3. SADIE
SADIE
Lo mejor de mi habitación en el hotel de San Sebastián eran las vistas desde la terraza.
Daba a la playa de la Concha y por si eso fuera poco, que no lo era, aquella noche una espectacular luna llena coronaba la costa.
Mientras avanzaba hacia el balcón, me deshice de los tacones que había llevado a la fiesta y salí a contemplarla.
No podía quitarme la conversación con Shonda de la cabeza.
Mi representante me había llamado mientras estaba en el evento.
Pensaba que era para despotricar sobre la producción, comentar las críticas devastadoras que ya se habían publicado y los efectos colaterales que tendrían para mí, hablar de los próximos pasos y consolarme.
Shonda podía parecer una mezcla de los personajes de Ira y Asco de la película Del revés , pero en el fondo, y bien oculto y protegido, tenía un gran corazón.
Sin embargo, el motivo había sido otro. Rememoré lo primero que me había dicho. Suspiré y me apoyé en la barandilla.
—Antes de empezar a hablar necesito que no te alteres, y que me escuches con atención...
No quería recrearme en lo sucedido, de verdad que no, pero era inevitable, porque estaba preocupada.
Después de Averno había conseguido fama y prestigio.
La gente no decía «Voy a ver tal película», la gente decía «Voy a ver la película en la que sale Sadie Sanders».
No quería perder esa reputación. ¿Cómo podía un reencuentro ayudarme a mantenerla?
¿A recuperarla? Porque esa era la oferta por la que mi agente me había telefoneado y que yo ni me planteaba.
Reunirme con un puñado de actores y el equipo al que llevaba años sin ver no haría que el público asociara de nuevo mi nombre a calidad cinematográfica y entretenimiento. Lo harían las películas.
—Es lo que el público quiere y de vez en cuando hay que consentirlos, Sadie.
Resoplé conforme la voz de mi agente se reproducía en mi interior.
La idea del reencuentro había comenzado como un rumor.
Un puñetero rumor sin fundamento iniciado por la mente de algún pecador.
¿Y cuál había sido su repercusión? Miles de likes y de posts guardados y compartidos, y un vídeo cutre y completamente ilegal creado con inteligencia artificial que simulaba el tráiler de una nueva temporada en la que sucedía lo que todos querían: Jude regresaba más oscuro y siniestro que nunca y se reencontraba con Libe.
Durante mucho tiempo, cuando Los nueve círculos terminó, se rumoreó que eso iba a suceder, los seguidores incluso elaboraron una teoría con los gazapos y agujeros del guion interpretándolos como señales de esa temporada oculta sorpresa que nunca llegó.
Resoplé.
Aun sabiendo que eran falsas, esas imágenes mías y de Dacre juntos me habían dado arcadas.
¿El problema? Que no solo las había visto yo. Las habían visto millones de personas. Millones. Y llevaban un día circulando. Aquello había puesto a Rose Plec nerviosa. Había ratificado su teoría de que el reencuentro sería un éxito y su insistencia había ganado en contundencia .
Todo era una locura.
A esas horas había varias plataformas interesadas en comprar los derechos de su emisión en exclusiva y, a diferencia de en el caso de la película que acabábamos de destrozar, ofrecían vertiginosas cantidades de dinero sin tener un fotograma grabado.
Sin saber si nuestras declaraciones en la serie de entrevistas y visitas a los decorados que pedían serían jugosas, nostálgicas, neutras, entrañables o si, por el contrario, incluirían un intento de asesinato al coprotagonista de ojos verdes que me llevaría a tener que asistir a la premier desde la cárcel.
Apreté los dientes.
Mi nula relación con Dacre no había hecho que mis sentimientos por él mejorasen durante aquellos años.
A que me hubiera mentido, traicionado y usado había que sumarle que, por su culpa, por la suya , por vender a mamá al periodista Travis Fitzgerald, la dirección de la casa de mi madre pasó a ser de dominio público gracias a los reporteros que mostraban su fachada mientras la esperaban o trataban de sacarnos declaraciones, y mi hermano sufrió una agresión.
Mi hermano... Se me formó una bola inmensa en la garganta y evité pensar en Freddie, centrándome en todas las razones por las que odiaba al actor y por las que, desde luego, jamás trabajaría en nada en lo que él estuviese involucrado, con independencia de que pudiese beneficiarme.
Mi agente me conocía bien y había sido muy astuta al señalarme que el reencuentro me ayudaría, no solo económicamente, sino que además me permitiría concederme una pausa, el margen de tiempo necesario para poner mi cabeza en orden, respirar y regresar a la interpretación con fuerza, ilusión y sobre todo con un papel que, al leer el guion, me provocase un hormigueo en la punta de los dedos, que me hiciese cosquillas, cosa que, si era sincera conmigo misma, no había sucedido con mis últimos proyectos.
Pero la propuesta de Shonda no era que participase en el reencuentro, sabía que nunca aceptaría trabajar de nuevo con Dacre; su plan era que fuese él quien bloquease la producción.
—Te seré sincera, Sadie. Ahora mismo no estamos en condiciones de cabrear ni a Rose Plec ni a Sky Blue.
—¿Qué propones?
—Que lo haga él. Que sea Dacre el que se niegue. El reencuentro no tiene sentido sin su trío protagonista.
En realidad, no tenía sentido sin él, que era el desaparecido que más interés despertaba, pero ella había versionado la verdad para no darle relevancia a Dacre y yo no la había corregido. En su lugar...
—¿Cómo estás tan segura de que no va a querer participar?
Con independencia de lo que fuera que hubiera sucedido entre ellos para que Shonda dejara de representarlo, le seguía teniendo algo más que cariño. Me lo demostró una vez más suspirando y suavizando la voz.
—Porque le conozco, Sadie.
Unas horas después el suave viento de San Sebastián me acarició los brazos y fijé la vista en la luna.
En aquel instante tomé una decisión. No estaba dispuesta a trabajar con Dacre, pero sí a que fuese él quien asumiese las culpas de que el reencuentro no se grabase. Cogí el teléfono y escribí a Shonda:
Diles que acepto.