Buenas vibras 28. Con todo flujo de detalles #3
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28. Con todo flujo de detalles #3

No se me había ocurrido en ningún momento que tal vez mi letra escarlata hubiera caducado en dos años. Pensaba que tendría que cumplir condena toda la vida y seguir soñando despierta con la exploración del espacio mientras trasteaba con mi última innovación en anillos para penes.

Y ¿por qué no? ¿Por qué no me lo había planteado?

¿Había sido porque no quería? ¿Porque no quería intentar volver a abrirme un hueco en el sector y fracasar? ¿Porque era más seguro quedarme con Clara que arriesgarme volviendo a buscar trabajo?

¿Me estaba autosaboteando?

Pues claro. Y por eso había traído a Hudson allí. Intentaba sabotear nuestra relación incluso antes de que empezase.

—Podrías conseguir lo que quisieras, Scout. Lo que fuera y a quien fuera. Tú eres la única persona que te frena.

Solté un soplido incrédulo para esconder cuánto deseaba que tuviera razón.

—Nadie piensa como tú. Ni yo ni mis padres ni nadie que haya oído la versión de Lloyd de la historia.

—Estoy seguro de que Clara sí. Ella te contrató cuando perdiste el trabajo en GalacticSolutions, ¿no?

Eso apenas contaba.

—Clara habría contratado hasta a una fregona disfrazada de Nicola Tesla si pensase que eso mejoraría sus resultados.

—Ahora solo estás siendo cruel contigo misma.

Sí, la verdad es que sí.

Me deshinché un poco y me encogí de hombros.

—No conozco otra forma de ser.

—Ya lo veo…

Intenté quitarle hierro riendo, pero Hudson no quiso dejarlo correr.

—No, lo digo en serio. Creo que lo más positivo que te he oído decir de ti misma ha sido algo simplemente neutro.

—Mira quién habla.

—Yo no soy cruel conmigo mismo —protestó con incredulidad.

— Sí que lo eres, pero de otra forma. Nunca le muestras a nadie cómo eres porque tienes miedo de que no les guste lo que vean. Pues a mí sí que me gusta y me alegro de haberte conocido, de haber conocido al Hudson de verdad, al que escondes de los demás.

Hubo un momento de silencio después de la explosión. Esa vez, había sido yo la que había mostrado sus cartas. No me gustaba solo como follamigo. Lo que sentía iba rápidamente en aumen­to y tenía miedo de no poder controlarlo.

—Ojalá pudiera ser yo mejor para ese Hudson — continué, enfatizando cada palabra.

Tenía que entender por qué no podía seguir adelante—.

Ojalá supiera cómo no estropear esto. Ojalá no te tuviera miedo a ti y a lo que podrías hacerme, pero soy quien soy, alguien que no es adecuado para ti, Hudson Bailey.

El ambiente se tensó cuando comprendió lo que estaba ocurriendo.

—¿Me has contado todo esto porque pensabas que me alejaría de ti? ¿Intentabas sabotear lo que sea que haya entre nosotros? ¿De verdad crees que puedes hacerme huir?

Dos manos grandes y firmes se alzaron para cogerme la cara. No habló hasta que levanté los ojos para mirarlo.

—Scout. No pienso irme a ningún sitio. Haya sexo bueno o malo, haya citas o no, padres horribles, clases de juguetes sexuales…, sea lo que sea lo que nos depare el futuro, aquí estaré. Si me dejas. Si es lo que quieres.

El corazón se me llenó de esperanza, pero lo frené antes de que pudiera explotar.

— Estas próximas semanas sí, es lo mejor, pero si estuviéramos juntos más tiempo, yo lo estropearía. Soy incapaz de hacer nada bien.

—No estoy de acuerdo. A mí me parece que esto está más que bien. —Me acarició el pómulo con el pulgar.

—No quiero que te alejes —le dije—, pero no quiero que te hundas conmigo. Soy un desastre. Todo lo que toco lo destrozo.

—¿Te parezco destrozado?

No. Parecía muy entero.

Como si le hubiera hecho una de mis reparaciones.

Como un circuito completo.

Al cabo de un momento, volvió a hablar:

—¿Puedo decirte algo? Te aviso: igual te parezco mala persona.

Suspiró y, desde donde estaba, se desplazó para colocarse a mis pies en el suelo. Descansó la cabeza sobre mi rodilla con la mejilla apoyada en mi piel desnuda. Su respiración me dibujó tatuajes en la piel y quise que se quedasen ahí para siempre.

—Me alegro de que no te acostaras con él .

No porque sea egoísta y quisiera ser el primero.

No es nada en plan raro y posesivo. Es solo que …

me alegro de que tu primera vez fuera con alguien a quien le importas.

Además, él no estaba a tu altura, y tú no te lo merecías.

No solo lo que hizo él, sino todo el mundo.

«No te lo merecías».

Nadie me había dicho eso nunca. Ni siquiera Clara . Incluso cuando me había dado más apoyo había sido pragmática y no había mostrado emociones respecto al tema. Había preferido que nos centrásemos de lleno en lo que podíamos hacer a partir de ese momento en lugar de regodearnos en el pasado.

«No te lo merecías».

Hudson lo había dicho como si fuera algo evidente. Como si se le rompiera el corazón porque nadie me lo hubiera dicho antes . Como si yo necesitase oírlo. Y tal vez lo necesitaba .

«No te lo merecías».

—Tú piénsatelo, ¿vale? Tú. Yo. Nosotros . Cómo quieres que sea el futuro. Lo creo de verdad , Scout. Puedes conseguir todo lo que quieras. Lo que sea . Solo tienes que pedirlo.

Yo no sabía si podía creerlo .

Pero tenía muchas ganas.