Cada maldito segundo (Algo como nosotros 2) 10. DACRE
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La publicación que anunciaba la película alcanzó su primer millón de likes en una hora (tuvo más) y nuestro baile se viralizó, estaba en cualquier red social que usaras.

A la mañana siguiente, mi único deseo era desaparecer, o que en su defecto desapareciera ella, Sadie.

No estaba muy satisfecho con aquella exposición pública de lo que había debajo de mis costillas durante la danza.

Mis órganos no eran bonitos . Todavía podía sentir su sangre espesa en el suelo manchándolo todo de rojo.

Todavía podía sentir la rabia enlatada en las sienes.

Pero como el universo no atendía a mis deseos y no pensaba rezarle para que me ayudara, me la encontré en el ascensor cuando ambos abandonábamos el hotel a la misma hora.

Ahí lo que quise fue que alguien más entrara, pero nadie lo hizo.

—¿Podemos hablar? —ofreció Sadie.

La mirada con la que solía observarme se había templado y la aborrecí por ello.

Sonreí con arrogancia.

—No, pero, ya que te pones, convendría que no me mirases con tanta compasión. No era yo el que estaba agazapado debajo de un árbol.

Me desprendí de la impotencia que sentía porque hubiese descubierto mis sentimientos y la disfracé de menosprecio. Ella me contempló un rato largo, en silencio, como si estuviese reflexionando, y finalmente solo se encogió de hombros.

—Cierto. Olvidaba que tu manera de enfrentarte a los problemas es ponerte una coraza y devolver el golpe el doble de fuerte sin que importen las consecuencias.

La puerta del ascensor se abrió y sin más salió.

Yo pensé en la manera en la que nuestra última noche juntos me había matado de mil formas distintas en mis pesadillas a lo largo de los años.

Y que se equivocaba.

Aquella noche no me puse una armadura, me la quité, y ella no dudó en aprovechar la ocasión para apuñalarme.