Buenas vibras 2. «Glory holes» para desayunar
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2. «Glory holes» para desayunar

Glory holes para desayunar

L a ciencia ha demostrado que llegar al clímax es muy bueno para el alivio del dolor, la mejora de la calidad del sueño y del estado de ánimo.

Al parecer, desde el punto de vista evolutivo, eso cumple la función de incentivar la reproducción.

Si el sexo nos anima, nos alivia las preocupaciones o acaba con el do­ lor menstrual, seguramente repetiremos una y otra vez, ¿no?

Como ingeniera del campo de la ciencia del sexo, había leído los estudios al respecto. Incluso había llevado a cabo experimentos de seguimiento en mí misma y los datos cuadraban. Los orgasmos siempre me hacían sentir mejor.

—¿Y qué significaría «glory hole» en este contexto?

Por desgracia, a la mañana siguiente, Hudson fue haciendo desaparecer todas esas deliciosas sustancias químicas de la felicidad y la excitación con cada palabra que pronunciaba.

Estábamos sentados a una pequeña mesa durante el desayuno de clausura del OhFest, rodeados de cruasanes con forma de vulva y tiras de beicon y albóndigas colocadas con mucha maña para que parecieran penes.

Yo no había querido hacerlo partícipe de aquella conversación matutina sobre ingeniería, pero Hudson era tan encantador como tenaz, tan tenaz como guapo y tan guapo como inepto, de modo que se había colado en mi reunión con Ichiro Ose y había aprovechado todas las oportunidades que se le presentaban para quedar como un idiota delante de nuestro cliente más importante.

Hay que admitir que Ichiro se rio con aquella pifia del glory hole . Sin embargo, fue alternando la mirada entre Hudson y yo, un pequeño gesto que me dijo todo lo que necesitaba saber.

Hudson estaba causando una malísima impresión.

Genial. Fantástico. La noche anterior el tío me había jodido en sueños y ahora lo tenía jodiéndome en directo en el trabajo…

mientras hacía que el corazón me diera volteretas con esa sonrisa perfecta e inocente que tenía.

Ese encuentro era el único motivo por el que Clara me había mandado a aquel OhFest regional en el pico final de trabajo de la creación de la Fantasía.

El éxito de la reunión era crucial. Y parecía quedar más fuera de mi alcance con cada palabra que Hudson se aventuraba a decir.

—Scout — dijo Ichiro rebuscando con aire juguetón entre los huevos revueltos recién hechos que tenía en el plato—, qué caballero tan encantador habéis sumado al equipo. ¿A quién se lo habéis robado? ¿A LoveHoney?

—¿LoveHoney? —dijo Hudson antes de que yo tuviera tiempo de responder—. No, mi último trabajo fue en Gulf ZGH .

Pasó un momento mientras Ichiro masticaba el revuelto demasiadas veces.

—¿El fabricante de plataformas petrolíferas?

—Sí, les ayudé a desarrollar una app de alerta temprana para la evacuación de los trabajadores en caso de un desastre natural.

Nada podía esconder la nota de orgullo de la voz de Hudson.

Y puede que sonase increíblemente sexy, pero a mí me entraron ganas de cogerlo por los hombros y zarandearlo.

¿No veía lo mal que quedaba que se pavonease de su total falta de experiencia en nuestro sector?

Hacía que VibraCorp pareciese una empresa amateur que dejaba las riendas de un proyecto tan importante en manos de un zoquete novato.

—Bueno — siguió insistiendo Ichiro con el aire amigable y jovial que solo se desarrolla tras pasar toda una vida como representante—, por lo menos serás un experto en lubricantes, ¿eh?

Hudson se lo quedó mirando inexpresivo. Al cabo de unos segundos, Ichiro se vio obligado a explicar el chiste.

—El petróleo se usa para fabricar algunos tipos de lubricantes íntimos, joven. Es humor del sector.

Hudson lo entendió y se rio. Yo me obligué a hacer lo mismo, intentando centrarme en Ichiro y no en el prominente hoyuelo de mi compañero.

— Bueno, me alegra decir que este trabajo es mucho más divertido que el de las plataformas petrolíferas. —Volvió los ojos hacia mí un instante—. Y trabajo con gente mucho más guapa.

Me dio un vuelco el corazón pensando en la noche anterior. ¿Pensaba que era guapa?

No. Solo estaba entrando en el juego de Ichiro. ¡Y le funcionó! La risita condescendiente del hombre estalló en carcajadas de verdad.

Mientras Hudson, con gran habilidad, redirigía la conversación de los combustibles fósiles con usos sexuales a las magdalenas de plátano y nueces del centro de nuestra mesa, a las que Ichiro había estado haciéndoles ojitos, lo reevalué en silencio.

