10 #2
Jordan no podía responder. Solo podía aferrarse, con las uñas clavadas en los hombros de Blake, las piernas enroscadas en sus caderas, recibiendo todo lo que Blake le daba.
El placer se acumulaba, tensándose en espiral en su vientre, y Blake simplemente seguía, seguía follándolo como si pudiera hacerlo toda la noche.
Blake embistió especialmente profundo, rotando las caderas, y todo el cuerpo de Jordan se estremeció.
—Sí...
La palabra escapó antes de que Jordan pudiera detenerla, y detrás, desbordándose como si se rompiera una presa:
—Dios, papi, por favor...
Jordan se quedó paralizado.
La palabra quedó suspendida entre ellos, imposible de retirar.
El horror inundó a Jordan, frío y absoluto.
Lo había dicho. Realmente lo había dicho: la palabra que llevaba años tragándose, la vergüenza secreta que nunca le había contado a nadie, lo que vivía en sus fantasías más oscuras.
Se le había escapado sin más, arrancada por la polla de Blake, y ahora Blake lo sabía.
Ahora Blake podía ver exactamente lo jodido que estaba Jordan.
—Mierda. No quería...
La voz de Jordan se quebró.
—Eso no fue... No sé por qué...
—Dilo otra vez.
Jordan alzó la mirada hacia él de golpe.
Blake lo miraba con una expresión que le paró el corazón. No asco. No confusión. Algo crudo y hambriento y casi desesperado, como si Jordan acabara de entregarle algo que llevaba tiempo esperando.
—Yo... ¿qué?
—Dilo. Otra. Vez.
Las caderas de Blake se retiraron y embistieron: brusco y deliberado.
—Jordan.
—Papi —susurró Jordan.
Blake soltó algo parecido a un gruñido. Sus caderas se estrellaron hacia delante con fuerza suficiente para empujar a Jordan contra el reposabrazos, y Jordan gritó al sentirse lleno de golpe.
—Joder.
La voz de Blake era apenas humana.
—¿Tienes idea...
Otra embestida.
—...de cuánto tiempo llevo queriendo oírte decir eso?
Jordan no podía procesarlo.
—Tú... ¿qué?
—¿Crees que no me di cuenta? Cómo te iluminas cuando te alabo. Cómo te derrites cuando cuido de ti.
Su voz bajó, ronca y posesiva.
—Vi lo que había en tu teléfono, Jordan. Y llevo esperando desde entonces... esperando a que confiaras en mí lo suficiente para pedir lo que realmente quieres.
La mano de Blake le tomó la mandíbula, inclinándole el rostro hacia arriba. Sus caderas aminoraron el ritmo a algo profundo y circular.
—¿Quieres ser mi chico?
La voz de Blake era baja, intensa.
—¿Es eso lo que quieres?
Jordan no podía respirar. No podía pensar.
Toda la vergüenza, todo el miedo, todos los años escondiéndose... y Blake había estado justo aquí, deseando lo mismo. Esperando a que Jordan se pusiera al día.
—Sí.
Jordan atrajo a Blake hacia él y lo besó con fuerza, desordenado.
—Papi —susurró contra su boca, y joder, qué bien se sentía decirlo como todos esos tíos en todos esos vídeos—. Fóllame. Necesito... más fuerte...
Blake perdió el control. Le levantó las caderas a Jordan, cambió el ángulo y se estrelló dentro de él tan fuerte que Jordan vio las estrellas.
Así que esto era lo que debía sentirse. Todos esos encuentros incómodos, todas esas veces que Jordan había fingido y se había preguntado a qué venía tanto revuelo, y resultaba que solo había estado esperando a la persona adecuada. Las manos adecuadas. La voz adecuada diciéndole que era bueno.
Jordan buscó desesperadamente dónde agarrarse —los cojines, los brazos de Blake, lo que fuera—, pero Blake simplemente le sujetó las muñecas por encima de la cabeza con una mano y siguió follándolo.
Y Jordan se lo permitió. Dejó que Blake lo inmovilizara, tomara el control, le diera exactamente lo que necesitaba. Esto era lo que le había faltado todos esos años: no solo alguien a quien llamar Papi, sino alguien que quisiera reclamarlo. Quedárselo. Hacerlo suyo.
—Mío —gruñó Blake contra su oído—. Dilo otra vez.
