7. SADIE
SADIE
A la mañana siguiente, cuando salí del baño de darme una ducha, encontré a Austin en el sofá de la habitación.
Estaba rodeado de revistas. No me extrañó.
A Austin le gustaba buscarse después de cada evento en los medios digitales y en papel, coleccionar las publicaciones que hablaban de él.
No era mi caso. Yo las rehuía. Caminé directamente hasta la cama, donde había dejado la ropa que me pondría para volar de vuelta a Brookings, y me deshice de la toalla que llevaba en el pelo.
—¿Algo interesante? —pregunté por preguntar.
Austin recogió las publicaciones y las tiró a la papelera.
—Nada.