CAE: Condenados a encontrarse Capítulo 4
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Capítulo 4

Maalik

H oy es festivo en el Infierno, aunque no te puedo decir muy bien para quién.

Los festivos en la tierra, generalmente, iban ligados a la religión cristiana, al menos en mi país natal.

Aquí abajo, donde el fuego rodea a las almas del Inframundo, los festivos son la celebración de ascenso de los demonios menores.

Aunque los ángeles caídos son la máxima potencia en estos lares, los demonios mayores tienen ventajas bastante reseñables, la única que me interesa a mí, y por lo que me planteo presentarme a las pruebas, es la de poder trabajar como funcionario.

Esta figura infernal tiene ciertos atributos como, por ejemplo, tener acceso al Purgatorio.

A lo mejor ese sitio te parece ahora mismo horrible por la incertidumbre que conlleva al séquito de almas nuevas, pero compañero/a, ya has visto cómo me tratan aquí.

Con sumo gusto le lamería el culo a Gladis con tal de salir de este humeante antro que huele a orín de hiena chamuscada.

Es más, me atrevería a decir que sería capaz de hacerlo de forma literal si así la vieja me deja caminar por sus dominios.

Como ya os he dicho, la tormenta de fuego, hielo y arena que acompaña mi existencia ha amainado para celebrar el ascenso de Dereck.

Recibe bajo aplauso sus alas de pluma negra.

A mí me apetece mucho arrancárselas todas de una en una para hacerle una cama nueva al perro de tres cabezas que vigila la puerta de salida del Infierno.

A lo mejor entiende el detalle como soborno y me deja salir sin tener que ser elegido para pasar la prueba.

Los vítores cesan cuando Lucifer se levanta de su trono de hierro. El metal que lo conforma empieza a arder cuando sus alas colosales se despliegan rodeadas de ese fuego azul que las hace tan únicas. Bueno, eso y que son las únicas con la capacidad funcional de volar.

Si ya me conoces un poco, te preguntarás qué coño hago yo aquí viendo este espectáculo, que ni me va ni me viene, en vez de descansar en mi único día de libre de tortura hasta a saber cuándo.

Bueno, pues es que aquí no pasan lista como en el cole terrenal, pero si no vienes al ruedo pierdes la oportunidad de ser elegido próximo aspirante a demonio mayor.

Esta entrega de premios para Dereck, ganador de las últimas pruebas, implica una nueva oportunidad para los que salgan elegidos como aspirantes.

Llegar a las pruebas o no depende del verdadero jefe, alias Dios.

Para mí es una pérdida de tiempo. Lucifer me tiene tan atado de manos en esta mierda de lugar que es imposible salir elegido.

Ya se encargará el «no jefe» de amañar todo lo posible para no soltar la correa que me echó al cuello nada más llegar aquí.

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde.

Ahora sé que lo último que se pierde es la vida y que todo empeora más, si cabe, con la muerte.

Todas las alas de plumaje negro, prendidas en fuego, se apagan de golpe. Se hace la oscuridad en el sitio donde surgen las sombras. Contengo la respiración, casi por instinto, aunque la coherencia brilla por su ausencia: no debería tener instinto de supervivencia si ya estoy muerto.

Unas cadenas se unen a mis tobillos por arte de magia.

No es magia. Bueno, un poco sí. Porque lo de los seres invisibles tampoco se estilaba en la tierra que me vio nacer y crecer.

Hay almas condenadas a ser invisibles, principalmente aquellas que en su vida terrenal manipulaban a las personas y vestían con orgullo un traje de narcisismo y prepotencia, mal camuflado bajo una alta autoestima.

Una curita de humildad les venía bien, así que me parece genial que todas las almas que necesitaban llamar la atención no puedan ser vistas.

Lo que no me parece tan bien es que puedan ser utilizadas en nuestra contra, como ahora mismo, vaya.

Tiemblo. No yo, el suelo entero tiembla, y la poca base de sustentación que tengo hace que me caiga para atrás.

La culada ha debido de sonar hasta en la tierra.

Esto me parece altamente frustrante, tantos años de boxeo para que unos seres invisibles me pillen con la guardia baja.

Manda huevos. Me contento escuchando los golpes de los demás, al menos no soy el único patoso de la zona.

Con las rodillas en un ángulo sobrehumano, espero a que el fuego lo ilumine todo.

La compuerta de cristal se abre para dejar entrar los rayos de luz solar directa del Cielo.

¿Has visto alguna vez Los Simpson? Pues es tal y como ocurre cuando aparece Dios en el capítulo: un foco de luz nos escanea como si fuésemos productos de supermercado, con código de barras incluido.

