Cada maldito segundo (Algo como nosotros 2) 6. SADIE #3
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6. SADIE #3

Papá lloraba en silencio a su lado mientras que mamá permanecía más estoica que nunca, como si lo que estaba sucediendo no tuviese que ver con ella.

La contemplé con atención. Manejaba la expresión, siempre lo había hecho, pero no era una experta.

Escarbé en sus facciones y me di cuenta de que bajo la superficie inexpresiva daba la sensación de que de un momento a otro iba a vomitar.

Tragaba saliva con frecuencia. La barbilla le temblaba.

Tenía los dedos crispados a ambos lados del cuerpo.

Trataba de que no se le notase, pero estaba descompuesta, y no apartaba las pupilas de la pantalla.

No sé por qué a mi cabeza vino el recuerdo de una de las sesiones que habíamos compartido.

La psicóloga nos había preguntado con qué animal nos identificábamos.

Yo le había respondido que el gato, porque tenían carácter propio, no se dejaban mangonear y eran capaces de poner límites. Claire había contestado que el canguro.

—¿Por qué? —La psicóloga le había realizado la misma pregunta que a mí.

—Porque solo saben saltar hacia delante.

En aquel momento lo había tomado como una respuesta absurda a una pregunta tonta que no nos ayudaría, pero entonces le encontré el sentido.

De algún modo ambas habíamos proyectado lo que queríamos, no lo que éramos.

Yo deseaba ser solitaria, independiente, invencible, lamerme las heridas y valerme siempre por mí misma sin que la opinión de los demás me dañase.

Ella, saltar hacia delante. Solo hacia delante.

Futuro. Futuro. Futuro. Sin pasado. La amargura en la que se había afianzado para poder sobrevivir estaba forjada de los momentos indeseados, los que le hicieron daño, ellos la alimentaban.

Pero en el pasado también existían buenos instantes y la desestabilizaban.

Le hacían agujeros. Encontraban puntos donde atacar.

Desconocía qué había sucedido en la cabeza de Maggie Banks desde que nos quiso hasta que nos rechazó como si fuéramos un lastre, si de bebés le parecíamos una cosita adorable y luego un trabajo que le robaba demasiado tiempo a la mujer que amaba, si el capricho de tener hijos terminó cuando aparecieron las responsabilidades, si no lo pensó bien, si cambió de opinión.

Lo que sí que podía reconocer era que Claire estaba haciendo un esfuerzo horrible para regalarnos aquello que de otro modo nunca habríamos tenido, los instantes de amor infantil que con el paso del tiempo nadie recuerda.

Las personas no cambian, pero se corrigen.

Eso fue lo que vi mientras se emitía aquel vídeo.

Una mujer de hierro que no nos diría palabras bonitas, pero que estaba soportando descargas de calor fundente para compensarnos por todo lo acontecido y demostrarnos que era distinta.

La persona reservada que nunca dibujaba sonrisas, hablando frente a una psicóloga extraña para que la ayudase y tomando un café conmigo.

Cuando Claire fue alcohólica nunca buscó ayuda hasta que la forcé, pero ahora lo estaba intentando por voluntad propia.

Y esa ligera variación tenía que importar.

Importaba . Aunque su efecto no fuese milagroso.

Al vídeo le siguieron otros. No muchos. Pero suficientes para que con el sexto Freddie les dijera tratando de disimular la voz ronca:

—Si queréis sentaos. Me incomodáis tanto allí como aquí.

Él también era consciente de los esfuerzos por parte de Claire, a pesar de no estar preparado para reconocérselo.

Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que aquella sesión fue más de ella que de Maggie.

A la actriz la vimos haciéndonos carantoñas.

Claire nos demostró lo que estaba dispuesta a hacer por nosotros.

Al acabar, nos anunció que nos entregaba sus vestidos, eran nuestros, siempre nos habían pertenecido.

Ni Freddie ni yo dijimos nada. La estancia se había sumido en una especie de silencio cómodo repleto de paz que nos abstraía y acunaba.

Habíamos recibido instantes y habíamos soltado tensión, enfado.

Pero, como siempre, la vida volvió a girar.

Freddie me acarició el brazo y al levantarme tuve la sensación de que la película que habíamos ido a ver terminaba y se iniciaba una nueva. Ellos también se pusieron de pie.

No podría reconciliarme con la Claire del pasado, pero quizá sí que había esperanza para empezar una relación cordial con la del presente, aunque nadie, ni siquiera yo misma, sabía en qué desembocaría.

Pasamos por su lado y Freddie al fin los miró. No dijo nada, pero el gesto fue algo.

Yo sí que me despedí.

—Era lo que necesitaba, gracias.

Claire asintió parpadeando mucho y una lágrima escapó de sus pestañas.

Apretó los labios con fiereza para que ninguna emoción más la desbordara.

Sin nada más que añadir pensaba que me dejaría ir, creo que incluso eso era lo que ella creía que iba a pasar, pero entonces su mano se movió de manera involuntaria y me retuvo un instante agarrándome por la muñeca.

La miré extrañada, y con el gesto algo más controlado me dijo:

—A veces me equivoco juzgando a los demás, y eso se puede aplicar a varias personas.

Fue su forma de decirme «lo siento» por el pasado, y de algún modo adiviné el nombre que se escondía detrás del «varias» y el corazón me dio un vuelco. Dacre y yo ya no estábamos juntos, pero era agradable que de alguna forma ella se hubiera dado cuenta de todo lo que valía.