Cada maldito segundo (Algo como nosotros 2) 5. DACRE
31%

5. DACRE

DACRE

Cuesta asumir que eres un producto, pero los actores lo somos.

Nos exponen en vitrinas, tenemos precio y nos compran.

En algunas ocasiones, te sientes un recipiente hueco que el resto llena con lo que desea.

En otras, alguien que tiene mucho que decir.

Ahí el papel de tu representante es clave.

Él o ella te pone en valor, para ti y para el mundo, rescata tu esencia y promueve que te escuchen. Puede ser tu salvación o tu condena.

A pesar de sus cincuenta kilos de mala leche y un carácter más agriado que un limón, Shonda Davis era la mejor.

Por esa razón le pedí que representara a Sadie, porque era capaz de arrancar las malas hierbas de la industria con sus propias manos y sin guantes, aunque el campo de las oportunidades se quedase medio vacío, por integridad, por orgullo y porque en el fondo era buena persona.

Sabía que la cuidaría y que se aseguraría de que estuviese bien.

Y no me equivocaba.

De ahí que estuviese en Brookings.

Shonda no siempre acompañaba a sus actores a sus rodajes y eventos.

No podría, aunque quisiera, y no lo hacía.

Su agenda no se lo permitía. Tenía que ser selectiva.

Y estaba allí. No en una negociación, en una premier o en un acto indispensable, sino en el rodaje de una serie de entrevistas para un reencuentro.

Cualquiera que la conociera sabría que ese no era su lugar y que si había ido hasta allí no era para disfrutar de unas vacaciones pagadas.

Era conocedora del estado de ánimo de Sadie y quería protegerla.

Por eso me extrañó verla con sus maletas realizando el check-out en la recepción a la mañana siguiente cuando bajaba a desayunar.

Shonda no era de las que se rendían o se marchaban con el trabajo inacabado, y era evidente que le quedaba mucho por hacer con la actriz.

A cada día que pasaba, más. Me detuve y aguardé a que hubiese terminado para hablarle.

Ella giró sobre sus propios talones y al distinguirme, sin darme posibilidad de preguntar, dijo:

—Me ha despedido.

—¿Que ha hecho qué ?

De entre todas las opciones por las que podía irse, esa nunca me la había planteado.

—Ha roto el contrato. Podría denunciarla, y seguramente ganaría, pero no me merece la pena.

En aquel momento la puerta del ascensor de recepción se abrió y de su interior salió Sadie de la mano de un actor al que reconocí: se trataba de Austin.

La actriz bajó avergonzada la mirada evitándonos y él enderezó la espalda hasta que su postura estuvo bien erguida, y me dedicó una sonrisa de superioridad, como si lo que llevase de la mano fuese un trofeo y no a su igual, a la persona a la que quería.

Cruzaron la puerta que conducía al salón del desayuno y se perdieron en su interior.

Observé confuso a Shonda, que me explicó hablando de ellos:

—La prensa los adora. Yo siempre he contado los segundos hasta que Austin se acababa el postre y nos íbamos cuando cenábamos juntos.

La parte positiva es que ahora no tendré que soportarle.

—Sonrió a medio gas, derrotada, apoyó la mano encima de mi brazo y lo apretó—.

Es peligroso, Dacre. No la quiere bien —fue lo último que dijo antes de despedirse.

¿Qué coño...?