39. Me toca a mí jugar con la Sex Box #2
—Extiende el cable central por el vientre. Debería pegarse al cuerpo como cinta corporal adhesiva. Eso es. Ahora —continué, cerrando los ojos mientras él me tocaba entera, despertando hasta el último de mis sentidos—, presiona el estimulador clitoriano para colocarlo en su lugar .
Con sus dedos largos y cuidadosos, puso la almohadilla de goma sobre mi clítoris, que estaba muy sensible. Me estremecí , pero me esforcé por mantener la voz firme.
Si había algo que me gustaba más que correrme era un buen experimento. No quería estallar tan pronto y echarlo a perder .
—Y luego introduce el elemento insertable en el sujeto.
—¿Cómo ? —dijo colocando el falo en la entrada—. ¿No hay estimulación anal?
—Ese es un pack adicional avanzado. Todavía no ha salido de la fase de pruebas. Para Clara es muy importante potenciar las ventas secundarias.
—En ese caso, espero con ansia el lanzamiento del modelo de segunda generación —dijo Hudson con una risita, y me metió el juguete hasta dentro llenándome entera. Me quedé sin alien to con la incursión—. ¿Estás cómoda?
Qué mono. Pensaba que me había dolido y era justo lo contrario. Un mínimo margen de movimiento sin aquellas ataduras y me habría corrido en cuestión de segundos.
—Estoy en un siete.
—¿Qué significa eso?
—Usamos una escala para los diferentes momentos del proceso de prueba. Los probadores tienen que anotar cuándo hay ciertas cosas que aumentan su proximidad al orgasmo. Cero significa que no has empezado ni a tocarte, no hay excitación. Y diez es un orgasmo.
—Está bien saberlo. Espero que me informes si eso cambia. Quiero que me des un buen espectáculo. Es la única forma de que pueda estar empalmado un cuarto de hora mientras el molde se solidifica.
Cada una de sus palabras era una provocación. Una provocación que provocaba otra provocación. No solo tendría el control de la Fantasía, sino que iba a esperar los quince minutos durante los que él no podría obtener satisfacción inmediata para dejar que me corriera.
Puede que incluso más.
Como si quisiera remarcar esa idea, se fue desvistiendo botón a botón.
Los sensores repartidos por mi cuerpo se burlaron de mí con su quietud.
Quería gimotear mientras tiraba de las ataduras.
Cuando terminó de desnudarse, se me acercó paseándose hasta que su erección quedó por encima de mí apenas fuera del alcance de mis besos.
—Has dicho que tengo que estar completamente erecto para usar el kit , ¿no? Pues necesito algo de ayuda con eso.
No la necesitaba. La tenía más dura que nunca, pero, cuando me rozó la mejilla con ella, abrí la boca para él sin pensarlo. Ni siquiera tuve tiempo de respirar antes de que me la metiera toda.
Puede que estuviera atada, pero eso no me impidió darle un homenaje a su polla con una fiereza que nunca antes había liberado.
Me encantaba su sabor y lo deseaba entero, y más teniendo en cuenta que ninguno de los componentes de la Fantasía esta ba en marcha.
Aquella era la única estimulación sexual que tenía por el momento y no pensaba perder ni un segundo .
Le comí la polla, con arcadas incluidas, forzándome a metérmela toda dentro hasta que pensé que iba a correrse allí mismo.
Sin embargo, antes de llegar a ese punto, se apartó empujándome con firmeza la cabeza contra el asiento.
—Me parece que eso será suficiente. No quiero que te me emociones antes de que hayamos siquiera encendido la Fantasía.
«Será cabrón». Gruñí y apreté los dientes con fuerza luchando contra el deseo.
Rápidamente, llevó su silla al lado de la mía y metió la polla en el tubo de clonación . Se estremeció por el frío (una sensación rara), puso una alarma en el móvil y luego abrió la app de control de la Fantasía.
Quince minutos a partir de… ya .
—Iniciando el primer protocolo —dijo Hudson—. Deberías notar unas sensaciones dulces y cariñosas.
—Las noto —confirmé.
—Cuéntame lo que estás experimentando con todos los detalles posibles. Quiero confirmar que el software te está transmitiendo lo que quiero.
—Me… Mmm… Me está acariciando los pezones con mucha suavidad. Demasiada, diría.
—Está alargando el proceso.
—Y casi siento como si… Como si me besara el clítoris. Pero es muy suave. Parece que esté respirando sobre él en lugar de besándolo.
—¿No hay estimulación interna?
—No, y eso me desespera.
—Excelente. Justo lo que quería.
La Fantasía estaba pensada para dar variedad, sorpresa y los mejores orgasmos. Podía hacer cualquier cosa, y casi todas ellas a la vez, pero él había decidido empezar despacio, y eso me sacaba de quicio. Estaba excitada, pero todavía demasiado lejos del orgasmo.
Comprobé los amarres. No, no iban a soltarse, ni Hudson pensaba liberarme. Se recostó en su asiento con el tubo en una mano y el móvil en la otra, controlando todas y cada una de mis sensaciones.
—¿Cuánto dura esta parte? —pregunté.
—Llamémosla «fase de calibrado». Podría hacer que durara toda la vida —dijo, pensativo —. Tenerte gimoteando así. A ver cuánto tardas en quedarte sin conocimiento del ansia.
