7. Cócteles y pajitas
Cócteles y pajitas
A Clara le encantaban las actividades para fomentar el espíritu de equipo.
—¡Gente, invito yo!
Organizaba muchas ( escapadas a resorts de la República Dominicana o de Hilton Head, bufets de helado para merendar en la oficina, excursiones a la bolera o a esas instalaciones a las que se puede ir a soltar la rabia rompiendo cosas en grupo), pero su favorita era entregar la tarjeta de crédito en la barra e invitar a la empresa entera (sí, a los treinta empleados más los conserjes y los de seguridad) a «picoteo y sorbeteo».
Lo último que yo necesitaba era una copa. El fin de semana había sido una montaña rusa de emociones que había acabado en una segunda montaña rusa (todavía más rara) aquella mañana, de modo que lo más prudente habría sido fichar, irme a casa e intentar ponerme al día con el trabajo. A solas.
En cambio, y a pesar de las pocas ganas que tenía de beber y socializar, me subí obediente a un Uber con Clara en dirección al Josie’s, su bar favorito de la ciudad. Beber me distraería del trabajo (qué mal), pero al menos también me distraería de mis pensamientos sobre Lloyd y Hudson.
Con sus luces tenues, sus pantallas algo deformadas y colgadas en la pared y su barra libre de nachos y salsa, el Josie’s era el típico bar tex-mex con una buena selección de tequilas. Normalmente era un lugar divertido, pero, cómo no, mi compañero más pesado no pensaba dejarme en paz.
—¡Anda! ¡Mira quién está aquí! ¡Ha llegado la jefa!
—Hola, Jared.
Esperando mi segundo margarita de sandía en la barra, ni siquiera me volví a mirarlo, aunque lo percibí con la visión periférica, algo borrosa ya.
Él se colocó a mi lado de todos modos. Tras la reunión de aquella mañana, yo había intentado por todos los medios no volver a cruzarme con él, pero Jared nunca dejaba pasar la oportunidad de comer o beber gratis. Era inevitable encontrármelo allí.
Lancé una mirada al pasillo por el que había desaparecido Clara hacía diez minutos con un hombre canoso y atractivo que había estado bebiendo solo en la mesa de un rincón. Qué cabrona, iba a mojar y encima me abandonaba.
—Me alegra verte por fin en una de estas quedadas de empresa. Confiesa: solo has aparecido porque va a venir tu novio.
Le dirigí una de esas sonrisas desganadas que fuerzan las mujeres cuando quieren que los hombres las dejen en paz.
—No tengo novio, Jared.
—¡Tú ya me entiendes!
La camarera trajo mi margarita de sandía. Jared pidió un chupito de tequila para cada uno.
Por lo general, yo no era de tequila. Sin embargo, dadas las circunstancias, me tragué el chupito en cuanto lo tuve delante.
—¿O es que te estás reservando? — reflexionó Jared—. Para mí, ¿a que sí? ¿Te estás reservando para mí? ¿Esperando la oportunidad adecuada para lanzarte? Venga, Scout. Conmigo no te hace falta valor líquido. Me tienes asegurado.
Lo peor de Jared (y eso era mucho decir teniendo en cuenta su larga lista de defectos) era que no veía nada de malo en lo que acababa de decir. Siempre «era solo una broma».
Musité que tenía que ir al servicio y desaparecí para tener un momento de tranquilidad. Sin embargo, en cuanto me puse delante del espejo del baño, Addie apareció detrás de mí.
—Jared es un capullo, ¿ eh? —dijo lanzándome una mirada empática.
—Es inofensivo —respondí repitiendo lo que me decía a mí misma cada vez que hablaba con él.
—Ya, pero, aun así, me sabe mal que te hable así. Deberías mandarlo a tomar por culo.
Cómo me habría gustado volver a tener veintiún años y pensar que el mundo era así de simple.
—Lo haría, pero me da miedo que se lo tome como una invitación.
Asintió apretando y relajando los labios tras aplicarse una nueva capa de brillo de color violeta intenso.
Sentí, y no por primera vez, una punzada de arrepentimiento.
Yo nunca había sido guay ni moderna, ni siquiera cuando tenía veintiún años.
Llevar brillo de labios violeta y una minifalda mona y mandar a la mierda a los imbéciles nunca habían estado entre mis habilidades.
¿Qué tipo de persona habría sido si hubiera crecido siendo normal como Addie en lugar de ser una superdotada para las matemáticas que no entendía absolutamente nada del mundo real más allá de su calculadora y su regla de cálculo?
