1. SADIE
SADIE
Retiraron los cargos por nuestro allanamiento de una propiedad privada y la película cosechó un éxito tan espectacular que superó sus ambiciosas previsiones.
El universo de Averno se iba a expandir.
Los guionistas trabajaban en secuelas y precuelas en las que ya no participaríamos (al menos, de manera directa), con la esperanza de que en un formato u otro (filme o serie) encajaran en el mercado.
Todos mis temores iniciales se disiparon.
Me encontraba en el momento más dulce de mi carrera mientras que Austin iba cayendo en la suya.
En este sentido, la última vez que nos vimos fue en el preestreno del reencuentro, cuando me hizo sentir tan miserable en la alfombra roja.
En el último mensaje de texto que nos enviamos él me confirmó que ya se había llevados sus cosas y que me mandaría las llaves de mi casa con un mensajero.
Sin dramas, sin discusiones apasionadas, sin lágrimas...
y sin la intención de ser amigos . El cariño, el respeto y la admiración que le profesaba se esfumaron del todo en aquella alfombra.
Mi ex y yo no volvimos a hablar después.
Y descubrí que olvidar a alguien que te ha hecho daño y no mueve un dedo para solventarlo es relativamente sencillo con ayuda profesional. Su capítulo estaba más que cerrado.
Por otra parte, Shonda recibía papeles de diferentes registros para los que habían pensado en mí.
Podría haber empalmado Libe con otro personaje.
Podría haber seguido triunfando. Podría haber sido una gran actriz, de las que dejan huella en la industria.
Sin embargo, después de toda una vida entregada en cuerpo y alma a la interpretación, decidí tomarme un descanso y dedicarme ese tiempo a mí.
A sanar y a conocerme. Económicamente podía permitírmelo.
Pero antes tenía que hacer algo.
Recibí una llamada de mi madre en la que me pedía que la acompañase a una sesión con su psicóloga; no obstante, en aquella ocasión me negué.
Todavía no era el momento. El asunto pendiente no tenía que ver con ella.
Ese no. Llamé a su vieja amiga, la productora Kaylee Boyd, para que nos viéramos, y cuando llegó a la cafetería de Los Ángeles en la que habíamos quedado le presenté a Candice.
Ella la observó con curiosidad y, tras sonreír, le dijo:
—Mañana veremos qué tienes para mí. A las once en mi despacho. Ahora vamos a desayunar.
Siempre me había quedado el regusto amargo de que podría haber hecho algo más por mi amiga si no hubiese pensado tanto en mí, y en los últimos tiempos, con la cabeza algo más despejada, había averiguado la forma.
Al día siguiente, Candice acudió a una de las oficinas de Kaylee Boyd.
Hizo una prueba. Hablaron. Las mujeres se pusieron en contacto.
Kaylee probó a darle una oportunidad, y primero fueron tres papeles secundarios bastante estereotipados en los que tenía pocas líneas, pero que formaban parte de una estrategia.
Poco tiempo después logró su primera protagonista, la adaptación de una novela en la que un hombre pretendía secuestrarla atendiendo al estereotipo en el que se había afincado, y la jugada le salía mal porque la chica a la que interpretaba ocultaba muchos secretos.
Candice Evans brilló.
En el restaurante de espectáculos en el que trabajaba sirviendo cenas en patines tienen una foto de ella.
La ponen de ejemplo en la mayoría de las escuelas.