Cierro los ojos, agradeciendo que mis iris no sean de color claro.

Me hubiese quedado ciego con tanta luminosidad.

Supuestamente, nunca he sido el elegido, el foco de luz calienta tanto que cuando encuentra al demonio menor adecuado aumenta la temperatura del metal de sus grilletes hasta fundirlos, liberando así al recluso, dándole la opción de promocionar.

¿El problema de todo esto? No eligen solo a uno.

De ahí la prueba, únicamente se concede un ascenso por temporada.

La serie puede ser tan larga como Jane the virgin , por lo que a saber cuándo vuelve a ocurrir esto.

Siempre lo he comparado con los eclipses de sol, por eso de que luego la oscuridad vuelve a comerse de nuevo a la luz.

Sensaciones muy parecidas a las que me provocan las torturas diarias de mi condena empiezan a escalar por mis piernas.

¿Pero qué narices? El calor trepa por mi cuerpo y empiezo a notar el metal fundido deslizándose por mis piernas.

¿Y el pantalón? ¿Por qué no ha servido ni mínimamente de barrera?

Cuando me quiero dar cuenta, mis dos piernas terminan hechas cenizas.

Un momento. No. ¿Significa esto que…? LA LUZ ME HA ELEGIDO. ¡Que me han liberado!

En lo que tardan mis piernas de polvo en retomar su forma original, de carne y hueso, descubro lo que es el verdadero caos.

Las alas de Lucifer echan chispas, muchas, creo que acaban de cortocircuitar.

El resto de ángeles caídos no reacciona.

Los esbirros de Lucifer ni siquiera se molestan en fingir que no estoy de lleno en su punto de mira.

Una cantidad ingente de lenguas de fuego azul se dirige hacia mí.

Los demás espectadores corren de un lado a otro del ruedo, evitando la lluvia hostil que trae consigo promesa de cenizas.

El calor que he notado en mis piernas durante el proceso de liberación comienza a hacer que me hierva la sangre.

Esquivo con agilidad unas cuantas lenguas.

Ya conozco cómo termina esta historia y en cuanto la fatiga me gane la batalla, mis cenizas caerán sobre el suelo de mi celda.

Me da a mí que el festivo se ha terminado.

Azazel prepara sus colmillos, pero Lucifer lo frena reteniéndolo con la mente, sin tocarlo, y yo aprovecho el inciso para huir.

Cuando Luci quiere ocuparse personalmente del asunto es porque le ha tocado los testículos a dos manos.

Creo que no os había dicho esto, pero al jefe del Infierno no le hace falta tocar a los ángeles caídos para conseguir que obedezcan, maneja sus voluntades a su antojo, una simple mirada basta.

También te digo, el tiro le salió por la culata, por intentar tener bajo su yugo total a los más poderosos, no puede manipularnos telepáticamente al resto de los demonios.

Aunque la verdad es que le sobran maneras físicas y creativas de torturarnos.

Una llama roza mi pelo, pero el olor a quemado no llega. Sigo corriendo en sentido contrario al rey del Infierno. Parezco nuevo, sé perfectamente que el pasillo de las celdas es un callejón sin salida, donde Lucifer va a acorralarme y me va a hacer polvo, literalmente.

Me choco por el camino con algún alma invisible, si no quieren ser atropellados que se pongan un chaleco fluorescente, bastante tengo con el percal de la persecución ahora mismo.

Utilizo los barrotes de las celdas que conforman las paredes del pasillo para impulsarme y ganar algo de velocidad.

No sirve para nada. Lucifer se cansa de jugar al gato y al ratón, aterriza frente a mí con las alas cubiertas de fuego azul.

Negaré haber dicho esto, pero se nota que es el primer ángel caído, ha aprendido a caer con una elegancia envidiable.

—No vas a ir a ningún sitio. —Ni un pelo se le ha movido de la cabeza, debe llevar diez litros de gomina terrenal.

—No lo he decidido yo, ha sido la luz. —Creo que el ascenso de los demonios menores viene directo del Cielo, es decir, del jefe de verdad. Imagino que es la forma de tocarle los huevos a Lucifer para que se meta en sus propios asuntos.

—La luz jamás elegiría a un gusano como tú.

Podría fingir que me ha dolido el comentario, pero sigo recuperando los pulmones que he tirado durante la carrera.

—Los grilletes se han abierto, el metal se ha fundido, el Cielo ha hablado —afirmo con un convencimiento que realmente no tengo.

—Vas a cumplir tu condena durante toda la eternidad, y eso es incompatible con tu promoción interna.