Satisfecha con el brillo de labios, se volvió hacia mí de nuevo.
—¿Puedo decirte algo?
—Claro.
Habló arrastrando un poco las palabras, pero con un cariño innegable:
—Quiero aclarar que no te lo digo en plan rarito como Jared, sino en plan amiga borracha en el baño.
Es que, bueno, me he dado cuenta de que no eres muy…
, ya sabes, muy extrovertida. No sé. Eres reservada.
Creo que nunca te he visto en una de estas quedadas si no te obliga a venir Clara. ¿Alguna vez sales con alguien?
—La verdad es que no. Me gusta mi trabajo. Le dedico casi toda mi energía —respondí .
—Tía, tener un trabajo no es tener una vida.
A mí me parece que estás muy buena. Y eres inteligente .
Y has conseguido muchas cosas… No sé, tendrías que estar por ahí tirándotelo todo, disfrutando, saliendo de fiesta con las amigas.
Puede que sintieses menos presión en el trabajo si …
Si te tomases más noches como esta. Tú y yo trabajamos en un campo de nabos.
No hay muchas ingenieras mecánicas por ahí.
Tenemos que apoyarnos las unas a las otras, amiga.
Sacudió un poquito los hombros en un gesto que supuse que pretendía ser un baile. Puse los ojos en blanco.
—¿Te ha mandado Clara a darme esta charla para animarme?
Se le torció el gesto y me di cuenta de que había dicho lo que no debía. «Mierda ».
—Pfff, en fin. Solo intentaba ser buena amiga. Perdona. Olvida que te he dicho nada.
Un ejemplo más de por qué no hablaba con la gente fuera del trabajo. No era capaz de dejarme animar en el baño de un bar sin hacerle daño a alguien.
Al ver que salía ofendida por la puerta batiente, me di cuenta de que no estaba hablando por hablar. Había dicho todas aquellas cosas porque quería ser mi amiga. Por eso le había hecho daño, porque pensaba que no quería ser amiga suya específicamente .
Reuní el valor para salir a buscarla y pedirle disculpas .
Sin embargo, en las teles del bar tenían puesto un canal de noticias por el que echaban un programa ligero sobre el mundo del entretenimiento y, cuando levanté la vista hacia las pantallas parpadeantes, noté cómo se me abría un pozo sin fondo en el centro del pecho.
Me quedé de piedra. Cualquier pensamiento acerca de Addie y de pedirle disculpas se me fue de la cabeza.
Por lo visto , la noticia era que Lloyd Exeter acababa de aparecer en el pódcast de Joe Rogan, The Joe Rogan Experience .
Cogí dos chupitos de tequila de una mesa cualquiera y me los metí entre pecho y espalda, seguiditos. Y luego un tercero por si acaso.
Lloyd tenía el físico de un rey del baile de fin de curso, unas facciones marcadas y el aspecto del estadounidense de postal.
En otra época, verlo me hacía sentir mariposas por dentro.
En cambio, en ese momento sentía que tenía caimanes.
O algún otro animal amenazador con los dientes afilados y pinta de depredador.
Jared vio que me había quedado rezagada en la parte de atrás del bar y me hizo una señal para que me sentara en la silla vacía entre él y Terrence.
—¡Oye , Scout! Tú trabajaste para él, ¿no? Ven a recordar los viejos tiempos.
«Los viejos tiempos» siempre suelen asociarse a un buen momento, pero, en ese caso, eran la explosión que dejó mi vida hecha pedazos y no un bonito recuerdo del pasado.
Sin embargo, con la atención de todos nuestros compañeros puesta en mí, cuando Jared volvió a llamarme, no tuve más remedio que unirme a ellos.
Alguien subió el volumen y la risa de Lloyd llenó todo el bar .
Repito: las reglas de la termodinámica dejan clara la imposibilidad de viajar en el tiempo, y yo era consciente de ello, pero al mirar la pantalla sentí que me transportaba años atrás, a mi viejo yo, que se había enamorado perdidamente de Lloyd…
y cuya vida acabaría destrozada en el proceso .
«Bueno, vas a meterte en el mundillo de los juguetes sexuales. ¿Cómo es eso?».
«Te vas a reír ».
«No, tío, me parece de puta madre».
«Pues yo me follaba a una tía…».
Con el rabillo del ojo, vi que Clara se levantaba de una mesita íntima que había en un rincón y se metía deprisa detrás de la barra, pero no le presté atención.
Mi mundo se redujo a la pantalla de televisión. No existía nada más que Lloyd Exeter.
