Cada maldito segundo (Algo como nosotros 2) 2. DACRE
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El equipo de Shonda no quería dejar pasar la oportunidad y me tenía preparada una propuesta un mes después de que el rodaje de Ecos de guerra terminase.

Se trataba de un personaje de transición con el que huiríamos del registro romántico para mostrar nuevas facetas.

Antes de leer el guion me avisaron de que no era una producción taquillera, como las de superhéroes de alto presupuesto o los remakes que también me habían ofrecido, sino más bien una película de texto, de historia, de dotación modesta, pero con diálogos y acontecimientos muy ricos que requerirían que ofreciese lo mejor de mí en casi todos los ámbitos.

—Tienes al público en la palma de la mano. Es hora de que seduzcas a la crítica, que la masculinidad tóxica deje de verte como una amenaza y te consideren profesionalmente, y te diviertas probando algo muy distinto —me dijo la mujer.

Mi nombre llevaba asociado dinero, había que añadirle la etiqueta de «calidad» al combo.

Me apunté a clases de interpretación por iniciativa propia para reciclarme y adquirir nuevas herramientas, participé en la película y, aunque esta no consiguió los números de Averno , sí que engañamos al mercado, que pasó a considerarme un actor serio.

Digo «engañamos» porque interpretar a Jude fue un reto bastante superior, por mucho que se menosprecie a la paranormal romántica solo porque está dirigida al público femenino, y a los eruditos les cuesta reconocer que las mujeres tienen mejor criterio porque les gusta pasárselo bien, sentir, y no necesitan hacerse las intelectuales con productos infumables porque, para sorpresa de nadie, ya lo son.

También guardo más cariño a Los nueve círculos .

Por eso, acepté el papel con una condición:

—No voy a fingir durante la promoción que me avergüenzo de haber sido un pecado. Defenderé mi participación con la cabeza bien alta. —Shonda me miró enarcando una ceja y disimuló una sonrisa.

—¿Acaso sabes caminar de otro modo? Algún día te dará tortícolis. —Luego me palmeó el brazo—. Estoy de acuerdo en que no hay que ridiculizar lo que te ha hecho llegar a donde estás, y los actores que lo hacen y se creen moralmente superiores a sus primeros papeles me parecen del todo infumables.