CAE: Condenados a encontrarse Capítulo 24
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Capítulo 24

Maalik

L a brújula ha debido de perder el mapa celestial o es que las interferencias terrenales le están pasando factura.

La cuestión es que llevamos casi una hora dando vueltas como gilipollas.

No sé, parecemos perros que se buscan la cola antes de tumbarse.

Voy a empezar a tirar trozos de nube por el camino para no volver a perdernos.

Se me quita la idea en cuanto lanzo el primer pellizco hacia Nimbusito y el colega casi me criogeniza.

—¿Estás segura, ángel, de que no has vuelto loca a la piedra por colgártela en las tetas? —A ver, hay que empatizar con la pobre. Tiene que estar mareada de tanto bote.

La mirada que me lanza es homicida. Brisa tampoco me mira mucho mejor. Es posible que mis dotes de ligoteo hayan menguado estos últimos cien años por falta de uso y lubricante, pero no me considero tan nefasto.

—Ánimo, demonio, que seguro que antes de que te vuelvas a morir alguien patenta un Tontinder , especialmente adaptado para tu retraso. —Gracias, Nimbusito, por tanto.

Unos ladridos cortan nuestra conversación.

Total, era innecesaria. Hace tiempo que tengo la lección aprendida: mi destino está escrito por el jefe y, en cada uno de los caminos, los recorro solo.

Bueno, si nos ponemos puristas, mucho ha levantado la mano con esta excursión entre mundos.

¿Quién puede decir que ha intercambiado su cuerpo con un ángel, ha intentado sin éxito colocarse esnifando a una nube y ha escuchado el Más Allá con una médium que lleva la radiopatio interterrenal?

Exacto, solo yo. Y tú lo sabes por cotilla.

Lo primero que veo es la cara con mandíbula desencajada de Muriel.

Lo siguiente, la negación de cabeza de Brisa, que se coloca la mano como si fuera una visera baja para no ver lo que le rodea.

La banda sonora la pone Nimbusito, que tiene una risa tan estridente como profunda.

Una combinación letal capaz de generar pesadillas, si me lo preguntas.

Frente a nosotros, que estamos en un parque donde los árboles son de plástico sintético, un grupo de personas que andan por el suelo a cuatro patas lanzan ladridos al aire.

¿Es carnaval y no me he enterado? O es que la humanidad sigue buscando la forma de ganar el Récord Guiness a la especie más ridícula.

Debe de ser eso, dan premio. Por una cantidad generosa de ceros en un cheque, yo me pongo también la careta de perro y participo en un torneo de esos donde pasas por tubos o reequilibrar un balancín contigo arriba.

Exacto, al estilo Nintendog , que lo de las descripciones no son lo mío.

—¿Todo bien en casa, chicos? —Nada más acercarme, la probabilidad de contraer la rabia es tan grande que mis alas amenazan con salir sin estar invitadas.

—No te van a contestar, son perros —dice una señora que pasea a un perro de los de toda la vida, no como estos.

—Son adolescentes hormonados. Creo que se han confundido de especie.

A no ser que la ciencia haya evolucionado tanto como para poder mezclar el contenido genético de ambas para sacar una versión mejorada.

—Oye, es una buena idea, si las personas quisieran como lo hacen los animales se acabarían muchas de las guerras que, hoy en día, aún quedan activas.

—No, muchacho, son therians . ¿No te has enterado? Acogen su espíritu animal como propio y externalizan su afinidad con la especie con la que se identifican.

Tengo que preguntarle a la señora dónde se ha hecho el máster.

Vale que hemos estado un poco liados con el tema de la brújula y evitando no enredarnos de otras formas, pero que esta noticia no nos haya llegado ni de forma aleatoria es un signo muy malo de que nuestra cabeza está más allá que pa acá.

Cada vez se van uniendo más personas al grupo.

Ya se empiezan a oír sirenas de policía.

Las luces también conforman sombras a lo lejos.

Estoy tentado a comprarme una bolsa de pipas y sentarme en un banco.

Total, los demonios en el Infierno hacían lo mismo conmigo.

Aunque la lección no me servía demasiado, así que dudo que les vaya a funcionar a ellos.

Por perro, solo me siento, digo, por vago. Qué pereza ir a comprar ahora. ¿Ves? Un pecado capital. Aunque no hubiese matado a nadie, hubiese terminado en el Infierno igual, hazme caso.

Se lía. Tanto que Brisa, Muriel y yo terminamos a lomos de Nimbusito. No vaya a ser que nos pillen como testigos. Capaz que no solo tenemos que comernos los juicios de Purgatorio, si no también los de aquí.

A parte de que el número de adolescentes da para que se considere una concentración ilegal, resulta que vienen a unirse a la fiesta las personas con ideas totalmente contrarias.

Un grupete, poco majo, de diez o doce personas, así a ojo, se acerca con pancartas.

