Buenas vibras 21. Comida de trabajo #2
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21. Comida de trabajo #2

Pero entonces mi cerebro científico se activó.

Recordé lo inquieto que estaba. Cómo me había preguntado qué iba a hacer como quien no quiere la cosa.

Sus nervios reordenando los libros. Nuestra conversación de la otra noche sobre abrirnos al otro y mi deseo impulsivo y curioso de que me hablara de él.

«Oooooooooh».

Las pruebas eran concluyentes. Estaba intentando pedirme una cita del único modo que una persona a la que le gusta complacer a los demás y que nunca quiere decir algo fuera de lugar conoce: haciendo que pareciera un accidente.

Estaba intentando no presionarme demasiado, tratando de entrar en ese espacio de intimidad que yo había sugerido el otro día, pero por la puerta de atrás.

Lo había hecho sentir lo bastante seguro para intentar darle un giro a nuestra relación…, pero seguía teniendo demasiado miedo a los límites que yo había puesto para pedírmelo directamente.

— Pues lo cierto es que, ahora que he revisado los datos, me parece que tu lógica es bastante impecable.

—¡Qué bien! —dijo casi gritando de alegría—. Ahora que lo sabes, puedes decirle que te encantaría ir al minigolf.

—No puedo. — Fue mi brusca reacción instintiva—. Trabajo hasta tarde.

—No vas a trabajar hasta tarde, Scout. No hay absolutamente ningún motivo para que te quedes trabajando hasta tarde.

Aunque no tenía nada en particular que hacer por lo que necesitase quedarme en la oficina, aquella semana que había pasado en el paraíso del sexo con Hudson me había despistado muchísimo.

No había llevado al día el seguimiento y las comprobaciones que hacía del trabajo de los miembros de mi equipo…

De ahí que estuviera revisando las propuestas de marketing de Addie durante la comida.

—He desatendido mis obligaciones…

—Quieres decir que has estado haciendo un horario laboral normal, pero vale, adelante. — Apoyó la barbilla en las manos y parpadeó con sarcasmo—. Por favor, dame más excusas.

—Simplemente tengo que llevar las cosas al día —musité al cabo de un momento.

—¡Coño, Scout! No hace falta ser ingeniera aeroespacial ni tampoco ingeniera de juguetes sexuales para entenderlo. Escríbele ahora mismo, dile que no te quedarás trabajando hasta tarde y pregúntale si tiene un palo y un par de pelotas para ti. De golf y de los otros.

—Estoy desbordada de trabajo. Y, ahora que sacas el tema, ¿cuándo vas a mandarme los datos de los que hemos hablado antes?

—No te los voy a mandar. Y tú hoy no vas a quedarte trabajando hasta tarde.

—Pero estoy revisando la propuesta que Addie está redactando con el equipo de Marketing y no les ha quedado muy bien. Tal vez debería empezar a asistir a las reuniones. Podría acudir a algunas solo para asegurarme de que les transmito bien mi idea. Y me sentiría más cómoda si Terrence…

Una mano pequeña con una manicura perfecta en la que cada uña estaba pintada como si fuera una lata de sopa de tomate de Warhol se posó sobre la mía y la bajó hasta posarla sobre la pila de libretas que tenía en el regazo.

Hasta ese momento no me había dado ni cuenta de que había empezado a gesticular como un robot defectuoso, cortando el aire frenéticamente con cada palabra y dejando que el estrés se apoderara de mi cuerpo.

—Addie y los de Marketing son más que capaces de hacer su trabajo, Scout —dijo Leelah con la voz llena de empatía y de cariño—.

Igual que yo soy capaz de hacer mis propios cálculos y Terrence de llevar a cabo sus propias pruebas.

Y  si no intentases hacer el trabajo de todo el mundo además del tuyo, tal vez no estarías tan agobiada siempre con la posibilidad de fracasar.

Tal vez tendrías más tiempo para follar y para salir con amigos y para comer y para Hudson.

Era muy tentador. Al fin y al cabo, ya había llegado hasta allí.

Pero cuesta mucho cambiar las viejas costumbres y todavía más deshacerse de los viejos miedos.

¿Y si un día, cuando VibraCorp se hubiera hundido y yo fuera el hazmerreír de todo el mundillo de la ingeniería mecánica (otra vez) y Lloyd Exeter estuviera bailando sobre mi tumba (otra vez), echaba la vista atrás a ese momento y me arrepentía de mi decisión?

¿Y si darme permiso para tener una cita con Hudson era la decisión que terminaba arruinándolo todo?

—Soy la responsable de la Fantasía, Leelah. La que se encarga de los puestos de trabajo de todos vosotros. De vuestro futuro . Del dinero de Clara. Del dinero de los inversores. De mi propia reputación. No puedo ponerlo todo en peligro.

Me analizó. A nuestro alrededor, los trabajadores se reían y charlaban y devoraban enormes bocadillos y cafés mientras disfrutaban del sol empañado por los primeros carraspeos del otoño. Sin embargo, ella no miraba a nadie más que a mí. Me sentía bajo su microscopio.

Yo me había pasado años analizando a las personas como si fueran máquinas complejas cuyo funcionamiento podía averiguar y con quienes podía interactuar solo si conseguía estudiarlas con el tiempo y la intensidad suficientes.

¿Así se sentían los demás cuando yo los miraba? ¿Cómo si los estuvieran diseccionando?

—Vale, sé que esto va a sonar muy cursi —empezó a decir sopesando cada palabra antes de soltarlas como un globo sonda entre nosotras—, pero tú eres tu experimento más importante, el que repetirás una y otra vez.

Tienes a un tío guapo, listo, atento y gracioso, aunque un poco reservado en lo personal por motivos todavía por determinar, que quiere pasar tiempo contigo.

Esas citas son tu forma de recabar datos.

Solo así descubrirás qué te gusta y qué no, qué te hace feliz y quién te hace feliz.

Son todo datos para el experimento que es tu vida.

Y pueden ayudarte a mejorar el tiempo que pasarás en este mundo.

No hace falta que seáis pareja, no hace falta que te involucres emocionalmente, pero deberías, como mínimo, permitirte probarlo.

Aunque sea con una finalidad científica.

Enfocó la lente del microscopio en mí. Yo me debatí bajo el calor sofocante de su luz cegadora.

—Piénsalo. Nunca renunciarías a la oportunidad de aprender sobre cualquier otra cosa.

¿Por qué renunciar a esto? Sobre todo cuando puedes dejar que los demás nos encarguemos del trabajo, que te ayudemos para que no tengas que preocuparte tanto y para que puedas tener una vida de verdad fuera de estas cuatro paredes.

Estaba acostumbrada a que la gente supiera más que yo. De cultura pop, de conducir, de cómo interactuar con otros seres humanos…

A lo que no estaba acostumbrada era a que la gente supiera más de ciencia que yo o, por lo menos, a que viera la ciencia des de una perspectiva más precisa.

Tenía razón, claro. Sí que debía permitirme aprender, satisfacer mi curiosidad. Al fin y al cabo, nunca había tenido una cita con nadie ni nada que se le pareciera.

Me… Me gustaba pensar en mí misma como un experimento que cultivar, alimentar y valorar.

Cuidaba mucho mis experimentos, ¿por qué nunca me cuidaba a mí misma?

Además, mi primera vez había sido con Hudson, ¿por qué no concederle también mi primera cita?