Brooklyn (Skyline 1) 6. Retazos de una realidad
16%

6. Retazos de una realidad

Retazos de una realidad

¡Socorro! Eso fue lo único que logré articular en mi cabeza al despertar en ropa interior y abrazada al cuerpo desnudo de John no sé qué; ni siquiera sabía su apellido.

Me incorporé de la cama y lo observé desde lo alto, tiritando de frío y con ganas de vomitar.

La resaca nunca era una buena aliada...

Corrí al cuarto de baño, me humedecí la nuca y después sumergí mi rostro bajo el grifo. Fue entonces cuando él apareció en escena tras de mí.

—Buenos días, preciosa.

Quiso acercarse para darme un beso, pero yo fui más rápida y cogí un peine con el que lo amenacé.

—¡Atrás! —proferí en un ronco gruñido a modo de advertencia, y lo apunté con la punta del peine—. ¡Ni se te ocurra tocarme!

Entrecerró los ojos y alzó las manos, aguantando como un campeón mis gritos.

—¿Hemos follado? —le pregunté de sopetón, y tragué saliva—. ¡Contesta!

—No, por supuesto que no.

¿Por supuesto que no?

—¿Y por qué narices estamos ca-ca-casi des-desnudos? —tartamudeé.

—Pues porque te quedaste dormida y no dejabas de sudar del calor que hacía.

—¿Y tú? —Lo señalé con la cabeza.

—Yo siempre duermo sin ropa.

Silencio.

—Entonces, ¿por qué ibas a besarme?

Frunció el ceño.

—¿Que yo iba a besarte? ¿De dónde has sacado eso? —lo dijo de un modo hilarante—. Simplemente pretendía coger el hilo dental.

Miró por encima de mi hombro y después lo señaló para corroborar su versión, pues la mía acababa de estamparse contra las baldosas del cuarto de baño.

—Y, por favor, deja de apuntarme con eso.

Me sonrió, mostrándome su perfecta hilera de dientes blancos.

—¡Oh, oh... perdona!

Y entonces hice lo que me pidió.

—Gracias, Brooklyn. Así está mucho mejor.

Al volver a la habitación y correr las cortinas, me di cuenta de que ya no era de noche y que un radiante sol brillaba en lo alto del cielo.

—¡Maldita sea mi suerte! ¿Qué hora es, John?

—Las ocho menos cuarto.

—¡No, no, no, no, no! —bramé—. ¡Genial, Brook!

—¿Tienes prisa?

Asentí mecánicamente y empecé a vestirme en un tiempo récord.

—¿Quieres que te lleve a donde quiera que tengas que ir? —se ofreció sin ni siquiera pensárselo dos veces.

—Te lo suplico...

Ésas fueron mis tres últimas palabras antes de acabar de calzarme y salir por patas de allí. John hizo lo mismo. Al final resultó ser un tipo majo.

En ocasiones hay personas que nos ponen las cosas fáciles; así ocurrió con él, exactamente lo opuesto que Savannah, con ella todo era complicado hasta decir basta.

Nos fuimos de casa de Curly sin despedirnos de los que aún estaban allí, desperdigados, durmiendo la mona, y huimos como si tuviésemos las manos manchadas de sangre tras haber asesinado a alguien, a lo Thelma dejé que mi mente viajara a otro lugar mientras mi cuerpo recibía todo el daño, como si de una muñeca rota se tratara, deseando que todo aquello acabara cuanto antes, que acabara de una maldita vez. ..