Capítulo 26
E l trayecto en carruaje fue demasiado largo y demasiado corto a la vez. Le dio a Dominic tiempo de sobra para pensar. Tiempo para comprender, por fin, por qué su padre había elegido el camino fácil.
Admitir los propios fracasos era aterrador.
¿Y si Lydia le echaba un vistazo y decidía no elegir a un hombre que no había tenido el valor de elegirla a ella? ¿Y si, al rechazarla en Jamaica, había perdido lo más valioso de su vida?
Dominic tragó saliva y cuadró los hombros. Si así era, aceptaría su rechazo. Pero no huiría de las conversaciones difíciles como había hecho su padre. No, se aseguraría de que Lydia supiera toda la verdad.
Que su propuesta había sido lo más maravilloso que le había pasado en la vida. Que rechazarla había sido su peor y más terrible error.
Ella merecía oírle decir que la elegía. Aunque ya no lo eligiera a él.
El carruaje aminoró la marcha. Se detuvo.
Y Lydia salió a la luz del sol de la tarde. Todos los pensamientos se le evaporaron de la mente excepto uno: Ahí está .
Era tan perfecta... y también parecía completamente agotada. Sus hombros se encorvaban como si cargara un peso excesivo para su menudo cuerpo.
En contraste, su ridículo colgaba ligero y lacio a su costado.
Lo había hecho. Había sacrificado todo.
Dominic había llegado demasiado tarde.