Mierda, recuerdos de Vietnam. No me interesa ahora mismo recordar el peso de Muriel sobre mí.

Tarde. Qué putada esto de haber recuperado mis signos visibles bajo regulación hormonal.

—¡Si se sienten animales, que los traten como a iguales! —corean los recién llegados.

No sé qué es lo que piden, pero la rima es pegadiza. Es posible que esta noche mi cabeza no la repita en bucle.

—Me tenía que haber quedado yo abajo, seguro que la señora del perrito me podría estar aclarando todo esto. —Lo de escondernos nos quita demasiada presencia. El chisme no llega igual.

—Claro. Y que te muerda uno de los adolescentes y que se te active tu combustión espontánea. No pienso sacarte de la cárcel, demonio, pórtate bien ahora que puedes.

Muriel me coge de la mano, como si realmente tuviera miedo de que me tirara abajo desde Nimbusito. Normal, es justo lo que iba a hacer, y ya tengo antecedentes: lanzarme desde el Purgatorio. Me fastidia que me conozca tan bien.

«No te conoce, solo te escucha», dice la voz de mi cabeza. Y, joder, no sé qué me da más miedo: el hecho de notar brechas en mi interior donde solo hay oscuridad y su luz pueda colarse o esa sensación de que ya no estoy solo porque realmente no lo merezco.

Dejo mi palabrería mental para centrarme en los acontecimientos. No sé qué pretende el jefe que hagamos con esto.

—¡Exigimos que la legislación proteja a nuestros hijos! —El calvo que grita no es un padre de therian . Lo sé porque le ha faltado escupirles.

—Váyanse. Controlaremos nosotros la concentración y volverán a sus casas. —Una policía controlada por inteligencia artificial y con aspecto robótico habla con más asertividad que muchos de los policías humanos de mi época.

—La ley animal indica la esterilización para control de plagas. ¡Queremos lo mismo! Si respetamos su identidad, tienen que adaptarse a todo lo que conlleva.

La abuela vestida de Barbie gimnasta habla con la misma fuerza que le da pilas para abrir los ojos otro día más. Calculo que esta señora nació cuando yo morí. Tal vez, hasta compartiéramos tierra durante un breve periodo de tiempo. No me gusta la repetición del VAR que me muestra ahora.

—Su petición está siendo tramitada. Ha llegado de forma directa a nuestra presidenta, quien está reunida en la cumbre de naciones no extinguidas. Se dará resolución a la mayor brevedad posible.

—No, no. ¿Pero no veis la barbaridad que estáis diciendo? —Sí, al final ha sido Muriel la que ha saltado de la nube como si le llevaran los demonios. Yo sigo sentadito, a mí no me mires, no he secuestrado a nadie. Aún.

—¡No nos podemos fiar de la selección natural! —Al calvo y a la Barbie los hubiera visto en el First Dates de la época. Y se hubieran ido juntos, aunque se llevaran treinta años.

—Por favor, estáis hablando de muchas vidas.

Tanto la de estos jóvenes que solo buscan sentirse cómodos en una sociedad con un molde que los aprieta, como la de su posible descendencia.

Mirad el punto contrario. Si fueran vuestros hijos los que buscaran una nueva identidad con la que sentirse mejor, ¿qué haríais?

—Mi ángel tiene don de gentes, lo que pasa es que está hablando con personas sin dos dedos de frente.

—Mis hijos nunca harían semejantes tonterías. Tienen una educación impecable.

Ahora es la señora del perro, la experimentada en el tema, la que habla. Ya tardaba en perder la objetividad. Nada como un hijo para tocar el orgullo de los padres. Baja ego, que sube la señora sin necesidad de ascensor ni nube.

—Por supuesto. Una educación basada en la ausencia.

Una forma de criar a distancia mientras vuestros hijos ven cómo recibís a los perros con besos y caricias y a ellos con gritos y prisas.

Todo el día con los abuelos, que han pasado a ser jubilados esclavizados.

No me extraña que estos pobres adolescentes quieran ser otra cosa, la humanidad hace tiempo que se ha cargado la infancia.

Y ha dado en la llaga. Lo sé porque ciertas personas se quitan alguna lágrima.

La culpa también moviliza el alma. Por el momento, la congregación de pancartas se retira.

Los therian juguetean con los verdaderos perros.

No creo que esto sea lo mejor para ellos, pero tampoco la solución de los indignados conservadores es defendible.

También te digo, si el cuidado de la salud mental fuese gratuito, seguramente nos ahorraríamos muchos disgustos.

Miro la piedra que cuelga del cuello de una agitada Muriel. Un cuerpo tan pequeño gritando… se ha quedado sin aliento y todo. No hay ruido, no hay señas. Solo un silencio garrafal que puede significar dos cosas: una, que hemos esquivado la bala; u otra, que la hemos cagado.