Burning Love Área de seguridad
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Área de seguridad

Espacio perfectamente delimitado, determinado como libre de riesgos y peligros potenciales.

Manual del bombero en pruebas, desglose y abreviaturas

Anna

«¿Estaba bueno el café?».

Hace rato que el profesor de Economía Aplicada a la Edición habla y no sigo ni una palabra de lo que dice. Anoche no contesté al mensaje de Aaron. Me ha pillado. Me odia. He perdido mi única oportunidad para hacer amigos por ser patosa. ¿Por qué nada me sale bien?

No puedo responderle. ¿Qué le voy a decir, la verdad? «Mira, casi ni lo probé, porque te lo tiré antes de que me diera tiempo a saborearlo».

Quizás debería haber respondido con una risita sin más, pero igual esperaba una disculpa, y eso era peor.

Si hubiera podido arreglarlo con una gran frase ingeniosa y divertida…

Estuve un rato pensando, pero no solo las musas no llegaron, sino que encima me quedé dormida con el móvil en la mano.

Ahora ya es tarde y pensará que soy idiota.

No es la primera vez que alguien me dice que no soy graciosa cuando intento hacer una broma.

Así que supongo que es mejor no decir nada y asumir mi derrota.

Cuando Lauren se ha sentado esta mañana a mi lado en clase tenía, cómo no, un millón de preguntas.

«¿Qué tal el viaje de vuelta?», «¿te lo pasaste bien ayer?

», «¿soy o no soy la mejor amiga que podrías haber hecho en Nueva York?

». A la pregunta de «¿qué tal con Aaron?

», mi respuesta ha sido algo parecido a un muybiengracias.

Acto seguido me he sentado en el asiento y he clavado la vista en la pizarra.

Lauren ha seguido hablando, nosequé de que su hermana y Caleb habían comentado que a ver si repetíamos el plan de ayer más veces, que es importante que cojan hábito de estudio, no solo de entrenar, que también molaría que fuéramos a ver un partido de baloncesto y no sé cuántas cosas más que no he podido retener.

—Ey, Anna —dice Lauren con el móvil en la mano.

Estaba tan empanada que no me he dado cuenta de que el profesor de Economía está recogiendo sus cosas—.

Mi hermana me pregunta si quieres venir esta tarde a casa.

Hoy no tengo que ir a la editorial porque mi equipo está en un evento fuera de Nueva York y puedo avanzar desde casa.

¿A su casa? ¿Con los cadetes? Hago tal mueca que Lauren se preocupa. De hecho, alarga una mano y me toca la frente.

—¿Estás bien? ¿Te encuentras mal?

Me dejo caer sobre la mesa. Niego con la cabeza, hecha un amasijo de pelo y culpa.

—Anna, pero ¿qué pasa? —insiste Lauren.

Reúno el valor de dejarle ver la conversación con Aaron. Alargo la mano con el móvil hacia ella:

—Me ha reconocido, tía —confieso, abandonando toda esperanza.

Ella lee rápidamente la conversación y se le dibuja una sonrisa en la cara. Me mira con una ceja levantada. Yo la observo con la cabeza gacha, a través de una grieta del flequillo. Tierra trágame y escúpeme debajo de mi cama, donde nadie pueda encontrarme.

—Caleb y Aaron no estarán hoy, si es eso lo que te preocupa —inquiere ella.

—Uff, menos mal —digo, pero creo que es mentira. ¿Es decepción esto que siento?

Lauren me escruta durante algunos segundos sin dejar de asentir, hasta que por fin cambia de tema:

—Mi padre ha prometido que preparará sus pretzels especiales.

Lauren se gira en su silla, me sujeta por los hombros y me dice muy seriamente:

—Anna, si solo pudieras comer una cosa durante el resto de tu vida en este país, por favor, por favor, por favor, que sean los pretzels que prepara mi padre.

Nadie puede resistirse a una declaración como esa. Aunque criada con orgullo en la cocina mediterránea, no creo que sobreviviese mucho tiempo con esa dieta.

En la siguiente hora, el señor Schuster retoma la lección donde la dejó el otro día y nos avanza que los últimos minutos de la clase los dedicará a explicarnos el proyecto que llevaremos a cabo a lo largo del curso.

—Queridos, si os acordáis, el otro día hablaba de la Gran Novela Americana y os ponía de ejemplo El gran Gatsby .

Pero, como estáis aprendiendo estas semanas, en la mayoría de casos, detrás de una gran novela hay un gran editor.

Hoy quería hablaros de Max Perkins, el editor que descubrió a Fitzgerald, ¿os suena?

—Se oyen algunos murmullos de afirmación—.

Fitzgerald estaba entusiasmado con la novela que estaba creando, según lo que él mismo decía en sus cartas a su editor.

Cito: «Puede que la mía sea la mejor novela americana jamás escrita».

Los autores hacen su magia, de eso no hay duda, pero nosotros hacemos la nuestra.

Un autor no tiene por qué saber cuál es el mejor título para su obra.

No tiene por qué saber necesariamente de marketing, o de tendencias, para hacer una gran obra.

