3. SADIE
SADIE
Subí a mi habitación y leí lo que me quedaba de guion con voracidad, atragantándome con las palabras. No había podido parar de pensar en Ecos de guerra . Y cuando lo terminé solo podía llorar. Llorar, abrazarme y decirme: «Es perfecto, Sadie, perfecto; ¿qué vas a hacer?».