Buenas vibras 28. Con todo flujo de detalles #2
62%

28. Con todo flujo de detalles #2

—Deberían, pero el padre y los tipos que ponían el dinero estaban furiosos y se sentían humillados. Decidieron que había sido culpa mía. Lloyd les dijo que había sido culpa mía. Querían una cabeza de turco y, cuando un asaltante corporativo se hizo con miles de documentos y mensajes filtrados…

—Descubrieron lo tuyo con Lloyd.

¿Que si lo descubrieron? Me pasé semanas metida en salas de juntas asépticas escuchando a equipos de abogados leerme mis fantasías más vulgares y lascivas en monólogos irónicos y burlones.

Después siempre me hacían preguntas relacionadas con si estaba preparada para el puesto que ostentaba, si sabía cuánto dinero le había costado a la empresa el desastre de mi cohete y si había tenido antes otras relaciones inapropiadas en el trabajo.

—Sí. Me acusaron de haber conseguido mi puesto mediante favores sexuales, de haberme aprovechado del pobre y sugestionable Lloyd y de haber echado a perder el proyecto entero con mi incompetencia.

Y eso es lo que le dijeron a todo el sector de la exploración espacial.

Y  a cualquiera que hubiera podido querer contratar a una ingeniera como yo.

Silicon Valley, el sector de la medicina…

Todo el mundo sabía que era una guarra que se follaría a sus hijos y haría que sus proyectos volasen por los aires.

La vergüenza me constreñía el cuello. Ni siquiera era capaz de mantener los ojos abiertos.

Era una ley fundamental del universo. Cada vez que había intentado coger las riendas de mi vida la había cagado.

Tanto si se trataba de un archivador sin importancia como si se trataba de mi primera relación, era incapaz de hacer nada bien.

Por eso no podía ir más allá con Hudson. Por eso necesitaba barreras y guardarraíles y normas. No podía dejar que la historia se repitiera.

—Pero de quien se aprovecharon fue de ti —dijo Hudson.

—Lo sé. Y ellos también lo sabían. Por eso me pagaron la indemnización, me hicieron firmar un acuerdo de confidencialidad y me pusieron de patitas en la calle antes de empezar a esparcir rumores acerca de mi incompetencia.

—Eso está fatal.

—Sí, pero yo también estuve fatal. — Se me rompió la vo z—. ¿Cómo puede dedicarse alguien en cuerpo y alma al conocimiento y terminar siendo la mujer más estúpida de la historia?

—No es culpa tuya.

—Era una persona adulta con un proyecto multimillonario a mi cargo. Si era lo bastante inteligente para eso, también lo era para haber visto de qué palo iba Lloyd. Fue culpa mía.

—Tú misma lo has dicho. Sí, eras una adulta con mucha responsabilidad, pero todavía muy joven, y además él sabía que no entendías bien el mundo ni a las personas más allá de lo que decían los li­bros de texto.

Se aprovechó de eso, te manipuló y luego te desechó cuando ya no le convenías. Fue él quien hizo las cosas mal.

Un reloj estropeado da la hora bien dos veces al día y esas cosas. Odiaba a Lloyd Exeter, pero tenía que asumir mis errores y pagar por ellos. Y el precio que había tenido que pagar había sido abandonar mis sueños espaciales, trabajar en VibraCorp…

—Mi vida es responsabilidad mía, Hudson.

—Los ecos de aquellas palabras resonaron como fantasmas con las voces de mis padres.

Era imposible que Hudson lo hubiera oído, pero yo sí lo hice—.

Y  es algo que no puedo dejar a mi cargo.

Nunca he podido. El trabajo sí, lo puedo gestionar, pero para cualquier otra cosa soy una inútil.

—Conmigo no has hecho nada mal.

—Todavía —repliqué. Y, cuando me di cuenta de que ese «todavía» significaba que iba a pasar más tiempo con él, intenté arreglarlo—. Aunque eso da igual, pronto te irás.

Él se toqueteó las mangas de la camisa.

—¿Alguna vez has intentado entrar en alguna empresa después de GalacticSolutions?

—¿ Para qué iba a intentarlo si le hablaron mal de mí a todo el mundo?

Habría sido una pérdida de tiempo. Nadie me hubiera contratado.

Por eso no quería que en VibraCorp supieran que era virgen.

Una vez que te ponen una etiqueta, es difícil quitártela y la gente te ve de ese modo para siempre.

En todo este asunto, me convertí en una guarra devorahombres que no estaba cualificada para su puesto de trabajo y que se había tirado a Lloyd y luego había tirado a la basura su proyecto de cohete.

Y lo de la virginidad sería igual. La gente no me vería como una ingeniera brillante, sino como una inepta.

Él apretó los labios observando el taller.

—Sé que me has enseñado todos estos diseños porque crees que son un testimonio de tu fracaso, pero a mí me parecen una muestra de tu potencial. ¿Alguna vez has pensado en dejar lo de los juguetes y volver a los cohetes?

Reaccioné poniéndome a la defensiva por instinto.

—Me gusta mi trabajo.

—Ya lo sé, pero creo que puede que la exploración espacial te guste todavía más. Tal vez deberías plantearte un cambio de trayectoria laboral.

—No puedo, no me contrataría nadie —repetí.

Nadie excepto Clara, a quien conocí llorando en un baño durante un seminario de networking de mujeres en la ciencia y la tecnología.

Aquel día, yo había intentado hacer contactos, pero me pareció que todas las mujeres de la sala me miraban mal y me juzgaban por haberles hecho la vida más difícil (por ser la puta de la empresa, la que había ascendido gracias a acostarse con los jefes y le había dado una mala reputación al resto de las mujeres del sector).

—Puede que después de tanto tiempo, sí.