Tal vez… Pfff. Tal vez Clara no se había equivocado al mandarlo allí conmigo.

El único objetivo de asistir al OhFest del Medio Oeste en un momento tan crítico del desarrollo de la Fantasía era tranquilizar al señor Ose, que, sin duda, le diría al resto de los compradores del sector que nuestro ambicioso, revolucionario y secretísimo nuevo juguete merecía su tiempo y atención.

Si conseguíamos que la empresa de Ichiro y todas las que seguían sus pasos de cerca reservasen el producto, podríamos convencer a nuestros inversores de que nos inyectasen el dinero que tanto necesitábamos.

Nuestra misión allí no era dar charlas ni comernos nuestro peso en galletas (aunque yo había hecho ambas cosas a lo largo del viaje), sino demostrarle a ese gigante de las ventas de juguetes sexuales que la tecnología que estábamos creando era fiable, aunque no pudiéramos presentársela todavía.

Puede que Hudson fuera incapaz de distinguir una Magic Wand de un vibrador conejito, pero sí que tenía habilidades sociales, de esas que tanto me faltaban a mí.

Yo podía pasarme el día hablando de especificaciones y prototipos, pero ¿ una charla amistosa sobre magdalenas y sobre el partidazo de anoche ?

Ni de coña. No era que no me gustase la gente o que no quisiese integrarme en una fiesta.

Era solo que me pasaba tanto tiempo trabajando que tenía las habilidades sociales más oxidadas que una sierra mecánica después de una tormenta.

Aquella conversación entre hombres siguió y yo vi un rayo de esperanza.

Sí, seguro que por eso Clara nos había mandado allí juntos, para que yo hablase de juguetes y él hiciese amigos.

La combinación perfecta de trabajo y placer.

Él ablandaría al señor Ose con su charla y luego yo lo convencería de que comprase cantidades exorbitadas de la Fantasía con mi destreza técnica.

¿ Por qué no lo había visto antes? Ese era, sin duda, el plan de mi jefa.

—Señor Ose —intervine, con ganas de sentirme útil—, teníamos muchas ganas de hablar de la Fantasía con usted.

Al hombre mayor se le descompuso un poco el gesto. Sentí una punza da de decepción al darme cuenta de que había cometido un error. Una vez más, no había sabido interpretar la situación. Típico de mí: siempre se podía contar con Scout Porter para pifiarla durante una interacción social.

—Ah. Bueno, pues debería empezar diciendo que he leído el informe que me mandaste anoche y, después de esta charla con Hudson y contigo, el nuevo rumbo que está tomando la empresa me parece muy interesante.

Fruncí el ceño.

—¿ El nuevo rumbo?

—Bueno, para empezar, habéis contratado a un hombre. Ya era hora.

—Yo tengo dos hombres en mi equipo de ingenieros —señalé con toda la delicadeza de la que fui capaz.

—Sí —añadió Hudson—, cuando me contrataron me dijeron que en la empresa hay más de un sesenta por ciento de hombres.

—Pero esa no es vuestra marca, ¿ a que no, Scout?

Clara y tú sois las caras visibles de VibraCorp.

Toda la identidad de la empresa y de los juguetes es femenina.

La empresa está dirigida por una mujer. Los juguetes, diseñados por mujeres.

Mujeres al poder. Mujeres por aquí, mujeres por allá…

Hudson, con todo el respe to, puede que no tengas ni idea del mundo de los juguetes sexuales, pero al menos eres una cara nueva en la empresa. O eso espero.

Siempre me he sentido dos personas distintas: la tranquila, profesional, distante y reservada que dejaba que viera el resto del mundo y la persona algo neurótica, muy sentimental y totalmente reprimida que era por dentro.

Las mantenía separadas por muchos motivos. La Scout que aparecía en público era como el argón, un elemento completamente inerte. Era muy difícil hacerle daño a alguien con ella. Pero la Scout que salía en privado era como el flúor, impredecible y altamente reactiva.

En los laboratorios hay que aislar los elementos como el flúor. Si no, pueden desatar el caos. Y en la vida pasa lo mismo.

Por eso me costaba tanto conectar con la gente fuera del trabajo. Si intentaba acercarme a alguien, esa persona podría conocerme de verdad y… no podía permitir que la Scout de dentro le destrozase la vida a la de fuera.

Pero qué ganas tenía de vaciar una lata de la Scout de flúor sobre el delicioso desayuno de Ichiro.

—¿Y qué espera exactamente que aporte él a la empresa? —p re gunté con la voz tensa.

—Hombres. Espero que traiga hombres a la clientela. No puedo mantener el negocio a flote vendiendo vuestros productos solo a mujeres.

