos… o terminaréis limpiando con la lengua los suelos de todas y cada una de las celdas.

Me hallo fascinada con el aire de Hades que se gasta.

Me acerco a Maalik. ¿Cómo nos vamos de aquí antes de que vuelva sobre nosotros el punto de mira?

Nos necesitamos. Eso que nos ha separado en algún momento, es lo que nos va a permitir marcharnos.

Por probar, no perdemos nada. Cielo e Infierno pueden ser compatibles y lo hemos demostrado en cada hazaña.

Creo con mis manos una burbuja de hielo.

La pequeña esfera vuela hacia el objeto de mi deseo.

El colgante sigue en el suelo. Mi aspiradora helada improvisada la absorbe y la acomoda en su interior.

Hotel Iglú para el precursor de este caos.

El colgante llega hacia nosotros y lo envuelvo con la mano.

Noto la piedra quebrada y repaso su contorno con los dedos para inspeccionarla. Todo está bien, ahora mejor.

—Necesito que confíes en mí —le digo cogiendo sus manos y dejando el colgante entre nosotros.

—Contigo me iría al Infierno, pero es que sería repetir plan y no va conmigo —sonríe el canalla.

Y yo le beso. Lo beso porque es nuestro vínculo el que va a sacarnos de esta. Tal y como me contó el jefe en su momento, apareció para encontrarnos en la tierra. Rezo a todo lo que se mueve en el Cielo para no equivocarme.

Maalik no se conforma con unir nuestros labios.

El ruido de fuera se opaca por completo y solo existe el compás alineado de nuestros latidos.

Su lengua acaricia la mía y siento que ni el aire que me falta nos separa.

Siento sus manos rodeando mi cintura y yo me dejo hacer entre el tirón de ese hilo invisible que nos une y la destreza de sus manos experimentadas.

Muerde mi labio inferior con sus dientes y me provoca un escalofrío consciente.

Abro los ojos y aparece la realidad. Seguimos juntos, pero ya no estamos en el Más Allá.

Abrimos nuestras manos y el colgante nos recibe en todo su esplendor.

La piedra ha perdido su negro azabache y ahora se muestra con una combinación perfecta entre el azul de mis ojos y el rojo de su pelo.

Una muestra del universo que ha unido al Cielo y al Infierno.

Las grietas derivadas del impacto siguen adornando la piedra, pero ahora no pesan en nosotros.

Me gusta saber que hemos podido rompernos, sobrevivir y

ahora tenemos la capacidad de reconstruirnos.

Nos fundimos en un abrazo mientras escuchamos a Brisa y Nimbusito gritar. Es un buen momento para empezar a valorar lo que nos ofrece esta segunda oportunidad en la tierra.