Huida
Alejarse rápidamente del peligro.
Notas de los cadetes
Anna
—¿Qué tal fue la graduación de los cadetes? —pregunto con la esperanza de tener alguna noticia de Aaron sin que se note demasiado.
Lauren y yo estamos sentadas la una frente a la otra en una mesa alta de una de las salas comunes de la universidad, cada una delante de su portátil, intentando avanzar con trabajos de clase.
—Fue bien, según me contó mi hermana, pero tampoco sé mucho. Era un acto solo para los cadetes y sus superiores. Cuando acaben el entrenamiento de bomberos en prácticas, en primavera, tendrán una graduación abierta al público a la que también podremos ir las familias —explica Lauren, y yo asiento.
He felicitado a Aaron, pero con un mensaje tan escueto que no me sorprendió su respuesta, igual de corta.
Han pasado un par de semanas desde nuestra última conversación.
Se supone que debería sentirme mejor por haber dejado las cosas claras, pero no se me va el nudo del estómago.
No puede haber nada entre nosotros: no hay un futuro para mí en Nueva York, y él acaba de dar el primer paso para ser una parte fundamental de esta ciudad.
Lauren me estudia con una ceja levantada, mientras da un sorbo a un refresco que ha sacado de una de las máquinas expendedoras de la zona común en la que estamos.
—Cuando quieras ya me explicarás qué pasó entre Aaron y tú, pero tienes un aspecto horrible, y por las noticias que me llegan de La Roca, él va como un alma en pena —me informa ella, volviendo a fijar la vista en su pantalla.
—No pasó nada… —comienzo a explicar—, lo que ocurre es que… me voy a ir, Lauren.
—¿Adónde? —pregunta ella, sin despegarse de su ordenador.
—Me voy de Nueva York.
—¿A España? ¿De visita?
—No, a España, de vuelta.
En ese momento, baja la tapa del portátil muy despacio y me mira a los ojos.
—¿Por qué? —me sondea, levantando una ceja inquisitiva.
—Porque no me está saliendo nada aquí. No me han llamado para ninguna entrevista, he echado cientos de ofertas desde que empezó el máster y no he tenido ni una sola respuesta. No quiero hacerme ilusiones, me voy —acierto a decir de carrerilla, como si así doliese menos.
—No te vas a ir a ningún sitio. Estamos en enero, quedan casi seis meses de curso por delante.
Todavía tienes opciones —me intenta explicar Lauren, y noto cómo se va tensando—.
También sigue sobre la mesa la oportunidad de conseguir la beca para asistir a la feria de Londres y, aunque no salga, tenemos un semestre por delante.
¿No crees que es un poco pronto para tirar la toalla?
—Para ti es fácil decirlo, porque tú ya tienes unas prácticas. Yo debería empezar a asumir que no va a pasar. Esta ha sido mi experiencia en Nueva York, y toca volver.
—No me parece que lo hayas intentado lo suficiente —me escupe Lauren, con dureza.
Una chica un par de mesas más allá, nos mira y se remueve en su asiento, incómoda ante nuestra repentina discusión. Nunca antes me había hablado así.
—¡Pues ya no quiero intentarlo más! —le suelto, cabreada. Quién se cree ella para juzgarme—. Estoy harta del sueño americano, de creer que esa chorrada de «si te esfuerzas, lo consigues» es cierta, Lauren. Eso no vale para todo el mundo.
—Vale, tienes razón —me concede ella, cada vez más molesta conmigo—.
No vale para todo el mundo. Pero tú estás tirando la toalla sin haberlo intentado.
¿Has escuchado en clase? Hay gente que tardó meses en encontrar trabajo.
Pero lo encontró. Tú ni siquiera has acabado el máster y ya estás huyendo por patas.
—No estoy huyendo —me defiendo.
—Sí lo estás haciendo. Estás huyendo de tus mierdas, como si no te fueran a perseguir aquí o en Barcelona o en el fondo del mar.
Tienes miedo de que las cosas no salgan a la primera porque estás cansada de luchar por cosas que no han salido bien.
—Debe de ver algo en mi expresión, porque frunce el ceño y continúa—: Y no pongas esa cara, déjame acabar.
Si dejaras de perder el tiempo pensando en lo que salió mal y te centraras en todo lo que sale bien, quizás verías las cosas de otra manera.
—¿De qué estás hablando?, ¿quién te crees que eres para decirme eso? ¡Tú te lo tomas todo a broma! ¡Te resbala todo! Te da igual si algo sale bien o mal, y, mira, tienes la suerte de que todo te salga bien.
—¿Todo me sale bien, Anna? Voy hasta arriba entre el curro y el máster, y estoy agotada. ¿Crees que yo he tenido las cosas fáciles?
—Yo no he dicho eso —me defiendo.
—Tómatelo como quieras, ya te lo he dicho otras veces. Deja de mirar hacia el futuro pensando en lo lejos que está el lugar al que quieres llegar. ¿Por qué no te paras a mirar todo lo que llevas recorrido?
—¿Qué he hecho bien, aparte de conseguir venir a Nueva York?
He gastado un dinero de la hostia, he pedido un préstamo a mis padres, que no van sobrados, y todo para llegar aquí y descubrir que no se me da bien lo que quiero estudiar.
Que los amigos que he hecho se olvidarán de que existo cuando vuelva a casa.
Que mi sueño se va a quedar en eso, un sueño, y que esta ciudad me queda grande.
—En este punto ya estoy llorando a lágrima tendida.
—Sabes que no es así —dice Lauren, suavizando un poco el tono—.
No te vamos a olvidar porque no te vas a ir.
Y, si algún día te vas, ya sea porque quieres o porque te cansas de estar aquí, tampoco pasará.
No te voy a olvidar porque eres la primera amiga de verdad que he hecho en mucho tiempo, y te quiero aunque seas una idiota.
—Se te da genial consolar a la gente —digo, medio riendo medio llorando.
—Igual de bien que a ti no decir tonterías —responde ella, tendiéndome un clínex—.
Mira, ya sé que no soy una persona muy fácil.
Soy un poco cactus. Hasta ahora solo me abría con mi hermana, que es la única persona que ha estado siempre conmigo.
Pero tú eres mi mejor amiga. Estás siempre ahí, dispuesta a todo.
Siempre estás presente, pendiente. Sabes dejarme mi espacio cuando lo necesito, y me sigues el rollo.
Aparte de que, en mi opinión, tienes un gusto lector exquisito y me encanta hablar de libros contigo.
Desciendo de mi silla y me acerco a ella. La abrazo. Lo necesito. No sabía cuánto.
—Deja de sabotear tu felicidad, Anna —me dice, devolviéndome el abrazo—. Prométeme que, cuando llegue el momento, al menos lo intentarás. Y que vas a comprar un billete de vuelta a Nueva York ahora mismo.