Burning Love Reacción en cadena #2
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Reacción en cadena #2

Miro lo que hay en el interior del sobre y descubro una foto un poco borrosa, pero, aun así, preciosa.

Es una foto del día que fuimos a ver el partido de los Brooklyn Nets contra los Milwaukee Bucks, cuando nos enfocó la cámara.

Mi cara es un poema, pero Aaron, cómo no, sale guapísimo.

Me encanta. Quiero tener este recuerdo siempre conmigo.

—Aaron… Es… perfecta —digo, abrazándola contra el pecho.

Me levanto y vuelvo a darle un abrazo, esta vez enganchándome a su cuello con un brazo mientras en la otra mano sostengo la foto.

Y este abrazo, quizás es solo en mi imaginación, pero dura un poco más que el otro, porque sus tíos se levantan y se llevan a Luke consigo, dejándonos solos sin que nos demos cuenta de que se han ido.

No pensaba quedarme a comer, porque no quiero que Clotilde esté sola mucho más rato, pero sus tíos son tan encantadores, y me han preparado un asado vegano al que no he podido decir que no.

Aprovecho que he subido a mi habitación para cambiarme y miro el móvil.

Tengo una llamada perdida de Lauren, así que le pongo un mensaje:

Yo: Perdona, que no estaba mirando el móvil.

¿Puedes ahora?

Lauren: Sííííí.

—¡Feliz Navidad, Annita! —canturrea Lauren al otro lado del teléfono.

Oigo que Tricia grita lo mismo de fondo:

—¡Feliz Navidad, chicas!

—Espera, que me voy al porche —me pide Lauren—. Vale, ya, qué es eso supersecreto que me tenías que explicar.

—Aaron y yo casi nos besamos anoche.

—¡YIHAAAAAA! —el chillido de Lauren casi me traspasa el tímpano.

—Tía, que me dejas sorda a mil kilómetros de distancia.

—Lo siento, no hablo sistema métrico decimal. ¡CUÉNTAMELO TODO!

—Pues estábamos después de cenar en el porche de la casa de sus tíos, y no sé muy bien cómo, estábamos hablando, con una copa de champán en la mano, y empezó a nevar…

Lauren está todo el rato murmurando: «Ajá, ajá, ajá» mientras voy hablando.

—¿Y qué pasó? —me pregunta, expectante.

—Que nos interrumpieron.

—Cine —sentencia ella—. El mejor regalo de Navidad que me podías hacer, Anna.

En ese momento, oigo que la llaman.

—Te dejo, que mi abuela me necesita.

—Vale, pero, oye, ¿qué pasó con tu tarta? ¿Conseguiste el tronco de Navidad?

—Hombre, como que me llamo Lauren. Ese creído del pastelero no sabe con quién se ha metido. Te dejo, te quiero, pásalo MUY BIEN. Cuando nos veamos quiero que me lo cuentes TODO.

Después de hablar con Lauren y prepararme, antes de que empezásemos a comer, salí un rato al porche donde estuvimos anoche para hacer una videollamada con mis padres, que estaban con algunos primos tomando chocolate en casa de la abuela Ana.

Por supuesto, mi madre y mi abuela han querido conocer a todo el mundo, así que he tenido que ir con el móvil buscando a todos los inquilinos de la casa.

Mi madre, claro, ha hablado en inglés con todos, pero mi abuela iba comentando en español lo que se le pasaba por la cabeza, creo que sin ser del todo consciente de que nosotros también la veíamos y la oíamos a ella.

Cuando el teléfono ha enfocado a Aaron, mientras mi madre le estaba haciendo preguntas sobre cómo es estudiar para bombero, mi abuela se ha puesto a decir, por detrás: «Oy, oy, oy, qué chico más guapo», y él, obviamente, ha entendido por dónde iba la cosa.

«¿Ha dicho que soy guapo?», me ha preguntado en inglés.

Y mi madre ha confirmado. No tiene sentido ocultarlo.

Después hemos comido bastante de la cena que sobró de anoche, más una nueva remesa que han preparado los tíos de Aaron, asado vegano incluido.

