CAE: Condenados a encontrarse Capítulo 13
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Capítulo 13

Brisa

C reo que deberíamos bajar a ayudarlos, como alguien los pise de más vamos a tener problemas y no me gustaría tener que cruzar el velo para poder hablar con ellos.

Me asomo por la nube, aunque tiendo a ocultarme en exceso.

No termino de creerme lo de la invisibilidad, y aquí una es chismosa, pero vergonzosa.

—¿Y perdernos la intensa escena de magreos que están teniendo ahora mismo sin que cortocircuiten? Querida, me entretienen mucho más estas chispas que las que suelta el demonio fugado.

No pasa, porque Nimbusito es una nube, pero me invento su imagen humana y lo siento, en mi cabeza, en un sofá con un cubo de palomitas entre sus manos.

¿Que cómo me lo he imaginado? No te lo pienso decir, porque capaz que vas a interpretar que es mi prototipo ideal y te vas a pasar todo el día intentando unir nube con humana con exceso de sensibilidad.

Y así una no puede concentrarse en salvar el mundo o, más bien, ayudar a salvarlo.

Maldita Gladis y maldita también mi manía de querer caer bien a todo el mundo.

Si hubiera dejado que me barriera a escobazos el primer día, como hace con todos los que husmean su terreno entre reinos, no hubiera llegado a engatusarme para ser la niñera de este par de seres unineuronales que solo saben discutir el uno con el otro.

Me fijo en que, efectivamente, demonio y ángel están en contacto piel con piel, haciendo casi el método canguro y no se ha prendido fuego nada ni nadie.

Tengo que investigar este fenómeno en cuanto lleguemos a casa.

También debería subir al Purgatorio para que me cuenten novedades sobre las posibles alternativas de apocalipsis para servir de guía, aunque la verdad es que el tema me da una pereza…

Con lo bien que estaba yo vendiendo en la inmobiliaria y jugando, de vez en cuando, entre velos.

—Nimbu, voy a viajar, asegúrate de que mi crisma quede sobre tu lomo, no vaya a ser que hagamos lluvia de sesos, en vez de lluvia de agua, y la gente comience a sospechar que no eres una nube normal.

—Me siento sobre la nube en posición de buda y espero la respuesta de mi chófer improvisado antes de conectar con el casi Más Allá.

—Descuida, bruja, yo seré tu nada humilde corcel y te protegeré con mi acolchonado lomo. Ahora vete y tráeme chisme, esta nube necesita gasolina para subsistir.

No le digo que soy médium y no bruja. Es tiempo perdido enseñar a un ser celestial que ese término, hoy en día, ya no se usa.

Cierro los ojos y noto sus movimientos rápidos hasta en mis córneas. Realmente parece que estoy leyendo algo a la velocidad de la luz, pero no, solo estoy conectando con el Purgatorio.

Cuando subo, todo es un caos. Me atrevería a decir que Maalik controlaba mejor las almas que el actual demonio mayor al mando, y mira que el demonio fugado no es que lo llevara sumamente bien.

Esquivo a varias almas inquietas. Ya, lo sé, solo las atravesaría, pero oye, que se llama empatía.

Estoy convencida de que cuando te mueras no te gustaría que un transeúnte con complejo de lanza te atravesara.

—¿Dónde está esa cerilla humana? —Bajo la cabeza para contemplar a Gladis, con su tamaño hobbit. Lleva el mazo en la mano, o acaba de tener juicio o es que tiene intenciones de amenazarme.

—Bajo la estampida de una panda de humanos inconformistas. —No sé para qué me pregunta, si alguna vez la he pillado viendo imágenes de la tierra en una especie de televisión que tiene bajo el estrado desde donde juzga.

—Niña, las cosas se están complicando demasiado en la tierra. Cada vez la humanidad tiene menos esperanza y la oscuridad está opacando todo. —Por una vez, el criterio de Gladis me parece totalmente válido. Además, me ha llamado «niña» y eso hace mucho bien a mis oídos de cuarenta y tantos.

—Lo sé, vivo ahí, no te necesito como abogada del diablo. —Me cruzo de brazos y muevo la punta del pie con ritmo.

—Cultiva el vínculo que tienen la becaria y el demonio. Como este se rompa, la cerilla humana va a mover Cielo y tierra, independientemente de la empresa o departamento, hasta encontrarla. Su separación va a ser suficiente como para desatar el auténtico fin del mundo.

La conexión que me une al velo se esfuma y despierto sobre Nimbusito.

La cabeza me martillea, me falta medicación y me sobra esfuerzo.

No está pagado todo esto. Ni con una plaza VIP de jubilada en el Cielo recompensa tanto sufrimiento por servir de enlace como médium.

En fin, a ver cómo le cuento a la nube que nuestra misión es ser celestinos sin que se transforme en un toro mecánico y me lance por los aires.