5. DACRE #3
Claire rompió el silencio. Taponé las grietas de la armadura que recubría mi cara para que no viese las emociones que me despertaba.
El día que habíamos coincidido hizo llorar a Sadie, como yo, pero a esa mujer no pareció afectarle.
Por eso yo la despreciaba. Y cuando despreciaba a alguien no me importaba hacérselo saber.
—Estoy pensando que tienes demasiado buen concepto de ti misma si crees que te dedico un solo segundo de mi tiempo.
—Todavía me guardas rencor...
Dio la sensación de que se trataba de un descubrimiento que había previsto y que le gustaba, lo paladeaba, como si me estuviese sometiendo a algún tipo de examen y lo acabase de aprobar.
Imagino que quería ver hasta qué punto era fiel a mis sentimientos por Sadie, a mi instinto protector, a mis ganas de cuidarla.
Me crucé de brazos despreocupado y le dije:
—En la única ocasión en que tuve el placer de detestarte te aseguraste de que así fuera.
—Cuando volvisteis de la gira... —recordó.
—Cuando interrumpimos la gira más importante de nuestras carreras por ti y por mí. Por favor, no empecemos ahora a restarnos méritos. —Los labios me tiraban, pero no les permití bajarse.
Paseó sus ojos claros por mi gesto, encajando el hecho de que yo hubiese repartido las culpas a partes iguales, y me concedió su visión de nuestro único momento juntos aun sin pedírsela. Creo que fue su regalo por demostrarle que siempre estaría del lado de Sadie.
—Esa noche, la que interrumpisteis la gira y vinisteis a mi casa, te reconocí en mucha gente, ¿sabes?
En personas poco recomendables. Pero más tarde, cuando he repasado lo que sucedió, he llegado a la conclusión de que fuiste muy mal actor y yo una pésima productora.
El impacto me nubló el juicio. Querías que pareciese que te movía la víscera, el impulso de verte atrapado, la desesperación de contar una verdad como última baza para poder seguir utilizándola y que te perdonase.
Te engañaste. Me engañaste . Se trataba de un acto de genuina importancia.
Quizá tú no estabas acostumbrado y por eso no lo distinguiste, pero yo lo debería haber visto.
El bienestar de Sadie te importaba más que ocultar tus cartas y actuaste en consecuencia. Entonces no lo valoré.
»Como digo, te veía tan similar a mí, a otra gente con la que había tratado , que me pareció incluso ofensivo que te planteases que el perdón se conseguía con algo tan sencillo como ser sincero.
Sadie me habría decepcionado si te lo hubiera otorgado.
Pero después he comprendido que ni siquiera se te pasó por la cabeza que ella lo hiciese.
Ahí fue donde te distanciaste de aquellos con los que te había comparado.
La persona egoísta que yo te creía no le habría dedicado ni un pensamiento fugaz a mi hija; tú le dedicaste todos.
Me has desubicado, Dacre Stewart, y debo concederte que eso es del todo excepcional.
Terminó su discurso. No sabía lo que pretendía, así que la miré con desprecio, y con indiferencia le escupí:
—¿Toda esta parrafada es para confesarme que me quieres como yerno? Porque llegas tarde, suegra.
Iba a darme la vuelta cuando ella me explicó:
—Toda esta parrafada es una valoración gratuita y completamente objetiva de una leyenda como yo sobre cómo ve tu interpretación. Te vanaglorias de tu maldad, pero nunca has sido tan malo. Es un papel que en la vida real ningún director de casting te daría.
Dicho eso, estiró el cuello y el tronco para desentumecer las articulaciones y, sin decir nada más ni despedirse de mí, se fue.
A mí no me quedó claro si a su manera quería consolarme, confundirme, demostrarme que era buena persona y que yo estaba equivocado o hundirme en la miseria porque, a pesar de todo, a pesar de no ser tan malo , había perdido a su hija.
Pero más tarde, cuando continué por el calvario de repasar los recuerdos para tratar de superarlos e iniciarme con el marcador a cero, fui capaz de encontrar mis partes buenas dentro del mal que había hecho, de identificar los puntos en los que mi papel de villano flaqueaba, de saber que no retomaría ese tipo de interpretación con Sadie o sin ella.
Fui capaz de creer que merecía arrepentirme y perdonarme, y todo porque Claire me descubrió que, incluso en mi peor momento, existió el amor.
Quizá era algo que ya sabía, pero necesitaba que me lo dijesen en voz alta.
Quizá ella adivinó mis necesidades al averiguar que yo no era quien ella pensaba.
Las personas no cambian, pero pueden enfocarse.
Claire y yo no nos reconciliamos, pero a su modo me ayudó.
Puede que porque al utilizar palabras sobrias, mordaces, punzantes, con una expresión altiva, me las creí.
No me reconoció que era bueno, pero sí que quise a su hija.
Admitirlo como una verdad irrefutable era el primer paso para olvidarla.
Saber que tenía amor dentro de mí, el facilitador para encontrar una chispa de esperanza en mi interior. Me faltaba una pieza, solo una.
Y Gascón Parker consiguió el papel.