Burning Love Fogón #2
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Fogón #2

Nos acercamos al salón y, tal como me había imaginado, nos encontramos con unas cinco señoras alrededor de una mesa redonda, jugando al póker.

Todas tienen en el tapete alguna bebida que claramente no es un refresco, y una está fumando un puro.

En cuanto me ven, se les escapa a todas unas sonrisillas que no pueden disimular. No sé dónde meterme.

—Pero ¿ya habéis empezado a jugar? ¿Y la comida?

—Tranquila, cariño —responde la que supongo que es Molly —, el pavo ya está en el horno y ahora vamos a preparar lo demás, pero nos hemos liado con una partidita rápida.

—Anda, Anna —interrumpe otra mujer de más o menos la misma edad, con el pelo morado—, no sabíamos que venías acompañada.

—Este es mi amigo Aaron.

—¿El bombero? —pregunta otra, con unas gafas de pasta rojas bastante llamativas.

—¿Te quedas a cenar, guapo? —añade la que se está fumando el puro.

—No, no —contesto apurado. ¿Voy a dejar a Anna sola con estas señoras?—. Solo he venido a cargar el móvil unos minutos, que me he quedado sin batería…

—Anna, ¿este es tu novio? —insiste la de las gafas de pasta.

—¡No! —responde ella, y veo que se pone roja como un tomate.

—¡Pues me lo pido! —grita la del puro. Y todas se empiezan a reír a carcajada limpia.

Veo que Anna tampoco sabe dónde meterse, así que me agarra del brazo y me arrastra por el pasillo. Mientras nos alejamos, grito:

—¡Un placer, señoras!

—¡El placer es nuestro! —Oigo que me responden a coro.

Anna me empuja para que entre en su habitación y cierra la puerta detrás de nosotros. Se queda apoyada con la espalda en la puerta y dice:

—Madre mía, ¡qué vergüenza! Lo siento mucho, estas señoras están desatadas.

Yo me río.

—No sé por qué lo dices —respondo—, a mí me han parecido unas ancianas encantadoras.

—Ve ahí y diles eso de «ancianas» a la cara, verás dónde acabas.

—Seguro que me lo perdonarían.

—Qué creído, cómo os gusta a los chicos guapos que os lo digan.

—¿Soy guapo? —pregunto, con curiosidad.

Veo cómo pone los ojos en blanco, pero se da la vuelta para que no la vea y trastea con una curiosidad exagerada las velas que tiene en su estantería, que está a rebosar de libros apilados y sin colocar.

Murmulla algo que no consigo entender y sigue dándome la espalda, rebuscando por sus estantes.

Yo busco un hueco donde sentarme, y acabo por hacerlo en su cama.

—Encima mira qué peste a puro están dejando por toda la casa, voy a tener que encender una vela de emergencia —se queja, y por fin se da la vuelta. Me mira y, por un momento, se queda petrificada.

—¿Qué pasa? —pregunto— ¿No me puedo sentar aquí?

—Esto… sí, sí, no pasa nada. Ahí tienes un cable para cargar el móvil —dice, señalando un cable que cuelga de su escritorio.

Enchufo el móvil y Anna coge un encendedor para alumbrar una de sus velas.

Parece muy concentrada en la tarea, así que me distraigo mirando su habitación.

Sus sábanas son rosas con unos corazoncitos rojos minúsculos y, en la estantería, aparte de los libros que ya se le han descontrolado y su colección de velas claramente poco sana, veo uno de los prints que sacó de la máquina expendedora de la librería a la que fuimos juntos y también unas cuantas fotos.

Reconozco a Lauren en algunas, en muchas otras sale con una chica de media melena con el mismo color de pelo que ella.

—¿Esa es tu hermana? —pregunto.

Ella asiente y me tiende una foto.

—Sí, esta es Nora —me explica—. Aquí estábamos en Londres el año pasado. Cuando lo dejé con Pol, me fui unos días a su casa y ahí fue cuando empezamos a preparar todo el papeleo para que yo viniera a Estados Unidos.

—Bueno, pues aprovechando que hoy es Acción de Gracias —empiezo a decir—, gracias, Nora, por habernos traído a Anna.

Enciendo el móvil para ver si me han escrito ya mis tíos y, cuando vuelve a la vida, no deja de vibrar. También el de Anna vibra a la vez. Es un grupo que ha creado Tricia y no paran de entrar nuevos mensajes.

Tricia: GRACIAS A TODS X STAR EN MI BIDAAA!

OSKM

Y manda una foto en la que salimos los cinco que ni recuerdo haberme hecho, el día que vimos todos juntos la película en su casa.

Lauren: FYI, se ha pasado con el vino en la cena.

Pero supongo que lo dice de verdad.

¡GRACIAS! Yo también os quiero.

Caleb: Se os quiere, tíos. Doy gracias x teneros.

Los dos tecleamos a la vez.

Anna: ¡GRACIAS!

Yo: ¡GRACIAS!

Anna y yo nos miramos y nos reímos.

Al cabo de un rato, después de despedirme del grupo de señoras y prometerles que volveré otro día para echar una partida con ellas —todavía no sé a qué—, sentado en el metro de camino a casa de los amigos de mis tíos, saco el móvil y abro el chat con Anna.

Escribo y reescribo varias veces hasta conseguir dar con las palabras adecuadas.

No quiero que suenen estúpidas. No quiero que suenen vacías, pero tampoco quiero agobiarla y que se cierre en banda.

Me ha dado rabia lo de su ex. No se merece que nadie le haga sentir menos.

No entiendo cómo el subnormal ese no podía ver lo especial que es la persona que tenía a su lado.

Pero antes de llegar a enviar nada, me llega un mensaje suyo.

Anna: Gracias, Aaron, por escucharme hoy y por todo lo que me has ayudado con el trabajo.

Borro todo lo que estaba escribiendo.

Yo: Gracias a ti.

No sabes cuánto.