Buenas vibras 29. Baño de multitudes
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29. Baño de multitudes

Baño de multitudes

P ues ya estaba. Era una pesadilla hecha realidad. Le importaba a un hombre maravilloso, encantador, generoso e innegablemente sexy. Y era incapaz de aceptarlo por mi historial de ineptitud.

De modo que, cuando hablamos del futuro, yo no reconocí lo que sentía por él.

O, al menos, no la profundidad con la que lo sentía.

Intenté no pensarlo siquiera. En lugar de eso, puse una nueva barrera entre nosotros: el tiempo .

Él se iba en tres semanas. Lo mejor sería aprovecharlas sin complicar las cosas con una relación de verdad ni nada por el estilo. Nos divertiríamos y punto.

Divertirme era algo que podía tolerar o, más concretamente, intentar. Pasar noches juntos. Salir un par de días. Darnos mimos y afecto y orgasmos que yo recordaría el resto de mi vida. ¿Qué era lo peor que podía pasar?

Una semana más tarde, sentada en una reunión de todos los equipos de VibraCorp, en lo único en lo que podía pensar era en la polla de Hudson. Era algo que hacía mucho aquellos días, pensar en la de verdad, la que tenía en casa, en lugar de centrarme en las artificiales que diseñaba en el trabajo.

Y eso era precisamente a lo que me refería cuando decía que me preocupaba que la vida personal me distrajese de la profesional, a estar deseando a un hombre que estaba al otro lado de la sala y que ya me había hecho correrme dos veces antes del desayuno.

Intenté mantener a raya los pensamientos , volver a la tarea que tenía entre manos. Estábamos a solo dos semanas del OhFest de Nueva York, la feria de juguetes sexuales de ámbito nacional en la que presentaríamos la Fantasía y en la que se decidiría nuestro destino .

Clara se levantó y llamó al orden a la sala sin pronunciar una sola palabra. Tenía el don de dominar cualquier espacio solo con su presencia.

—Para empezar, quiero daros la enhorabuena a todos.

Os puse un plazo imposible de cumplir y habéis estado a la altura.

Sé que ahora me pondréis al día de vuestros respectivos calendarios e increíbles proyectos, pero he estado haciendo un seguimiento de vuestro progreso a través de los informes semanales de Scout y lo que he visto de momento me ha impresionado. Sé que el OhFest será un éxito rotundo.

Se le formaron unas arrugas casi imperceptibles al lado de los ojos. Me pregunté si lo creía de verdad, en lo más profundo, o si solo nos estaba dando una charla motivadora diciendo que confiaba en nosotros para que nos esforzásemos más por no decepcionarla.

Unas semanas atrás, habría pensado lo peor: que estábamos al borde del desastre y que nos estaba manipulando. En cambio, en ese instante decidí creerla.

Entonces, Leelah se irguió y, mirándome desde el otro lado de la sala, levantó la voz para que todo el mundo la oyera y dijo:

—Y todo gracias a Scout.

Clara, que no estaba acostumbrada a que la interrumpiesen, se quedó estupefacta. Y, luego , ladeó la cabeza y sonrió de oreja a oreja. No solía sonreír así —remarcaba las patas de gallo y, por lo visto, el bótox se estaba poniendo caro—, por lo que valoré el doble su halago.

—Sí, ha sido una líder excepcional, ¿verdad ? Disciplinada, informada y comprometida con la Fantasía. Nos alegramos de tenerte aquí, Scout.

La sala rompió a aplaudir. Yo agaché la cabeza para esconder el sonrojo. La última vez que todo el mundo me había dedicado su atención había sido cuando Lloyd Exeter le hablaba a Joe Rogan de nuestro breve escarceo.

En cambio, ahora, a pesar de mis miedos y dudas, me estaban alabando. No sabía muy bien cómo, pero había conseguido hacer una amiga, tener una vida sexual increíble, delegar trabajo en mis compañeros sin pasarme el día vigilándolos y ganarme su aprobación. Y la de Clara.

Me pregunté qué más podía conseguir. ¿Acaso Hudson tenía razón? ¿Era capaz de hacer más de lo que nunca había soñado?

—Gracias a todos —dije con sinceridad—. No podría haberlo hecho sin vosotros.

Cuando el aplauso se apagó, Clara tomó asiento y volvimos al trabajo.

—Bueno, ¿empezamos?

Los jefes de departamento no perdieron el tiempo.

Aunque estaban todos por debajo de mí en el organigrama de la empresa, los distintos equipos (Software , Fabricación, Control de Calidad, Pruebas, Marketing y, por supuesto, Ingeniería) aportaron sus propios informes.

Las exposiciones fueron exhaustivas pero prometedoras , justo como esperaba.

Todo el mundo entendía la importancia de aquel lanzamiento .

Sin embargo, en cuanto los de Marketing empezaron a hablar…

—Tenemos algunos problemas —dijo Thomas , el jefe del departamento, con bastante aprehensión—.

Es un dispositivo caro, difícil de vender, sobre todo por lo rompedor que resulta.

Es posible que la gente no entienda qué hace o cómo pueden usarlo, dado que no hay un punto de referencia para un juguete así.