—Eso no le preocupará tanto cuando vea por fin la Fantasía en persona —dijo Hudson—. Se la quitarán de las manos, o de la tienda online, y se multiplicará la fidelidad a la marca VibraCorp.

Yo no creía en los caballeros de radiante armadura que te rescatan del peligro, pero, si hubiera tenido el valor de mirarlo, quizá habría tenido que protegerme los ojos del fulgor de la cota de malla y la espada de Hudson.

Porque, si no hubiera intervenido, es posible que yo hubiera perdido la compostura.

Trabajar en VibraCorp no había sido mi primera opción a la hora de elegir carrera profesional, pero que las personas pudieran disfrutar y que tuvieran autonomía sexual eran temas que me importaban.

No me gustaba nada que se les quitara valor por ser «cosas de chicas» que necesitaban «un punto de vista masculino», y menos viniendo de alguien que creía que me estaba ayudando con sus comentarios campechanos, condescendientes, de padre que es estricto «porque te quiere».

Con su breve intervención, Hudson me había salvado de mí misma, lo cual me irritaba y también me ponía cachonda.

Qué hombre tan absurdo y confuso. Qué ganas tenía de volver a mi despacho en Dallas, donde apenas tenía tiempo o energía para verlo, pensar en él o masturbarme con él en mente.

—Sí —coincidí—. Justo lo que él ha dicho.

—Entonces, espero que tenga razón. —Ichiro se encogió un poco de hombros—. O, de lo contrario, será la segunda vez que te despiden de un puesto importante, ¿ no? Por lo menos esta vez no explotará nada.

Me quedé sin aliento. Por más que fuera una broma, que me echase en cara la mayor decepción profesional de mi vida hizo que se me revolviera el estómago.

Aunque estaba claramente confundido, Hudson volvió a intervenir para retomar la conversación, que se había quedado fría.

—Supongo que eso significa que no va a comprarnos ninguna unidad de la Fantasía hoy.

—No, así es. Comprendo que tenéis derecho a mantener en secreto el juguete como empresa emergente del sector, pero no puedo creer ciegamente en vuestra palabra de que esa cosa funcionará.

— Ichiro centró la atención en mí—. Y, por más que crea en la visión de Clara y en la tuya, no confío demasiado en que este tío sin experiencia al que le habéis encargado la app tenga lo que hay que tener para que el proyecto sea un éxito…

No sería sensato comprar unidades ahora mismo. Se entiende, ¿verdad?

Ichiro se levantó. Hudson lo imitó. Yo me pregunté por un breve instante si podía fingir amnesia en el momento de informar a Clara de cómo había ido aquella reunión.

—Por supuesto —dijo Hudson dándole un apretón de manos—. Tenemos muchas ganas de compartir con usted más información acerca de la Fantasía en cuanto podamos.

—Si no hay nada más, tengo que marcharme.

—Que tenga un buen vuelo.

Ichiro chasqueó la lengua.

—Lo tendré. Este viaje me ha dado mucho en qué pensar. Entre vuestras ofertas y el nuevo jugador que acaba de unirse a la partida y con el que me reuní ayer…

Agucé el oído. Que hubiera un nuevo fabricante de juguetes era algo muy importante. Yo no había oído nada al respecto, ni siquiera rumores.

—¿Hay un competidor nuevo? No ha habido ninguna presentación en la feria —dije.

— Estoy seguro de que asistirán a la feria nacional de Nueva York en noviembre. La estrategia de lanzamiento del nuevo dueño es poco ortodoxa. Quiere coger a la competencia por sorpresa. —Las mejillas de Ichiro se levantaron, pícaras—. Pero chssssss, yo no os he contado nada.

—Entonces ¿por qué lo menciona? —pregunté.

Mi relación con Ichiro siempre había sido complicada.

Era cordial y educado. Yo sentía que había bondad en él.

Sin embargo, los demonios de la ambición capitalista lo carcomían como parásitos.

Podía ser amable y perspicaz y, un momento después, analizar tu trabajo en una empresa del sector del bienestar sexual como un rarito de internet de esos que les ponen nota a las mujeres por sus «ojos felinos de cazadora» y la «proporción de su frente».

Pero, cuando me miró, no vi a ese segundo Ichiro. No estaba ese amante de los resultados, sino que lo había reemplazado un hombre que llevaba mucho en el negocio y necesitaba a alguien con quien compartir su sabiduría.

Eso hizo que me preocupara más que si hubiera sido un capullo conmigo.

—Porque me caes bien, Scout. Eres un poco rara, pero eres lista y se te da bien tu trabajo. Y también me caen bien Clara y tu nuevo amigo aquí presente. Quiero que triunféis, pero… deberíais estar muy pero que muy preocupados por la nueva competencia.