Ignífugo
Dícese de aquello capaz de soportar el fuego sin inflamarse.
Manual del bombero en pruebas, desglose y abreviaturas
Anna
Cuando cruzo el umbral del edificio de la Surrogate’s Courthouse, me quedo pasmada con el sitio.
El antiguo palacete está decorado con luces y velas, y algunas flores —falsas, según Lauren— que quedan preciosas.
No tenía ninguna duda de su capacidad para organizar eventos y una oleada de orgullo hacia mi amiga me recorre el pecho.
—¡Anna! —grita Lauren.
Se despide del técnico de sonido con el que estaba hablando y viene corriendo hacia mí, recogiéndose los bajos del vestido para no pisarlos.
Lleva los rizos sueltos, pero se ha cambiado la raya a un lado y recogido parte del pelo con una horquilla de brillantes.
Se ha puesto un vestido largo negro inspirado en el que lucía Ava Gardner en la película The Killers . Está impresionante.
Yo no he sido tan original como ella y estoy segura de que habrá más chicas que vendrán con el mismo atuendo.
Aprovechando mi flequillo, como no podría ser de otra manera, he intentado emular el look de Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes .
También llevo un vestido negro, además de unos guantes largos, un moño alto con una tiara y un collar de perlas falsas que encontré en una tienda de segunda mano del Lower East Side.
—¿Qué te parece? —pregunta Lauren cuando llega a mi lado.
—Lauren, ¡es una pasada! ¿Cómo has conseguido organizar esto? Es increíble. Eres increíble.
—No he sido yo sola —empieza a decir, quitándose una mota de polvo imaginaria del hombro—, pero es verdad que he hecho mucho.
Típico de Lauren, la humildad no está entre sus principales virtudes, y bien que hace, porque lo que han conseguido es una pasada.
—Hemos vendido doscientas entradas para el evento —continúa explicando ella—, más las entradas de prensa, influencers y otras autoras invitadas.
—Tu editorial está tirando la casa por la ventana —comento yo.
—Absolutamente —responde ella—. Es el décimo aniversario de la publicación de Un diamante a medianoche .
No hace falta que lo diga. Me lo he leído unas cuantas veces. Es uno de los libros que más recomendaba en la librería de Barcelona en la que trabajaba antes de venir aquí.
Lauren se acerca a mí sigilosamente y mira a su alrededor, comprobando que no hay nadie cerca:
—No te lo podía decir antes, pero hoy Daisy Jenkins va a anunciar la continuación de la novela.
—¡¿QUÉ?! —se me escapa un grito, pero enseguida me tapo la boca y me dirijo a Lauren, en un tono de voz más bajito—: No puede ser. Lleva años diciendo que no escribiría la historia de Jacqueline.
—Pues ya ves que sí —presume Lauren—. Las ventas han sido increíbles estos años y la editorial espera aprovechar todo el momentum del baile para que la preventa sea un éxito.
—Qué guay, Lauren —celebro—, estoy muy orgullosa de ti.
Ella se limita a abrazarme. Y quiero guardar este momento para siempre. Ojalá, cuando esté de vuelta en Barcelona y todo mi tiempo en Nueva York no sea más que un recuerdo lejano, me quede este abrazo en la memoria. La voy a echar mucho de menos.