Pero nosotros sí. Somos como sabuesos olfateando el mercado.

¿Sabéis cuál era el título que Fitzgerald quería poner a su novela?

Lauren se remueve en su asiento, estoy segura de que lo tiene casi en la punta de la lengua.

— Trimalción —responde él, y Lauren se da una palmada en la frente, como si fuera evidente (no lo es)—.

Para él tenía sentido, ya que comparaba la corrupción involuntaria de Gatsby con un personaje de El Satiricón , de Petronio, que lleva el mismo nombre.

Se publican cientos de miles de libros cada año solo en Estados Unidos.

Levantad la mano los que cogeríais de la mesa de novedades un libro con ese título.

Nadie levanta la mano.

—Ahí lo tenéis. Fitzgerald hizo su magia, pero sin su editor, El gran Gatsby no existiría.

Max Perkins, que también fue editor de Thomas Wolfe o Ernest Hemingway, leyó el manuscrito de la primera obra de Fitzgerald y no fue capaz de convencer a nadie de su editorial para que lo comprase.

Trabajó con el autor puliendo el manuscrito hasta que finalmente se lo aceptaron.

»Lo que quiero decir con esto es que, para ser buenos editores, hay que ser capaces de convencer, aunque os quede mucho aprendizaje por delante cuando empecéis a trabajar en el oficio.

Os propongo un proyecto que sé que es ambicioso, pero también inspirador.

Quiero que os imaginéis cómo sería la Gran Novela Americana si se publicase el próximo año.

¿De qué hablaría? ¿Cómo, a través de una obra, representaría la esencia de un país?

Con las complejidades de nuestro tiempo y nuestras incertidumbres políticas.

—Vaya, casi nada —comenta Lauren por lo bajini.

—Está claro que hay que hablar del resurgimiento del Sur —asegura una de las popus , que creo que es de Carolina del Sur.

—Tiene que hablar de política —propone otra chica más atrás.

—Pues yo digo que la Gran Novela Americana de nuestros días la escribiría una inteligencia artificial —comenta un chico de la última fila, que se lleva una mirada de odio del resto de la clase.

—Estoy seguro de que no, Dylan —responde el profesor sin inmutarse, y continúa—: Os propongo que investiguéis, leáis artículos, escuchéis las conversaciones del metro.

Salid a la calle. ¿De qué está hablando la gente ahí fuera?

Tendréis que hacer una propuesta editorial de un tema para una novela, y, opcionalmente, dos títulos secundarios si tenéis más ideas o variantes.

—Apunto a todo correr las instrucciones, porque estoy entrando en pánico—.

En vuestra propuesta editorial tendréis que añadir también un plan de marketing y comunicación, y un estudio de ventas, que revisaremos entre varios profesores y expertos de diferentes ámbitos del sector.

Si queréis, podéis presentar también propuestas de autores o un perfil de autor que creáis que podría escribir esa Gran Novela Americana vuestra, pero esto no es necesario.

Este proyecto es imposible para mí. Soy una recién llegada. Una extranjera. No tengo contexto más allá de lo que haya podido estudiar o ir aprendiendo estos meses. Cualquier persona de mi clase me saca ventaja por el mero hecho de haberse criado aquí.

—El desafío es grande, pero el premio es jugoso. Seleccionaremos tres proyectos ganadores, que nos acompañarán a mí y a otras dos editoras a la Feria Internacional de Derechos de Londres, que se celebra cada año en el mes de marzo.

Nora. Estaría en Londres, podríamos vernos. Incluso quizá mis padres podrían volar allí y quedarse en su casa…

—Los afortunados tendrán la oportunidad de conocer cómo funciona una feria de derechos internacionales desde dentro.

Nos acompañaréis a reuniones con agentes, iréis a charlas y a los cócteles de después, que es donde se cuecen las cosas más apetitosas…

Creemos que es una muy buena oportunidad para que completéis vuestros currículums y salgáis más preparados.

Otro día os hablaré de cuál fue mi primera contratación en una feria de derechos internacional.

Se oye un murmullo general, todos estamos revolucionados con la noticia.

No es de extrañar, con una recompensa así.

Sería una gran carta de presentación en nuestras entrevistas con posibles empleadores y, aparte, sería la oportunidad perfecta de coincidir con mi hermana.

Llevo demasiado tiempo sin verla, entre que ella no ha viajado a España y yo me he venido a Nueva York.

Como no podré volver a casa por Navidad, ganar el reto es la única posibilidad de ver a Nora que tendré en los próximos ocho meses. Jo, sería una oportunidad increíble.

Pero, siendo realistas, no voy a conseguirlo. Cuando acaba la clase, completamente sumida en la miseria, me levanto de la silla y me acerco hasta el profesor Schuster, donde varios alumnos ya se han arremolinado para hacerle preguntas o la pelota, una de dos. Cuando llega mi turno, balbuceo:

—Esto… señor Schuster, no creo que pueda asumir este trabajo. —Él me mira extrañado.

—¿Hay algún problema, Anna? —pregunta, intentando leer en mi expresión consternada si ha ocurrido algo.