4. DACRE
DACRE
—No me digas que ha sido un error. Resultaría una excusa demasiado pobre para alguien de tu nivel.
Cogí un refresco de la bandeja que pasaba por mi lado y le di un trago. Ella me imitó. Se mojó los labios.
—¿Qué quieres que te diga? ¿Que llevamos trabajando en ello desde un año después del final de la serie porque veíamos que no decaía el interés? Porque es justo lo que sucedió... —confesó.
Yo había abierto el documento. A pesar de que no debía, lo había hecho, por curiosidad o porque en realidad quería. Mi personaje estaba ahí y se habían tomado la molestia de alterar su importancia dentro de la trama para alimentar mi ego; ahora era el número uno.
Tan solo había leído la primera escena, la apertura, esa en la que Traición, sin que se le llegase a ver y más oscuro que nunca, abría una grieta en la prisión a la que le enviaron, en el mismísimo infierno. Aparenté una postura relajada y apunté fingiendo indiferencia:
—¿Soy el único que lo ha recibido?
Rose sonrió.
—Ella no lo tiene, pero te doy libertad para contárselo.
Con «ella» se refería a Sadie. Yo llevaba buscándola un buen rato, más o menos desde que me había asegurado de que podía volver a verla con aquel vestido gris perla sin desmayarme, pero no la localizaba.
Me la había cruzado en la alfombra roja de la entrada, en el photocall y cuando Austin me había visto y la había besado apasionadamente para marcar territorio con sus ojos enfocándome.
Sacudí un poco la cabeza al recordarlo. Aquello había sido tan innecesario...
Si yo pudiese besar a Sadie, si por algún milagro lograse volver a hacerlo, la necesidad no sería exhibirla, demostrar mi poder o que de un modo retorcido la poseía; lo haría por placer, por nosotros, hasta que mis huesos fuesen ceniza.
Pero ni ella ni yo íbamos a volver a besarnos por decisión propia.
Sospeché que Rose estaba siendo más consciente de lo que yo quería de mis pensamientos, así que los detuve.
En resumen, la había visto en la alfombra roja, en el photocall y durante el asqueroso beso, y después había desaparecido sin dejar rastro.
Me pregunté qué opinaría la actriz de Ecos de guerra y adiviné que le horrorizaría, aunque quizá en su fuero interno le apetecía, pero ninguno de los dos nos caracterizábamos por hacer caso a nuestros deseos más profundos. A esos los acallábamos. Vivíamos en la superficie.
—Hay un problema de rácord. —Me di cuenta demasiado tarde de que terminaba de revelarle a Rose Plec que había leído la escena inicial. Sonrió.
—Dime, querido, todavía estamos a tiempo de modificarlo.
En lugar de echarme atrás y evidenciar que me jodía mi lapsus, continué como si nada.
—El objetivo del juicio de Jude es terminar con él en toda forma u esencia, no tiene sentido que ahora esté en una cárcel.
—De justificarlo ya nos encargamos nosotros.
Era demasiado poderoso para que alguien se atreva a deshacerse de él como si nada.
Además, a lo largo de los años han podido surgir nuevos aliados.
Que la conformidad de los pecadores con la nueva trama no te quite el sueño.
Hemos apuntalado hasta el último de los detalles.
Será una película grandiosa, si es que sale adelante.
—Fijó la mirada con determinación en la mía y añadió—: Sé que durante años he sido rencorosa contigo, lo admito.
Me hiciste perder mucho dinero, y autoridad.
La gente tiende a dejar de respetarte cuando no eres capaz de corregir y recuperar a tu actor principal.
Pero el tiempo ha pasado, la decepción inicial se ha aplacado y creo que estamos en el mismo punto.
Esto te gusta —abarcó con un gesto lo que nos rodeaba—, pero todavía te gusta más estar en un set, Dacre.
No te lo niegues. Es absurdo. Solo hay que repasar tus imágenes recorriendo los decorados, la forma en la que los miras, como si llevases años dando brazadas hacia la superficie del mar y por fin respiraras.
Tan solo hay una cosa, una persona, que te abre más los pulmones.
Pero de ella no vamos a hablar. —Hizo una pausa y continuó diciendo—: No soy el enemigo.
En realidad, nunca lo fui. Tal vez te castigué, pero lo merecías.
No puedes fastidiar el trabajo de decenas de personas y pretender que simplemente lo deje pasar.
Averno era más que vosotros. Casas que no se compraron, tratamientos médicos, estabilidad económica que robasteis al equipo.
Tú no eres el héroe y yo no soy la villana.
Solo somos personas. Personas que podemos ayudarnos.
En la vida cualquier vínculo se cimienta con el interés adecuado.
Necesidad de afecto, necesidad de comprensión, necesidad de consuelo, necesidad de amor, necesidad laboral.
Quiero trabajar contigo y quiero que trabajes conmigo.
Darle al proyecto el final que le quitamos.
Esa es mi —entrecomilló con los dedos— «maldad».
Devolverte lo que perdiste y darle a ella un sostén de estabilidad donde agarrarse, porque el viento sopla, sopla muy fuerte en dirección a Sadie, y si no tiene cuidado va a salir volando.
Solté una carcajada irónica.
—No voy a tomar ninguna decisión en nombre de Sadie Sanders.
La sonrisa que Rose Plec no había borrado en ningún instante se ensanchó.
—Me alegra escuchar esa mentira. Por cierto, y para que veas que estoy de tu parte, te comprendo y no te juzgo, la encontrarás en el vestidor.
Sé que no te interesa, igual que sé que no llevas buscándola desde que se ha esfumado, pero se encuentra ahí.
Su tamaño es el de siempre, pero si te fijas bien parece tan chiquitita que está a un paso de desaparecer.
Me palmeó el brazo y se marchó.
Me dije que ni de coña iba a ir a buscar a Sadie, pero mientras me hablaba a mí mismo ya estaba andando rumbo al jodido sitio.