—No puedes hacer eso…
Mis palabras quedaron ahogadas en un grito cuando me mordieron los dos pezones a la vez o, por lo menos, eso me hizo sentir la Fantasía.
Los dedos de Hudson, los culpables, sobrevolaban el teclado de la app de control, pero él no podía parecer más inocente, sobre todo cuando volvieron los besos con una calma reverencial.
—¿No quieres una investigación completa?
—Sí .
—Pues sé una buena sujeto de pruebas y disfruta de mis habilidades con el código.
No sabes cuánto tiempo me he pasado diseñando este protocolo para ti.
Estos últimos días , siempre que estabas ocupada trabajando y no podía convencerte de levantarte del escritorio para echar uno rápido en la oficina …
he ido creando esto para tener un lugar en el que depositar mis fantasías sexuales. ¿En qué nivel estás?
Los mordiscos me habían hecho subir un poco. Y, luego, la idea de que había estado a oscuras en su habitación mirando con atención el portátil, haciéndose una paja con una mano mientras diseñaba una fantasía sexual para mí con la otra, me llevó a otro nivel.
—En un siete coma cinco.
—Podemos mejorarlo.
Y lo hizo. De pronto, el dispositivo que yo misma había construido me asaltó el cuerpo.
—Joder .
—Eso no es muy descriptivo que digamos, Scout —me provocó .
Dios, ¿cómo iba a decir nada con el cuerpo sobreestimulado en casi todos los sentidos?
—Es como si hubiera muchas bocas encima de mí… Dos rodeándome los pezones. Dándome besos mientras bajan por la barriga. Y unos dedos subiendo y bajando por mis labios mientras otra boca me lame el clítoris. Es como si me tocasen dos personas, no solo una.
—He hecho un ajuste de última hora. Quería que revivieras tu experiencia en el club de striptease, pero más intensa todavía. ¿Es más intensa, Scout?
—Sí —siseé. La estimulación cesó—. ¡Eh!
—Estabas cerca del ocho. He tenido que frenarte un poco. Apenas estamos empezando. —Ignorando el pequeño gemido de decepción que solté, volvió a tocar el teclado—. ¿Qué está pasando ahora?
—Nada.
—No te calles nada. Tu feedback es muy importante. He creado este protocolo para ti. Debería ser exactamente lo que tú quieres.
—Lo que quiero es correrme .
—Si yo no puedo correrme hasta dentro de… —Miró el temporizador del móvil—. Nueve minutos y cuarenta y cinco segundos , tú tampoco. Lo siento, pero creo que es lo justo . Y ahora, dime, ¿qué le está pasando a ese perfecto cuerpo tuyo?
Tragué con dificultad.
—El falo me ha penetrado , pero no hace nada.
Tac, tac, tac. Un zumbido llenó el silencio de la habitación. Y mi coño.
—¿Y ahora ?
—Sí, está vibrando despacio.
Tac, tac, tac-tac.
—¿Y ahora ?
Intenté luchar contra los amarres moviendo la cadera, pero estaban demasiado apretados. Lo único que podía hacer era quedarme tumbada y dejarme hacer.
—Me está follando. Hudson, necesito más…
—Tendrás lo que yo quiera darte. —Me miró con una sonrisa burlona—. Es por la ciencia.
El falo había cogido ritmo . El punto G me palpitaba bajo su presión.
Hudson dejó que siguiera así un larguísimo rato, como una tortura.
El tiempo perdió todo el sentido para mí.
No existía nada más que la búsqueda del placer y la imagen de Hudson haciendo muecas desesperado por sacar la polla del molde y follarme.
—¿En qué punto estás ahora?
—Ocho.
Tac, tac, tac-tac-tac.
Joder, ahora me estaban succionando y haciendo vibrar el clítoris.
La polla que tenía dentro aumentaba de temperatura y de velocidad.
Y me estaban pellizcando y besando los pezones, primero uno y luego el otro.
Todo se arremolinó en una maravillosa neblina hasta que dejé de saber dónde terminaba yo y dónde empezaba el orgasmo que estaba a punto de llegar.
Cuando dejó de tocar la pantalla, las sensaciones continuaron.
—¿Qué sientes ahora? —preguntó.
—Que esto ha sido una muy mala idea, cabrón…
Chasqueó la lengua. De algún modo, el deje condescendiente de su voz me ponía todavía más.
—Así no te vas a correr. Recuerda, yo puedo quitarme el molde este y correrme cuando me apetezca. En cambio tú estás atada y en mis manos.
Dentro de mí, todo se detuvo. La Fantasía bajó la intensidad de un momento para otro.
Esa vez no gimoteé. Solté un grito.
—¿Lo estás disfrutando? —me provocó—. ¿Qué tal la Fantasía, doctora Porter? ¿Es todo lo que habías soñado?
Sus dedos bailaron por la pantalla. Unos cuantos clics y sería la mujer más extasiada del mundo. Me correría a manos de mi novio con una máquina que yo misma había creado.
—Sí —dije—. Sí, es perfecta.
—Así que lo admites —dijo—. Eres capaz de hacer cosas increíbles. No eres un puto desastre. Al contrario, eres genial.
—Yo no he dicho eso…
El juguete rebajó la intensidad a un ronroneo suave. Yo resoplé.
—Vale, que sí. Puedo hacer cosas increíbles. No soy un puto desastre. Puedo hacer cualquier cosa que me proponga. Soy genial. Soy genial…