Ahora ya estoy acabando de guardar mis cosas para volver a casa con Clotilde, que espero que no me odie demasiado por dejarla sola.

Tomo nota mental de darle un poquito de jamón que sobró de las croquetas cuando vuelva, para que me perdone por haberme marchado una noche.

Aaron se ha ofrecido a llevarme al ferri, así que me dirijo a su habitación para avisarle de que ya estoy lista y recoger el libro de Lauren.

Cuando me acerco, oigo dos voces en su habitación.

Son él y su primo. A Luke se le nota bastante nervioso, creo que cuando nadie miraba ha comido más azúcar del que debería.

Si ya es un terremoto cuando está normal, hiperazucarado es aún más destructivo.

Oigo que Aaron le pide con tono serio que deje de tocar todas sus cosas.

Me detengo en la puerta, que está entreabierta. No quiero entrar si están a punto de empezar una guerra.

—No, Luke, esta figurita es un recuerdo, no es para jugar con ella —dice Aaron.

Está crispado, pero intenta controlar sus nervios frente a un niño de diez años que claramente se está esforzando mucho por sacarle de quicio.

—¡Buuu! ¡Aburridooo! ¿Y qué es esto? ¿Ahora lees libros estúpidos para chicas? ¿Cuántos más tienes? Uno de bomberos, y este en el que sale un chico con falda…

—Luke, deja eso…

—Aaron es una chicaaaa, su novia le hace leer libros para chicaaas.

—¡Deja ya el libro de los cojones, Luke! Esta mierda no es mía, tío, para ya.

En ese momento, veo que Aaron tiene en la mano el libro de Lauren, así que me doy la vuelta y vuelvo corriendo a mi habitación.

Me obligo a no llorar, aunque me ardan los ojos.

Sabía que era todo demasiado bonito para ser verdad.

Pol pensaba lo mismo de mis libros. Debe de ser cosa mía y mis estúpidas cosas que no le interesan a nadie.

Finjo mi mejor sonrisa y me voy despidiendo de los tíos de Aaron.

Cuando Aaron baja de su habitación al cabo de unos minutos, no me sale ni mirarle a la cara.

Veo que está más serio que de costumbre, intentando recomponerse.

Siento una punzada de empatía, porque yo también he sido hermana pequeña y Nora y yo nos peleábamos continuamente.

Pero estoy dolida. No quiero fingir que no pasa nada.

—¿Estás lista? —me pregunta, abstraído, sin notar que no quiero mirarlo.

Asiento, tomo el libro de Lauren que me tiende y lo abrazo, pero no digo nada.

El resto del trayecto hasta el ferri también lo paso evitando su mirada.

Si hablo, sé que me pondré a llorar y no podré parar.

Y creo que ya he hecho suficiente ridículo emocionándome por algo que, como ya he comprobado, no puede ser.

No sé qué fue lo de anoche, pero sospecho que un mero espejismo aderezado por el momento.

Cuando llegamos al aparcamiento del terminal del ferri, Aaron me inspecciona intentando adivinar qué me pasa. Sabe que algo no va bien, pero no se atreve a preguntarme. Cuando estoy cogiendo mis cosas, rompe el silencio:

—Espero que lo hayas pasado bien —comenta, tanteando el terreno.

—Sí, muy bien, gracias —digo, sin apenas mirarlo.

—Muchas gracias por el libro —intenta. Pero esa es la gota que colma el vaso. El daño se me clava más dentro todavía.

—De nada, pero no hace falta que pierdas el tiempo leyendo esa mierda —digo.

Bajo del coche antes de que pueda responder.

No hace falta que se justifique. La culpa es mía por hacerme ilusiones.

Aunque Aaron no esté saliendo con Tricia, ¿qué me creía?

¿Que acaso yo tenía alguna opción con él?

Es evidente que no. Las cosas que me gustan son parte de quién soy.

Pol no paraba de criticar y reírse de mis gustos.

No sé por qué pensé que esta vez podía ser diferente.