Bueno, en realidad no es ni un juguete. Es una experiencia sexual inmersiva.

—Y luego está el tema de los hombres —musitó alguien.

La energía de la sala cambió. En primer lugar, la Fantasía era un juguete diseñado específicamente con las personas con vagina en mente, de modo que las personas con pene no iban a poder usarlo de ningún modo, y eso reducía el mercado potencial a, más o menos, la mitad de la población.

En segundo lugar, aunque también estaba hecha para que las parejas pudieran programar los movimientos del juguete, era posible que algunos hombres lo viesen como un reemplazo.

Como una amenaza a su dominio en la cama.

—Sí, es cierto —respondió Clara, reflexiva—. Me preocupan los recientes comentarios del señor Ose y el aumento de popula ridad de una marca como la de Lloyd Exeter, dirigida a atender las necesidades de la clientela masculina.

—Nosotros no deberíamos dedicarnos a atender las necesidades de los hombres cis —saltó Addie.

Por los dardos que le lanzaron con la mirada, quedó claro que el equipo de Marketing y ella habían tenido aquella discusión muchas veces—.

Esto no va de ellos. No todo en este mundo puede girar en torno a ellos.

—Entiendo ese punto de vista, pero también entiendo que no podemos seguir levantando un proyecto, especialmente uno en el que nos jugamos tanto, apelando solo a las personas con vagina.

—Deberíamos hacer ambas cosas —dijo Terrence a pesar de sus escasos conocimientos sobre marketing.

Sin embargo, aque lla reunión era precisamente para hacer una lluvia de ideas en tre todos los departamentos—.

¿Y si usamos testimonios? Podríamos contactar con hombres que hablasen de cómo la Fantasía ha mejorado su vida sexual.

Incluso podríamos hablar de otros productos y así presentar VibraCorp como una empresa para todo el mundo.

Los de Marketing lo consideraron. Yo sabía por sus correos que los testimonios no eran parte de su plan. Habían estado más centrados en mostrar el producto y explicar su funcionamiento que en vender las vibras (valga el doble sentido).

—Es buena idea —dijo Thomas—. ¿Y si los incluimos en el vídeo que vamos a proyectar justo antes de la presentación de Scout en el OhFest ? Podríamos incorporar unas cuantas entrevistas a personas de los grupos de discusión, de todos los géneros, describiendo sus experiencias con varios juguetes.

Un murmullo de asentimiento sobrevoló la sala . Entonces Hudson levantó la mano.

—No hace falta que levantéis la mano —dijo Clara.

Él la bajó vacilante.

—Sé que todos sabéis más de esto que yo, así que tampoco me toméis muy en serio.

Estuve a punto de poner los ojos en blanco. ¿Acaso no había aprendido nada aquellas últimas semanas? No hacía falta matizar cada discrepancia con una advertencia.

—¿Los probadores de productos no se sentirán incómodos por salir en un vídeo?

Los informes de polvos son privados y se usan internamente, pero aparecer hablando de sus preferencias sexuales en pantalla delante de cientos de personas o incluso en redes sociales, donde te puede ver todo el mundo , en una campaña de marketing, es muy diferente.

—No, no son nada tímidos —dije yo, y percibí la incomodidad que se apropiaba del cuerpo de Hudson. Los hombros tensos. Las manos apretando con fuerza el lápiz de la tablet—. Entienden lo que hacen y la importancia que tiene.

—Pero tiene razón —dijo Thomas—, será un reto conseguir que los hombres quieran aparecer en el vídeo. Tendremos que buscar una manera de convencerlos de que está bien hablar de estas cosas .

—Será un gran reto —dijo Hudson.

—Encontraremos el modo. —Fue la respuesta de Thomas, pero, con una mueca, añadió—: Esperemos .

Clara asintió una vez, dándole el sello de aprobación definitivo a aquel nuevo rumbo.

—Me parece una idea que vale la pena explorar. Poneos con ella.

Hubo un murmullo de aprobación general.

—Excelente. Si no hay nada más que tratar, volvamos a la trinchera.

La sala se vació deprisa porque había ganas de hincarle el diente al catering de pizzas que Clara había organizado para la comida . Sin embargo, antes de que yo pudiera marcharme, mi jefa me llevó a un lado.

—Scout, lo digo de verdad , has superado cualquier expectativa. Estoy orgullosa de ti. No te imaginas cuánto.

El orgullo me inundó el pecho amenazando con no dejar espacio para cosas más importantes, como el aire . Incapaz de aceptar el cumplido, le quité importancia.

—Ya veremos cómo sale todo en el OhFest. Tampoco vayamos a creernos la polla.

—¿Eso ha sido un chiste?

—Pues claro.

—Qué graciosa. Y ¿qué tal va tu experimento de normalidad?

—Genial . Estoy haciendo amigos y planes fuera del trabajo.

—¿Te estás viendo con alguien?

Por un lado quería contárselo. Al fin y al cabo, ella lo sabía todo de mí , ¿por qué no aquello?

Fácil. Porque Clara era una versión de mis padres en el mundo al revés. Era afectuosa y atenta, alentadora y tolerante. Sin embargo, tenía en común con ellos la enorme influencia que ejercía sobre mí.