Buenas vibras 3. En celo por el cielo #2
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3. En celo por el cielo #2

Por lo menos Hudson no parecía juzgarme, que ya era más de lo que solía hacer la gente.

—Sí , «oh». Un cohete de varios miles de millones de dólares me explotó literalmente en la cara.

—Seguro que no fue culpa tuya.

No, no fue solo culpa mía, pero aun así…

—Ocurrió bajo mi supervisión y bajo mi mando, y eso es lo único que importa.

Y ocurrió porque no estaba centrada en el trabajo.

Pasaron… —Se me tensó la garganta como siempre que llegaba a esta parte de la historia, cuando tenía que ir esquivando detalles y mintiendo por omisión—.

En GalacticSolutions pasaron cosas entre bambalinas que me distrajeron del proyecto.

Si no hubiera sido tan estúpida, si no me hubiera dejado despistar, tal vez el Ilium no habría terminado en desastre y yo estaría tomándome una copa en Marte ahora mismo.

—Sí, pero entonces no estaríamos compartiendo este precioso momento. Y eso sería una pena.

Era el mayor goleador de todos los tiempos de la liga de hacer reír a Scout Porter, y sin ningún esfuerzo.

Reevalué a Hudson, atreviéndome a observarlo bien por primera vez desde mi viaje a Villa Orgasmo la noche previa.

Tenía el pelo castaño y los ojos a juego.

Las gafas de montura gruesa y oscura le daban un aire de solemne misterio .

Tenía el rollo cuidado de un científico de la NASA de los años sesenta con toques de guitarrista indie intenso .

Esas eran cosas que yo ya sabía de él, pero aquel día reparé en otras.

En las manos grandes. En las piernas increíblemente largas.

En cómo se arremangaba la camisa hasta la altura de los codos.

En la suavidad y la amabilidad con la que me hablaba.

—Venga —insistió—. Yo no soy una distracción. Enseñarme cosas sobre los juguetes forma parte de tu trabajo. ¿Me ayudas, por favor?

Por un momento, me permití sopesar la posibilidad de abrirme a él . Solo un poquito. Por el bien del proyecto.

«No. Atención . Disciplina. Control». Solo así seguiría por el buen camino y evitaría que mi carrera profesional volase por los aires.

No volvería a vivir otro desastre como el de GalacticSolutions. Nunca . No lo permitiría.

—La Fantasía tiene que ser mi única prioridad ahora mismo, no enseñarte los entresijos del uso y mantenimiento de las fundas extensoras para el pene.

—Pero…

—Estoy de acuerdo en que tienes que aprender, pero no tiene que ser de mí. Lo siento, Hudson. No es nada personal, pero la respuesta es no.

¿Podía notar lo sincera que era mi disculpa? ¿Lo mucho que deseaba que las cosas no fueran así? ¿Que yo no fuera así?

Debió de hacerlo, porque suavizó la mirada.

—Ojalá mi última novia hubiera roto conmigo con tanta elocuencia como tú.

Me ardieron las puntas de las orejas por que me hubiera metido en la misma frase que la palabra «novia».

—Pero creo que puedo hacerte cambiar de idea —añadió.

—Puedes intentarlo, pero luego no digas que no te avisé.

—Dicen que hombre prevenido vale por dos.

«Ahora no empieces a imaginarte lo que podrías hacer con dos Hudsons…».

Parecía muy seguro de sí mismo. No en un plan arrogante de «te convenceré porque soy el puto amo y nadie puede resistirse a mis encantos». Eso me habría puesto las cosas más fáciles . Era más bien como si dijese: «He visto el futuro y sé que esto es bueno para ambos».

—Tú no cuentes con ello, pero no te preocupes, porque es para bien. Dentro de un tiempo te acordarás y me darás las gracias.

Él arrugó la frente, confundido, y abrió la boca para replicar, sin duda, con una de sus respuestas sinceras y devastadoras. Sin embargo, antes de que pudiese hacerlo , sonó un timbre agudo. El trabajador de la puerta de embarque anunció que empezaba el emb arque del vuelo directo a Dallas.

Agradecida por la distracción, me uní a la cola serpenteante de pasajeros y dejé a Hudson ahí sentado con su billete con espacio extra para las piernas.

—Señora, tendremos que facturar su equipaje de mano y podrá recuperarlo en su destino —me informó el azafato de expresión imperturbable de la aerolínea cuando llegué al mostrador.

—Lo siento, pero no puede ser. El portátil que llevo no puede i r en la bodega. Tiene toda la información confidencial de los diseños de mi empresa.

El Guardián de la Puerta ni siquiera se dignó a levantar la vista del ordenador.

—Si no entrega la mochila por voluntad propia, no tendremos más remedio que dar por hecho que es por algún motivo malicioso , por lo que tendremos que confiscarle y destruir el equipaje .

Cambié el peso de pierna, incómoda. No me iba lo de montar numeritos.

—Bueno, no tendría ningún problema con facturar la mochila y llevar el ordenador en la mano…

—No hay espacio en los compartimentos superiores para guardar sus objetos personales, y eso incluye los ordenadores. Se lo acabo de decir. ¿Va a hacer esperar a todo el mundo?

La Scout de flúor amenazaba con aparecer, como una reacción química espontánea desatándose en mi interior.

—Pero…

Entonces se oyó una voz por encima del caos del aeropuerto, que se acercó hasta llegar justo detrás de mí.

—¡Perdón! ¡Perdón! Gracias, amor .

«¿Amor?».

Me di la vuelta de golpe y me encontré a Hudson acercándose a mí, tan seguro de sí mismo y alegre como siempre.

Ay, no. No solo se me acercaba, sino que venía a darme un beso en la mejilla.