CAE: Condenados a encontrarse Capítulo 28 #2
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Capítulo 28 #2

La decisión va cargada de un alivio ligero.

La vibración del colgante sobre mi pecho se atenúa, dejando un remanso de calma, como si estuviera cantando una nana capaz de ser percibida únicamente por mí.

Entonces lo entiendo. Tengo que romper con mis creencias y todo el aprendizaje adquirido porque la nueva versión de Muriel empieza aquí.

Ahora soy plenamente consciente de que el bien y el mal cohabitan en mí, y no pasa nada siempre y cuando los use para hacer a las personas que quiero un poco más felices, y eso me incluye también a mí.

No necesito una etiqueta de «niña buena» colgada en la frente, ni una palmadita en la espalda de ningún jefe, voy a empezar a trabajar por y para mí.

Voy a por ti, demonio pelirrojo.

—Pero bueno, si tengo el honor de conocer a la copia barata del circo de los horrores.

—La gente aspira el aire. Es posible que al desplegar mis alas haya convertido esto en el Sáhara sin darme cuenta.

También puede ser por la sorpresa de ver unas alas blancas que ahora ¿brillan?

Por favor, que el bote de purpurina encima no me deja aparentar seriedad.

—¿Quién ha dejado que este ser de luz se cuele en nuestros dominios? Vamos a tener un nuevo juguetito y viene vibrante para experimentar con los sentidos. —No sé quién es este payaso, pero se cree Messi y no llega ni a Cristiano.

—Cierra la puta boca, Azazel. No tienes derecho ni a mirarla. —Maalik ya ha entrado en erupción, pero las cadenas son ignifugas. Ahora sé cómo se llama al zarrapastroso. No son tan tontos como me temía. Noto la primera vibración en mi pecho.

—Ahora todo va a ser mucho más divertido. ¿Para qué acabar con su vida pudiendo acabar con la de ella? Qué deliciosa tortura podría preparar para el angelito del demonio. —Azazel no me cae bien. Y eso es difícil, si no, que te lo cuenten las almas del Purgatorio cuando subas.

—He venido aquí a descubrir si el lado oscuro es el que más me pone. —Camino intentando parecer sexy. No sé si lo consigo, pero la atención de todos los importantes la tengo. El frío contacta directamente con mi esternón.

—¿Qué pasa, angelito, este demonio infeliz no ha sabido tratarte como es debido? —La velocidad de este señor es algo con lo que no contaba. Que se electrocute al tocarme la cara sí, justo como pensaba.

—Buff…, no me gustaría contar aquí todo lo que este pelirrojo me ha hecho. —Algo se enciende en mis ojos y es hielo.

—Muriel, vete de aquí. Huye, por favor, pide el traslado. Este mundo no es para ti. —Maalik rompe en lágrimas, aunque controla el llanto.

—Mi cielo , tienes razón. Este mundo no es para mí… ¡Ni para nadie!

Sin vacilar, me llevo la mano al pecho y tiro de la cadena que sujeta la piedra hasta romperla.

Estampo el colgante contra el suelo y las alas se descuelgan de los laterales. Espero que eso sea una señal de que no vamos a ser ángeles porque seguimos con vida después de esta partida.

Tal y como auguramos cuando decidimos comprarlo, la piedra no se parte del todo, va bien protegida, pero se resquebraja. La calima provocada por la tierra del suelo parece pasar a un segundo plano.

Del interior del colgante se desprende a una humareda blanca y negra claramente diferenciada.

¿Esto significa que no hay nuevo Papa? Algo me dice que en este contexto el significado cambia.

Mi atención se dirige a otra cosa. Una luz blanca con destellos celestes me envuelve y me eleva.

Giro sobre mí misma. ¿Te has dado cuenta de que no me mareo?

A lo mejor tiene algo que ver con la gravedad de estar en el Infierno.

Este momento hubiese sido de película con un clímax apoteósico si no se me hubiera enganchado la cordonera de las Converse con una estalactita y hubiese salido despedida hacia el suelo.

No me juzgues, llevo años con mis alas como decoración de interior, hasta hace nada no sabía ni cómo desplegarlas.

Estoy en problemas. La banda del patio infernal me acorrala.

Azazel no duda y se acerca. Lanza sus dientes de marfil y los alarga hasta funcionar como los barrotes de una cárcel improvisada.

El resto duda. Lo veo en sus miradas discretas hacia el trono, en la tensión de sus hombros y en los ojos de Lucifer.

Me atrevería a decir que busca controlarlos.

No entiendo cómo funciona el asunto, me pilla un poco abajo todo esto, por el pequeño detalle de venir del Cielo.

—¿Acaso no has entendido que ahora es contigo con quien quiero jugar? —Azazel no presume de su velocidad prodigiosa. Al contrario, un pavo real en fase de procreación se pasea menos que él ahora mismo.

—En el Infierno el único mandatario soy yo. —Este es Lucifer, ese con el que, según Dios, no tendría un encuentro favorable. Las comparaciones son odiosas. Casi me parece más agradable él que el lanzador de dientes.

Tiene el puño ligeramente apretado. Su voz destila autoridad, pero nada de nerviosismo. Sus palabras van dirigidas a mi actual perseguidor, quien lo mira con desdén y cierto desafío. No sé qué está pasando. Pero me sirve, para mí es tiempo.