«El principio de todas las buenas historias».
«Sí , ¿eh? Trabajábamos juntos en GalacticSolutions construyendo el Ilium.
¿Te acuerdas de aquel circo? En pocas palabras, ella fue el motivo por el que el Ilium se fue a la mierda , así que lo nuestro no funcionó, a ella la despidieron y terminó trabajando en una empresa de juguetes sexuales.
Y yo, pues… A ver, que no es que la siga ni nada, pero me la encuentro en redes a veces .
Un día, me salió un vídeo suyo hablando sobre un escenario, en una feria del sector o algo así.
Al principio, lo ignoré, pero la tía no deja de dar charlas y de aparecer hablando sin parar del placer».
«Y supongo que a ti no te parece que el placer fuera su especialidad».
«No, para nada. Lo que esa tía sabe sobre el placer cabe… en esos agujeritos tan apretados suyos. Total, que pensé que, si alguien con tan pocas habilidades podía sacar pasta del sexo, yo también podría, pero a mí se me daría bien, ¿sabes?».
El corte terminó y volvió el plano del plató, en el que se pusieron a comentar la intervención. Demasiado tarde para salvar me, Clara por fin consiguió requisar el mando de la tele y cam biar a una cadena de radio de éxitos del pop .
Una banda sonora perfecta para mi completa humillación.
No había duda de que la mujer de aquella historia era yo . Yo era la única persona que había trabajado para Lloyd Exeter y para una empresa de juguetes sexuales justo después. Lo sabía todo el mundo.
Pero nadie sabía que habíamos estado juntos . Esa era la novedad.
—Joder —dijo Addie por lo bajo .
—Y que lo digas —añadió Terrence.
Tuvieron la decencia de sonar empáticos. Tal vez, incluso compasivos. En cambio, Jared…
—¿Te acostaste con Lloyd Exeter?
Entonces llegó el torrente de emociones , sobreponiéndose al shock.
Había mentido sobre mí. Lloyd Exeter había ido al pód cast más escuchado del mundo y había mentido sobre mí.
Yo era capaz de sobrellevar todo lo que había ocurrido entre nosotros por aquel entonces.
Había cometido errores , había sido tonta, mea culpa , etcétera.
Pero que hubiera ido a contarle al mundo que me había acostado con él …
No, que habíamos follado…
—No —dije con un hilo de voz que casi era un quejido—. No me acosté con Lloyd Exeter.
—Pero acaba de decir…
—¡Que no!
Jared resopló incrédulo.
—Uno no puede ir al programa de Joe Rogan e inventarse algo, Scout.
—Claro que puede, ¡para eso los invita! —repliqué.
Me hervía la sangre. Un pitido cacofónico y agudo me invadió el cerebro, como el ruido que alguien usaría para despertar a un agente durmiente. La Scout de flúor me rogó salir a la superficie, volverse reactiva y reducir el bar a cenizas.
—No quiere contártelo —intervino Addie —. Déjala en paz.
—No hay nada que contar —salté yo .
—Venga ya. ¿Quién tiene más motivos para mentir? ¿Él o tú? Quiero que me cuentes todos los detalles morbosos. Seguro que se le daba bien, ¿eh?
Sabía que enfadarme me volvía irracional, irreflexiva, pero él estaba teniendo tan poco tacto y Lloyd había sido tan cruel y el puto Joe Rogan pedía tanto a gritos que lo juzgasen en La Haya y yo me sentí tan pequeña e indefensa que …
El flúor no se puede contener para siempre.
Las palabras me salieron antes de que pudiera contenerlas.
—¡No me acosté con Lloyd Exeter porque nunca me he acostado con nadie !
A Jared se le iluminó la mirada. Parecía que fuera Navidad.
—¿Cómo?
«Esto no está pasando. No puede estar pasando . Detenlo. Detente».
En un abrir y cerrar de ojos, volvía a ser la Scout tímida y retraída. La Scout pública . Intenté aferrarme a la chica que había sido hacía dos minutos, antes de dejar que me poseyera el enfado.
—Nada , un lapsus. Me he puesto nerviosa y…
Pero así no engañaba a Jared. No engañaba a nadie. Vi cómo le cambiaba la cara a todo el bar. Y no solo a las personas de mi equipo, sino a todos los empleados de VibraCorp que estaban lo bastante cerca para oírme .
—¿Qué me estás contando? —graznó—. ¡¿Eres virgen?!
Pues sí. Técnicamente , sí. Pero, en ese momento, sentí que me habían jodido pero bien.