CAE: Condenados a encontrarse Capítulo 25
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Capítulo 25

Brisa

E l collar está calladito, pero las alarmas de mi cabeza suenan tan fuertes como los tacones de la vecina de arriba en una mañana de resaca. Lo que me faltaba, ahora es el Purgatorio quien me reclama.

Me sumo a lomos de Nimbusito y le pido que me lleve a casa.

Maalik y Muriel no nos acompañan. Parece ser que el ángel necesita tomarse un respiro.

Yo creo que, si el demonio la dejara sin aire, tendría mayor efecto y mejor pronóstico lo de tranquilizarse.

Pongamos un tupido velo. Porque el tupé ya me lo pone Nimbusito atravesando las calles a la velocidad de la luz aproximadamente.

Hay que recordarle que el único resistente al viento es él, por mucho que para el mundo seamos invisibles.

Llegamos a casa en tiempo récord. Preparo la conexión con mimo, no quiero que nada falle.

Si no voy a cumplir el suplicio con Gladis antes de tiempo, y no me apetece.

Los ojos se me ponen en blanco, lo noto porque la mente también.

Respiro profundo y el ajetreo del Purgatorio me recibe.

Las alarmas ahora suenan más fuertes, con esa cadencia repetitiva que te deja con los tímpanos perforados.

—Niña, ¿por qué has tardado tanto? —Gladis me lanza su maza y yo la esquivo sin mucha dificultad. La vieja tiene malas pulgas, pero pésima puntería.

—Por intentar controlar al fugado y a la becaria, es decir, justo lo que me mandasteis. ¿Qué es lo que pasa? ¿A qué se debe tanta urgencia? —pregunto viendo al conjunto de almas correr despavoridas por la estancia diáfana.

—Ha habido una fuga de almas corruptas. Vais a tener que traerlos de vuelta.

A todos. Son capaces de generar cambios en la tierra.

Aún tienen la esencia, por lo que pertenecen a ambos mundos.

Muchos de ellos son rencorosos, solo buscarán asustar a quienes les fastidiaron.

Otros son vengativos. Estos últimos son los peores.

Resulta que son capaces de alterar la realidad tanto como para desestabilizar mentalmente a sus víctimas.

Buscan matarlos, pero también asegurarse de que irán al Infierno.

De esa forma, será Lucifer quien gaste su eternidad torturándolos.

Son unos psicópatas de manual.

—¿Y cómo se supone que vamos a capturarlos? Creo que en mi sueldo (el que no me pagan) no entra esto de «imagina ser cazafantasmas». —Cada vez me piden más. Lo peor es que ni muerta me voy a librar de esto, literalmente.

—Toma. Usaréis esta aspiradora celestial. El depósito está conectado directamente con el Infierno. Estas almas ya han perdido la oportunidad de tener su juicio.

Me entrega la misma aspiradora que tenía mi abuela. De esas con cable que tienes que ir moviendo de enchufe para que te llegue a la zona que quieres. ¿Soy la única que ve esto como una auténtica estupidez?

—¿Tantos años lleva el Cielo en pie y no habéis sido capaces de elegir como objeto celestial la nueva Dyson? No sé, si tanto os interesa lo de salvar la humanidad, quizá deberíais ayudar un poco mejor a los trabajadores —comento con cierto matiz sarcástico en la voz.

—Cállate y deja de quejarte, niña. Aún tienes que dar gracias al jefe por la evolución que hemos tenido. Antes, el sistema rudimentario era una pajita y la captura dependía de la capacidad pulmonar del cazador. —Ahora mismo llevo la cara de Scream sin llevar la careta.

Cojo la aspiradora y corto la conexión de inmediato. Lo siguiente que noto es el mullido lomo de Nimbusito que me recibe con una dulzura compatible con su apariencia de algodón de azúcar.

—¿Cómo ha ido la reunión con la vieja? ¿Qué se cuenta? —Bajo con aspiradora en mano—. Eh, eh. Sé que he ido un poco rápido, pero tampoco es para que me aspires.

—Es para mandar al Infierno a las almas corruptas que se han escapado a la tierra.

—Últimamente hay muchas fugas ahí arriba. ¿Acaso no hay en el Cielo muertos fontaneros o informáticos?

Lo miro con la duda en los ojos y él la detecta.

—¿Por qué me miras así? Los trabajos en el Más Allá perduran. Si el escape de almas viene de la tubería de salida del Purgatorio que contraten a uno. Si por el contrario es por una caída de la red celestial que llamen a un informático. De verdad, la esclavitud selectiva los deja en evidencia.

—¿Y si el problema está en el desagüe? —pregunto con curiosidad real.

—Pues se podrá decir que lo de las almas extraviadas es una auténtica cagada celestial.

Nimbusito se ríe. Yo también. Creo que podríamos llegar a ser muy buenos amigos si no nos separara la vida. Me refiero a que yo estoy viva y él muerto. «Pero Brisa, contactas con espíritus, no sería una relación imposible». Cállate, María Luisa, que ya te estás montando demasiadas películas.