Cada maldito segundo (Algo como nosotros 2) 5. DACRE
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5. DACRE

DACRE

Shonda me llamó un martes por la tarde.

—Ha salido un nuevo casting para una obra de teatro —dijo, y no me extrañó que me telefonease para contármelo a pesar de que yo estaba trabajando y no lo necesitaba.

Por aquel entonces empalmaba dos rodajes.

Los de Disney me querían para el papel de un príncipe que rompía los estereotipos, a pesar de que la protagonista era la bruja de la que se enamoraba, y me habían pillado en plena grabación de otra producción.

Nadie le decía que no al ratón, así que desde Dirección de las dos películas se las ingeniaron para adecuar mis horarios con tal de que no se solapasen y pudiese participar en ambas.

Como digo, no me sorprendió, aunque me pareció demasiado para que un cuerpo humano aguantase el ritmo, pero estaba dispuesto a dar todo de mí hasta la extenuación.

Actuar me gustaba, copaba todo mi tiempo y me impedía darle vueltas en bucle a la misma cosa: ¿qué sería de Sadie?

¿Estaría bien? ¿Me echaría de menos tanto como yo a ella?

Recuperarla para perderla de nuevo había sido maravilloso y cruel.

—Entonces, ¿nos pasamos al teatro? —le consulté para sacarme el pensamiento de encima.

Era un escenario que no habíamos abordado, lo que no significaba que fuese inexistente.

Shonda capitaneaba la ambiciosa estrategia que en la agencia me estaban dedicando, pero siempre me mantenía al corriente de sus movimientos, tomaba en cuenta mi opinión y yo me dejaba guiar por sus manos expertas, aunque a veces sus elecciones me crispasen.

—Desde luego que no. —Pareció confundida ante mi duda.

—¿Y por qué me lo cuentas? —Fui entonces yo quien vaciló.

La mujer no contestó de inmediato, y cuando lo hizo protagonizó algo tan impropio de ella como que el sol se volviese de color azul: un titubeo.

—Eh..., yo... —Recuperó la compostura y con ella su fingido tono indiferente—.

A lo mejor conoces a alguien a quien quieras trasladárselo.

Si yo tuviese un amigo, un compañero o lo que sea al que se conozca por un personaje no demasiado reseñable, pero que le ha dado cierta popularidad y quiere aprovechar el sutil reconocimiento y encauzar su carrera, se lo diría.

Es una buena oportunidad. No se trata de una función cualquiera.

Automáticamente entendí de quién me estaba hablando. Yo solo tenía un amigo, Gascón, y cumplía con todos los requisitos descritos. Sonreí y chasqueé la lengua.

—Te me estás volviendo a ablandar, Shon... Ahora mismo eres un caramelito recubierto de azúcar.

Ella bufó, consciente de que había leído sus intenciones, y era algo que no le agradaba.

—Te he dado una información, haz lo que te plazca con ella —repuso cortante.

La amabilidad, la empatía en general, eran cualidades que poseía, pero le provocaba un profundo rechazo mostrarlas.

—Gracias. —Bajé el tono para que supiese que estaba siendo sincero.

Por alguna razón incomprensible, Gascón se negaba a aceptar cualquiera de las ofertas que le habían surgido después de su discurso al recoger el galardón de Nate, a pesar de que lo habían llamado para colaborar en varios late shows e incluso para presentar un par de programas que todavía estaban en la fase de producción para después venderlos a plataformas.

Estaba empeñado en ser actor de ficción, y su determinación me irritaba y despertaba mi admiración a partes iguales.

—No me lo agradezcas tan rápido. Todavía no dispones de todos los datos... —Intuí su sonrisa y me preparé.

Cuando Shonda me reveló que se trataba de la obra de apertura del teatro reformado de Claire Dawson, mi primer impulso fue callármelo.

Gascón jamás tendría constancia de esa conversación y no me la podría echar en cara.

Yo me ahorraría muchas cosas. Podía permitírmelo y salir ganando.

Y es que sin ser vidente me atrevía a vaticinar el futuro.

A mi amigo le interesaría, se encapricharía con la oportunidad, la prepararía y me arrastraría con él al casting como apoyo moral.

Y yo no quería vincularme con nada que tuviese que ver con Sadie.

Me la estaba sacando de la sangre, porque parecía como si se hubiese adueñado de mi maldito plasma. Sin embargo...

—Dacre...

Shonda me sacó de mi ensimismamiento.

Apreté los labios y la mandíbula se me agarrotó de la presión.

Todo lo asociado a la actriz era complicado, difícil.

Todavía me costaba pensar en cualquier cosa relacionada con ella sin sentir sus gemidos sobre mi boca el día que invadimos la propiedad privada de los estudios.

—Dacre..., ¿estás ahí? —insistió.

—Vas a decirme que haga lo correcto, lo que no me deje cargo de conciencia —respondí tirante. A veces la amargura por lo acontecido me dominaba. Otras, me sentía afortunado por haberlo vivido.

Mi representante guardó unos segundos de silencio.