—Hace tiempo que tus intereses ya no son los mismos.

¿Desde cuándo una sentencia útil es directamente la pena de muerte?

¿Dónde ha quedado el juego, jefe? —Muevo las manos y empiezo a notar un calor muy intenso en la punta de los dedos.

No es la misma sensación que tuve al enfrentarme a ese incendio.

Tampoco es el mismo cuerpo, ahora que lo pienso. Este vuelve a ser solo mío.

—Mi Infierno, mis normas. —Un escalofrío me recorre el cuerpo. Es un instante. Planteo la posibilidad de que la voz de ultratumba de Lucifer lo haya provocado. En cambio, veo mi dedo índice congelado. Por el jefe, me van a poder vender como helado.

—Venga ya, Luci. Desde que te metiste en el papel de empresario el único rendimiento que buscas es el tuyo. ¿Dónde quedamos nosotros?

Uy, que están cayendo bolas de granizo sobre los dientes. ¡Las he hecho yo!

—Desde hoy, todos los ángeles caídos nos declaramos en huelga.

No vamos a tolerar el impedimento de disfrutar nuestras funciones.

La tortura es la única forma que tenemos para liberar tensiones.

Además, ¿dónde queda nuestro lema? «Quién por la Tierra pasa pecando, en el Infierno terminará cobrando».

—Ahí va, este me suena. ¿Es posible que me lo haya cruzado en el Purgatorio?

Ay, voy a atarme las cordoneras para poder enfrentarme a las bestias con algo más de dignidad.

—Mefistófeles… De ti es de quien menos esperaba semejante traición. —Lucifer se ha dado cuenta de que esto es un motín. Y le da igual. Ojalá yo tenga esa confianza para poder pedirle unas vacaciones reales al jefe. ¿Si me concentro se me pega por ósmosis?

Oh, oh.

Una estalactita de hielo vuela hacia el trono con una trayectoria perfecta.

El nuevo ángel caído desbloqueado podría haberse dedicado en su anterior vida a la competición en lanzamiento de pértiga.

Me lo creería. Ahora sí que se ha liado.

Subimos de nivel: abandonamos el motín de cárcel a un inicio de golpe de estado.

Lucifer empieza a brillar con un aura luminiscente.

El fuego azul emanado por su cuerpo me molesta especialmente en los ojos. Desventajas de tenerlos claro.

Yo, aquí, como quien no quiere la cosa, me voy acercando poco a poco hacia Maalik, arrastrándome por el suelo.

A ver, no soy una guerrera. ¿Podría enfrentarme en una batalla colosal?

Seguramente no. Si solo hizo falta un pistacho para borrarme del mapa.

No me pidas más, bastante que he sacado agallas para venir a por el pelirrojo.

Sigo descompuesta por el viaje en aspiradora.

El fuego cruzado, por llamarlo de alguna manera, estalla de forma demoledora. El suelo tiembla, el techo se desprende y las gradas se vacían. Vaya, ahora a los demonios ya no les gusta el espectáculo.

El frío sigue en mi cuerpo, atándose a mí como una segunda piel. Juego con él y lo desplazo. Diría que soy invisible para ellos, pero en realidad es que el Infierno está en juego.

Con destreza, Lucifer crea unas cadenas de fuego azul.

Los primeros en caer son aquellos sin nombre para mí.

Tampoco es que hayan sido grandes espartanos aquí los compañeros.

Para vivir en el Infierno tienen poco trabajado lo de liquidar al personal.

Bueno, ahora que lo pienso aún no es final de mes, a lo mejor son tan rígidos mentalmente por estos lares que no pueden hacer la liquidación a destiempo. Quién sabe.

Sé lo que tengo que hacer. He notado el tirón en lo más profundo de mi pecho.

Me elevo. Azazel repara entonces en mi presencia.

O en mi ausencia en el lugar donde me había dejado.

Una vez arriba, casi rozando una de las estalactitas, apunto directamente hacia Maalik.

Va a protegerse, pero lo invito a contenerse, manteniendo los ojos azules clavados en los suyos, negros como tizones.

Pienso en ese incendio, en cómo controlé el fuego, e intento canalizar lo mismo para el hielo.

Lo consigo y uno de los picos que lanzo libera las cadenas de Maalik.

Ahora sí que vamos a divertirnos. Juntos.

Maalik vuela a mi altura y el despiste ya se ha terminado, al igual que la tregua. Estos ángeles caídos no van a dejarnos escapar. Un golpe de suerte demasiado bueno como para creer que todo va a ser tan fácil.

—Qué calladito te lo tenías, ángel, eres toda una caja de sorpresas.

Maalik me da un beso en la mejilla y mi aura se mezcla con la suya.

Noto ese cordón que nos une, esta vez siento cómo nos envuelve.

Nos protege. Esto no viene del Cielo. Es algo nuestro que combina cada uno de los momentos que hemos pasado juntos.

Detecto su intento de abrazo hasta que una especie de onda expansiva me manda a picar hielo.

Literalmente. Menos mal que se me ha activado el airbag del congelador corporal recién descubierto.