Cada maldito segundo (Algo como nosotros 2) 6. DACRE
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Conversación telefónica entre Rose Plec y Dacre Stewart horas antes de que Freddie se presentase en Wisconsin

—Sin ti no hay especial, Dacre, y lo sabes. Puedo regalarte los oídos. ¿Eso es lo que quieres?

—Lo que quiero es que dejes de llamarme y no me obligues a cambiar de número, gracias.

—Vamos, sé razonable...

—Razonable he sido todos estos años en los que me habéis anulado como actor y no he prendido fuego a vuestros platós, Rose...

Un segundo de silencio.

—No te llevará más de un par de semanas, un mes a lo sumo. Y podemos hacer que Sadie y tú coincidáis lo mínimo imprescindible en Oregón.

Sonrisa de suficiencia de Dacre.

—Vamos a ver, por si acaso no me he explicado bien: no pienso poner un pie en los bosques de Brookings, ni en sus acantilados, decorados o las ruinas mohosas en las que una noche me hicisteis trabajar bajo cero medio desnudo porque decíais que era totalmente imprescindible para la trama que mi personaje fuese sin camiseta a la batalla.

—Está bien. Será menos espectacular, pero grabaremos contigo en los estudios de Los Ángeles.

— ¿Solo?

Dos segundos de silencio.

Nueva sonrisa sibilina de Dacre.

—Sé razonable, Stewart... Lo que la gente quiere es veros a vosotros. Que les habléis de vuestros personajes, cómo fue rodar juntos, esas cosas.

—Esas cosas.

—Sí.

—No.

—¿Por qué? ¿Tan complicado es que os sentéis como dos personas civilizadas y finjáis durante un rato que sois profesionales?

—Fingir...

—Eso, fingir.

—Pero es que yo ya no soy actor...

—Dacre...

—Y me muero de ganas por colgarte y dejarte con la palabra en la boca. Que te jodan, Rose. Adiós.