—Pero qué poquito me conoces... Lo que iba a decirte es que hagas lo que te apetezca, sin remordimientos. No le debes la carrera a nadie. Que una persona triunfe o deje de triunfar no es tu responsabilidad. Para de cargar con conflictos ajenos.

Estaba en lo cierto, no lo era, pero me sentía incapaz de negarle esa oportunidad.

—La próxima vez ahórrate los rumores antes del discurso de liberación —apunté, pero Shonda no se amedrentó y me replicó:

—La próxima vez no te encariñes tanto con las personas, o hazlo sin sentirte mal por ello.

El chico que conocí en Las Vegas no habría tenido ningún reparo en ocultarle la información a su amigo, pero es que el chico que conocí en Las Vegas no habría tenido ningún amigo y estaría regodeándose en lo importante que es sin contemplar nada más a su alrededor.

—Suavizó la voz y añadió—: Me alegra que eso haya cambiado, Dacre.

Que hayas evolucionado. —Luego carraspeó para aclararse la garganta y sumó un comentario interesado para restarle emotividad a su intervención—.

Ya sabes, con esta nueva versión tuya me es más sencillo venderte para los papeles.

Además de talentoso, ahora podrías incluso caer bien.

Antes esa probabilidad era casi un milagro.

—Ja. Hay que ver lo poco graciosa que eres, Shonda.

Emitió una risa breve.

—Es que no lo pretendo.

Al rato colgamos.

No me confundí al pensar que a Gascón le encantaría la idea, aunque había que tener en cuenta que él nunca había trabajado profesionalmente sobre las tablas. Así que le ayudé a conseguir un profesor que le dio clases privadas intensivas.

Gascón no me pidió que le acompañase a la audición hasta la noche previa a la prueba.

—Estoy pensando que en Santa Bárbara grabaron Los vigilantes de la playa . A lo mejor te apetece visitar el lugar por si se hace un nuevo remake , esta vez con calidad. Ya han destrozado bastante el clásico.

—Fue en Santa Mónica —le corregí.

Había recuperado mi apartamento de Venice Beach, y todo lo que podía ver al mirar hacia la terraza era a Sadie allí sentada en una de sus sillas.

Gascón se llevó una mano a la barbilla con gesto reflexivo y terminó chasqueando la lengua.

—No se me ocurre nada más con lo que engatusarte —confesó.

Cerré los ojos, pero al abrirlos la imagen de la chica seguía allí.

—Porque eres un pésimo negociador.

Lo admitió.

Abrió la boca y la cerró varias veces, boqueando.

Al final se decantó por dejarse de adornos y pedirme lo que quería directamente con tono suplicante.

—¿Vienes conmigo o qué?

El hecho de que estuviese viendo un espejismo de la actriz detrás de él a través de mi memoria, eco de aquella noche en la que en lugar de beber un vaso de agua y volver a mi habitación acudí a su encuentro complicándonos la existencia a ambos, no le beneficiaba.

Cerré las manos. Imaginaba que mi cerebro maquiavélico había decidido pasar por todos los recuerdos a su alcance antes de dejarla atrás y generar nuevos, y se trataba de un ejercicio para nada apacible.

—Comprendo. No pasa nada. —Gascón dedujo que me negaba por mi rictus serio.

Sonaba alicaído, así que centré toda la atención en él.

No fue hasta que lo hice cuando me di cuenta de todas las ocasiones en las que Sadie había estado presente sin estarlo durante aquellos años, y encontré el sentido a despejarla de mi mente, a estar solo yo, a convivir con la realidad y no con fantasmas.

Había mirado a través de unos ojos empañados por ella, pero ¿cómo era ver a través de mi mirada?

Que fuera mi primer amor, la primera persona por la que reconocía que había sentido algo, en cierto modo me había aprisionado.

Creía que sería la única capaz de lograrlo, la única con el poder para activar mis emociones.

Sin embargo, observando a Gascón fui consciente de que también sentía por él, si contenía las ganas de asesinarlo después de lo mucho que me estaba exasperando.

—Me he liberado la agenda de toda una semana y los de Dirección de dos producciones quieren despellejarme vivo como a un conejo; ¿por qué crees que ha sido? —le pregunté con sarcasmo.

Gascón abrió los ojos como platos, se le humedecieron y, al comprobar que no me gustaba el camino que estaba tomando, cambió de dirección y se rio... de mí.

—Pues sí que estás llevando al extremo la penitencia por haberme abandonado...

—Iba a replicarle cuando se abalanzó encima de mí y me abrazó—.

Sé que ahora mismo me pinzarías las vértebras de un modo desagradable por lo que estoy haciendo, pero...

Esto es importante para mí. Gracias por formar parte de ello, Dacre.

Permanecí quieto, dejándome hacer, y cuando miré a la terraza ya no estaba Sadie. La borré del espacio y tuve que deshacer el nudo que se me formó en la garganta.

—Descansa. Mañana estarás desesperantemente eléctrico. Al menos, que no tengas sueño.