Buenas vibras 29. Baño de multitudes #2
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29. Baño de multitudes #2

Yo quería una relación en la que llevase las riendas yo y nadie más. Estaba segura de que, si Clara se enteraba de mi relación con Hudson, tiraría la casa por la ventana, le alargaría el contrato y se pondría a buscar el salón de banquetes para la boda.

Y, si se lo contaba y aquello terminaba siendo uno de los clásicos fracasos de Scout Porter, terminaría sintiéndome humillada.

—Es complicado . —Fue la única respuesta que pude darle sin mentir de forma explícita.

—Vaya, qué misteriosa —canturreó ella—. Me muero por que me lo cuentes todo cuando se haya «descomplicado».

Nos unimos al resto del equipo para comer pizza y yo me esforcé por hablar de cosas que no fueran el trabajo con algunas personas a las que nunca me había molestado en conocer.

Sin embargo, a cada paso que daba, notaba la atención de Hudson puesta en mí.

La única tregua que me dio fue cuando por fin me escapé al baño intentando contener el deseo que se apoderaba de cada centímetro de mi piel.

Ahí fue donde me encontró Leelah, que vino a perturbar mi paz.

—Tía, ¿cómo esperas mantener en secreto lo de salir con Hudson si no dejáis de miraros con ojos de «fóllame»?

—En primer lugar, hola. En segundo lugar, no es verdad. Y en tercer lugar, no estamos saliendo.

—Me da a mí que eso sería toda una novedad para él. —Ante mi expresión impasible, continuó—: ¿Qué? Si habéis salido por ahí y él ha conocido as tus padres.

—Hemos salido por ahí, eso no quiere decir que estemos saliendo. Solo nos estamos viendo. Sin etiquetas. Es diferente .

—Sí, claro… —Puso los ojos en blanco—. Se me olvidaba que todo lo que hacéis juntos son solo preliminares para vuestras ardientes aventuras sexuales.

Por fin una oportunidad para cambiar el rumbo de aquella conversación.

—Más bien desventuras. ¿Alguna vez alguien te ha hecho correrte solo con el altavoz de un coche? El otro día estábamos…

Alguien tiró de la cadena del váter.

Joder.

Había alguien más allí.

Y acababa de oír todo lo de Hudson.

El agua de la cisterna también se llevó una parte de mi alma. Todas las neuronas de mi cuerpo temblaron y estuve a punto de desmoronarme.

Entonces se abrió la puerta del tercer cubículo . Addie salió de él con la boca abierta de par en par.

—¿Te estás acostando con el nuevo? Entonces ¿Jared no se lo estaba inventando todo hace unas semanas en el bar? ¿De verdad te estás acostando con él?

Hudson ya llevaba un tiempo trabajando con nosotros, así que lo de «el nuevo» no me parecía una descripción muy generosa .

—En aquel momento no nos acostábamos.

—¿Y ahora?

—Bueno, ahora no es… que no nos estemos acostando. —Fue mi brillante respuesta.

Por un momento me preocupó que Addie fuera a tomarse mal aquella noticia. Resultó que estaba en lo cierto , pero no por los motivos que esperaba.

—¿Y se lo has contado a la nueva antes que a mí?

Estaba celosa. Addie estaba celosa. Me acordé de aquella noche que fuimos al Josie’s, cuando intentó ser mi amiga y yo la ahuyenté.

—No iba a contárselo a nadie —le dije a modo de defensa—. Lo adivinó.

—Soy muy perspicaz —dijo Leelah—. Por eso sé que estás encantadísima de ser partícipe de este secreto.

Addie estaba prácticamente zumbando y se le había iluminado la mirada. Al parecer, ser la segunda en enterarse no era tan malo cuando entrañaba la posibilidad de hacer amigas.

—¿Estás de broma? Me muero por una charla de chicas. Todo el mundo comenta que esta empresa es lo más femenino del mundo, pero en la oficina estamos nadando en testosterona. ¿Ya está? ¿Estoy dentro? ¿Por favor, podemos ir a tope con esto del grupito, en plan Sexo en Nueva York ?

Se me había olvidado lo entusiasta que podía llegar a ser Addie. Antes, eso me resultaba inquietante. Llegados a ese punto, me parecía enternecedor. Solo quería sentirse incluida.

—Tampoco es que hubiera ningún grupito, pero sí —dije yo con una sonrisita.