—Papi...
Jordan apenas podía pronunciar la palabra entre embestidas. Cada una le sacudía el cuerpo entero, arrancándole sonidos que ni él reconocía.
—Blake, voy a...
—Puedes aguantarlo —Blake embistió hasta el fondo y se quedó ahí, meciéndose contra él, tan dentro que Jordan lo sintió en cada rincón de su cuerpo—. Lo estás haciendo tan bien. Mi chico perfecto.
Mi chico. Las palabras le atravesaron como una droga. Nunca se había dado cuenta de cuánto necesitaba esa otra mitad: ser el chico de alguien. Pertenecer a alguien que cuidara de él, lo elogiara, lo follara así. Que Blake lo reclamara y se quedara con él.
Su polla se sacudió contra su estómago, sin que nadie la tocara, y sintió cómo se acumulaba, la presión creciendo con cada movimiento de las caderas de Blake, cada palabra de elogio...
La voz de Blake sonaba rota, sus caderas moviéndose cada vez más rápido.
—Córrete para mí. Córrete para Papi.
Jordan se hizo pedazos.
El orgasmo lo atravesó —profundo, crudo, devastador—, arrancado de él por la polla de Blake, por su voz, por la palabra que nunca se había permitido decir en voz alta.
Se corrió en pulsos calientes sobre su propio estómago, apretándose alrededor de Blake mientras de su garganta escapaban sonidos que no reconocía.
No quedaba nada de los muros que había construido.
Solo esto. Solo placer y liberación y Blake dentro de él, llenándolo, llamándolo suyo.
Nunca se había corrido sin tocarse. Nunca había estado ni cerca; sinceramente, siempre había pensado que era una de esas cosas que solo pasaban en el porno. Pero Blake lo había desmontado tan por completo que su cuerpo simplemente se había... rendido. Entregado del todo.
Al parecer, el cuerpo de Jordan había sabido lo que quería mucho antes de que su cerebro se pusiera al día. La historia de su vida, vamos.
Sintió cómo el ritmo de Blake se quebraba.
Lo sintió embestir hasta el fondo una última vez y quedarse ahí, meciéndose contra su cuerpo, hundiéndose aún más.
Sintió el pulso caliente de Blake derramándose dentro de él, llenándolo, marcándolo desde dentro, reclamándolo de una manera que hizo que todo su cuerpo se volviera líquido de satisfacción.
Blake se corrió con un gemido, el rostro enterrado en el cuello de Jordan. Y la última palabra en sus labios...
—Mi chico. Mi buen chico.
Se desplomaron juntos, jadeando.
Jordan no podía dejar de temblar. Temblores que le recorrían el cuerpo entero, que no tenían nada que ver con el frío y todo que ver con la magnitud de lo que acababa de pasar. Le había mostrado todo a Blake. Y Blake no había retrocedido. Lo había deseado. Había estado esperándolo.
Blake se retiró despacio, con cuidado, y Jordan exhaló con fuerza, sintiendo el vacío. Pero Blake no se alejó; solo cogió la manta que colgaba del respaldo del sofá y los tapó a ambos. Luego atrajo a Jordan hacia sí, una mano acariciándole el pelo húmedo de sudor, la otra rodeándole la cintura.
Jordan hundió el rostro en el cuello de Blake y lo aspiró. Sudor y sexo y algo más debajo. Se sentía exprimido, vaciado, pero a la vez extrañamente completo. Como si una pieza de sí mismo que siempre le había faltado por fin hubiera encajado en su lugar.
Blake le besó la frente, suave y demorándose. Su pulgar trazaba círculos lentos sobre la cadera de Jordan.
Nunca había tenido esto. No solo el sexo: el después.
Alguien que lo sostuviera como si importara.
Alguien que cuidara de él sin que se lo pidieran.
Toda su vida, Jordan había sido quien cuidaba de sí mismo.
El que se aseguraba de estar bien, el que se levantaba, el que seguía adelante. Nadie lo había simplemente... abrazado.
—Has sido perfecto —murmuró Blake contra su piel.
La palabra se le asentó en el pecho, cálida y luminosa.
Fuera, la nieve caía con más fuerza; las luces de Navidad titilaban a través de la ventana. Dentro, Jordan estaba caliente, seguro y querido.
Por primera vez en su vida, sentía que pertenecía a algún sitio.