Capítulo 41
Simon
Sayer no para de revisar la ropa de Dalila. Los grabo mientras se hace líos con la chaqueta.
—No sé cómo narices va.
—Y eso que llevamos aquí casi dos meses practicando con las enfermeras.
Me fulmina con la mirada.
—Vale, creo que es así.
Estos dos meses han sido intensos; de dormir poco y de velar por esta niña que nos ha robado el corazón. Mis padres viajaron para ayudar y han estado pendientes de la niña y de nosotros. El resto no ha podido venir y se mueren por verla.
Viajamos en unas horas a casa, al fin. Ahora ya está fuerte para viajar.
Ha cogido peso. Está preciosa y cada gramo era como una victoria. Y ahora está muy bonita.
Sayer la pone en el carrito y le hacemos cientos de fotos. Salimos hacia la puerta y nos despedimos de todos. Han sido todos una familia. Dalila, la pediatra, nos abraza y nos dice que la escribamos para contarle los avances. Lo haremos, porque esto es gracias a ella.
Al salir, tapamos bien a la pequeña para que no salga en las fotos. Quiero mucho a Sayer, pero que mi vida ahora sea parte de la prensa me cansa. No se lo voy a decir, porque él tampoco lo lleva bien. Pero sí mejor de lo que esperaba.
La prensa le apoyó. Richard hizo un trabajo increíble y el club, igual.
En el primer partido, cómo no, sacaron el tema y le dijeron que era un referente para las personas que tienen miedo a salir del armario, que era valiente, y Sayer dijo:
—Que decir a quién amas sea un acto de valentía solo me hace ver el largo camino que nos queda por recorrer como sociedad.
—Tomo aire y se hizo el silencio—. Cuando nadie vea raro con quién estás o dejes de estar, cuando las etiquetas desaparezcan y solo existan las personas, será de verdad cuando la igualdad será real.
—Sonrío con tristeza—. No, no soy valiente.
Solo soy un hombre que ama y eso no debería ser titular de ningún medio.
Lo miré en el móvil, orgulloso, y sabiendo que tenía razón: las líneas divisorias solo sirven para separar. Cuando la sociedad deje de verlas, será cuando habremos logrado el cambio.
Pero así es la sociedad. Algún idiota, en los partidos, lo ha insultado, pero los árbitros los expulsaban y al final dejaron de hacerlo.
Al final, la app creció de suscriptores para ver nuestra historia.
No hemos subido nada de la niña, pero sí he grabado a Sayer como padre.
Porque quiero que la gente vea al gran hombre que yo sé que es.
Él también me ha grabado a mí.
Basile dice que no nos preocupemos, que seguro que los nuevos del equipo la joden en cuanto se incorporen y se le pasa esta novedad a la prensa. Espero.
Pero, a pesar de todo, soy más feliz de lo que soñé un día.
Quería tener hijos, pero acepté que era complicado. Mis padres querían nietos, pero la vida es la que es, aunque no había descartado la adopción y entonces ella… Mi niña preciosa.
Dalila.
Cuando menos te lo esperas, ocurre algo que te hace darte cuenta de que todo sucede por una razón más grande que tú mismo.
El viaje es un poco estresante porque Sayer tiene miedo de que Dalila necesite algo, justo cuando estamos por el aire. Cuando aterrizamos, besa el suelo. Lo grabo y me río.
—Idiota —me dice y luego me besa delante de todos.
Por supuesto, nos graban y Sayer se sonroja al darse cuenta.
Salimos a por las maletas. Casi todo es de Dalila. No sabía que un niño tuviera tantas cosas. Salimos con todo hacia la terminal y escuchamos el alboroto. Miramos y vemos una pancarta enorme que pone: «Bienvenido, Sayer y familia».
Sayer la mira, temblando. Cientos de personas han venido a recibir a su hija. Él, que creía que la gente le daría de lado o lo miraría diferente, está viendo que, a veces, nuestros peores temores son infundados por un miedo irracional ante lo desconocido.
Sasha sale corriendo, seguido de Amanda, y abraza a su tío.
Amanda los abraza a los dos. La pequeña duerme sin saber la suerte que tiene, pero lo sabrá.
Sayer me mira y me hace señas para que me acerque. Lo hago cuando Ginette llega y nos abraza. Kerr y el resto del equipo se nos acercan. Al final, tienen que pedir más seguridad para poder salir de aquí.
Al llegar a casa, mis padres nos han preparado la cena y arreglado el cuarto de la pequeña.
—No hacía falta —le dice Sayer, al ver todo esto.
—Eres nuestro hijo, ahora. —Mi madre acaricia su mejilla—. Y esta pequeña, nuestra segunda nieta.
Sasha asiente feliz, porque sabe que él es el primero. Miro a mis padres emocionado porque sé que soy así gracias a ellos. Al apoyo que me dieron.
***
—Estoy agotado. —Me tiro en la cama y Sayer me acaricia la mejilla.
—Mañana me toca a mí dormirla. —Decidimos que cada uno dormiría a la pequeña una noche.
Me siento en la cama y lo miro.
—¿Eres feliz? —Aparta el móvil y me mira.
—Mucho. Aunque a veces me da miedo haberte pedido demasiado. Tú querías un novio buenorro…
—Y idiota. —Se ríe.
—Y ahora tienes todo esto.
—Todo esto es más de lo que nunca soñé. Soy muy feliz.
—¿De verdad?
—De verdad. Y no pienso irme a ninguna parte. —Veo el alivio en sus ojos verdes.
—Desde que te conocí, siempre supe que tú ibas a remover todo mi mundo.
—Y tú el mío.
Nos besamos y disfrutamos de este instante de nosotros, mientras la vida gira y nuestro amor cada día se hace más fuerte y real. Sobre todo, real. Porque no se le pueden poner diques al mar, ni a un amor predestinado de dos almas nacidas para encontrarse.