—¡Cojonudo! A ver, ¿cómo vamos a celebrar nuestra era del empoderamiento femenino? ¿A alguna le gustan los brownies de marihuana? Hoy he hecho unos, pero podemos ir a mi casa y preparar más un día de estos. Vosotras también podríais preparar algo. Podríamos hacer un concurso.

Ninguna de las dos tenía experiencia en la repostería cannábica, así que declinamos la invitación, pero, al volver a la oficina, las tres seguíamos en sintonía.

Cuando Hudson y yo nos vimos para tomar unas copas des pués del trabajo en un bar muy mono lejos de la oficina, yo esta ba radiante. Había hecho algo bien. Había hecho las cosas bien y la gente lo estaba notando. Tal vez no fuera ese desastre que pensaba. Tal vez podía permitirme soltarme un poco.

Sin embargo, Hudson no estaba muy fino. Se esforzó por charlar en los momentos adecuados y hasta me tocó la rodilla por debajo de la barra y me susurró cosas sobre querer seguir con la investigación de mi cajón de juguetes esa noche, pero me pareció todo mecánico, como si tuviera la cabeza en otro sitio.

—¿Qué pasa en esa cabecita? —le pregunté por fin—. Estás como un electrón atrapado en un circuito de corriente continua.

—¿Eh?

— Vas lento, como si se te hubiera acabado la batería. ¿ Estás bien?

Yo llevaba los últimos diez minutos intentando descubrir qué había hecho para que se enfadase. Normalmente, cuando la gente se ponía así conmigo, yo era la culpable de su sabotaje emocional.

—Sigo pensando en la reunión general de hoy —dijo dándole vueltas al poso rojo cereza de su piña colada—. ¿De verdad crees que esa estrategia de marketing es la más inteligente?

—A mí me parece una estrategia bien fundamentada. La gente no se fía de las empresas, sino de otras personas. Y la verdad es que creo que Terrence tiene razón, la mayoría de los consumidores no compran un producto en base a su función, sino a cómo creen que los hará sentir.

Hudson no me miraba, de modo que tuve que observarlo en un espejo envejecido que recubría toda la pared de detrás de la barra.

— Es que no me imagino quién querría contarle a todo el mundo sus deseos sexuales —musitó.

—Los deseos sexuales no son algo de lo que avergonzarse —le recordé. Ese era mi lema para trabajar en VibraCorp, mi estrella polar.

—Puede que no sean algo de lo que avergonzarse —repuso—, pero la gente sí que puede hacerte pasar vergüenza por ellos. Las personas juzgan mucho, son muy cerradas de mente.

Eso era cierto. Lo veíamos miráramos donde mirásemos: en la legislación, que intentaba prohibir la venta de juguetes sexuales, en las aplicaciones diseñadas para monitorizar el consumo de pornografía de tu pareja o de un miembro de tu familia, en los políticos que excluían los contenidos sobre salud sexual de las leyes de protección de la libertad de expresión…

Las personas podían juzgar mucho a los demás y llevar esos prejuicios al extremo.

Era normal que pensase algo que era evidentemente cierto.

—¿Por eso nunca quieres hablar de tus fantasías? —le pregunté—. Sabes que yo nunca te juzgaría.

—La verdad es que no te he sido totalmente sincero cuando hemos hablado de mi exnovia —musitó—. Sí que… intenté comunicarle algunas cosas en las que estaba interesado. Se rio de mí. En pocas palabras, me llamó rarito. No volví a sacar el tema. Fue horrible sentirme tan… Tan ridículo.

—No hay nada ridículo en ti, Hudson. Y no vale la pena perder el tiempo con personas que no te aceptan tal como eres.

Al fin, dejó de mirar el espejo y se volvió hacia mí. Se le torcieron los labios.

—Tienes razón, ella no era la persona adecuada, pero esa es una afirmación curiosa viniendo de alguien que solo se ha dado permiso para hacer amigos hace unas semanas.

—Estoy aprendiendo. Además, ¿ para qué sirve el conocimiento si no se comparte? —bromeé.

Pensé que tal vez seguiría hablando, que aceptaría mi consejo y admitiría que yo tenía razón, que era bueno y saludable aceptarnos a nosotros mismos sin importar las consecuencias sociales, pero tendría que haber sabido que no iba a hacerlo. En lugar de eso, cambió de tema.

—Bien visto. A  ver, ¿qué conocimientos sobre los juguetes sexuales vas a compartir conmigo esta noche?

Sopesé la pregunta y le puse la mano en la rodilla. Noté unos latidos de deseo entre las piernas.

—¿Qué sabes sobre los anillos para el pene?